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Diálogos en Wall Street
El experto en mercados internacionales, personificado como Gordon Gekko de la película «Wall Street», considera que Francia e Italia presionarán a Alemania a actuar, pero si la crisis se extiende más allá de la eurozona será Estados Unidos el que intervendrá para evitar otra crisis bancaria.
Gordon Gekko: Los mercados también fueron rápidos para bajarle el pulgar a la Argentina. No se confunda. Sólo que la Argentina fue más hábil para conseguir acceso al financiamiento alternativo. No alcanzó, hoy se sabe, para torcer el rumbo pero, claramente, compró tiempo para ensayar otras líneas de defensa. La bonanza de los commodities, de haber llegado un año antes, la hubiera podido rescatar del colapso.
P.: El blindaje griego no se llegó a desembolsar y el veredicto generalizado, a simple vista, es que ya fracasó.
G.G.: Si Alemania no resuelve, todo queda en el terreno de las promesas. Y está claro, a esta altura, que las promesas de Europa valen poco.
P.: Standard & Poor's ya rebajó la deuda griega al nivel de basura («junk»). En caso de reestructuración, vaticina un recupero de 30 centavos por cada dólar nominal de obligación. Grecia, hoy, paga tasas a dos años más altas que la Argentina o Venezuela. Cuando se pierde así la credibilidad, ¿cómo se vuelve?
G.G.: Se necesita un sostén exógeno. Nadie daba un centavo por los bancos el año pasado; sin embargo, los últimos tres meses lideraron el rally de las Bolsas. Nada es definitivo. Después de todo, ninguno de los países de Europa Central y del Este que atravesaron por severas dificultades en 2008/2009 (Latvia, Ucrania, Hungría, Rumania, etc.) zozobró. Pero será imposible revertir la situación sin un apoyo importante de la Unión Europea como tuvieron sus vecinos (junto con el financiamiento del Fondo Monetario).
P.: Los mercados hunden a Grecia y Europa sólo atina a mirar. Uno diría que su suerte no le incumbe. Pero bien se sabe que no es así. Que lo diga Portugal, el próximo de la lista, que ya siente la soga al cuello. ¿Hasta dónde llegará la inacción?
G.G.: Los mercados ya se pronunciaron. La decisión que resta tomar es política. Me imagino que los ánimos estarán caldeados por demás aunque Merkel conserva la cabeza fría. Es allí dónde hay que mirar.
P.: El dominó no se va a detener ni en Grecia ni en Portugal. Toda la Europa mediterránea está en la picota; lo mismo que Europa Central. Y es fácil trazar otros canales de contagio.
G.G.: Salvando las distancias, es la misma dinámica de la corrida contra los bancos de inversión. Es un proceso secuencial que va tomando a sus víctimas de a una. Está claro que contenerlo requiere levantar una muralla cortafuego, con dinero exógeno. Y, en este caso, Alemania se resiste a abrir el grifo. Mientras tanto, el daño se propagará con facilidad. Grecia ya no tiene respuesta autónoma. Es como el tiro al pichón.
P.: ¿Puede terminar como otro Lehman?
G.G.: Lo dijo el propio ministro de Finanzas alemán. Aunque en comparación con lo que hubiera costado sostener a Lehman -hay que pensar además que aunque se dejó caer a Lehman, hubo que salvar a otros (sólo AIG demandó 180 mil millones de dólares de aportes del Gobierno de los EE.UU.)- lo que se discute aquí todavía es una moneda. Pero la situación es dinámica -es como un viaje en taxi-, a medida que se agrietan otros mercados, la factura sigue aumentando.
P.: Nadie imaginaba que dejarían caer a Lehman. Lo mismo se piensa de Grecia.
G.G.: No hay dudas. Un descalabro no está metido en los precios. La evolución de los mercados corrió por cuerda separada -hasta las propias Bolsas europeas tomaron su inspiración alcista de la dirección de Wall Street y no del desorden de su patio trasero-. Pero todo tiene un límite y el crescendo griego lo está traspasando.
P.: Alemania sabe que si rescata a Grecia, deberá luego atender a los demás países del Mediterráneo, de a uno en fila. Hay una idea que se escucha con insistencia: señala que le resultará más barato abstenerse y volcar esos recursos a amortiguar el impacto sobre los bancos alemanes. ¿Qué piensa?
G.G.: ¿Qué es mejor? ¿Un incendio a la puerta de casa o a tres kilómetros de distancia? Estabilizar Grecia puede costar desembolsos por 90 mil millones de euros en tres años, a repartir entre los miembros de la eurozona (con seniority sobre las demás deudas; recuerde que el FMI en la Argentina cobró hasta el último centavo). Y, quizás, en un par de años, una reestructuración sea posible y deseable. Si Europa recupera la vertical, se podrá intentar en mejores condiciones y sin provocar una conmoción en la región.
P.: A la manera que se auxilió a la Argentina y luego, cuando se desactivó el riesgo de contagio, se permitió que cayera.
G.G.: Tal cual. En contraste, los bancos alemanes tienen una exposición de 520 mil millones de dólares en los PIGS (sin contar Italia). Meta en la coctelera el impacto en los bancos franceses solamente y se dará cuenta, por las conexiones entre sí, que Alemania no puede saber de antemano cuánto le costará el chiste. Como tampoco se pudo anticipar con precisión el impacto de Lehman. Piense en la posición del Banco Central Europeo que concede todo su financiamiento a los bancos del área con garantía de bonos soberanos como los de Grecia y ahora -que ya no son grado de inversión- debería dejar de aceptarlos. O, lo que se hará con cargo a su reputación, inventar un argumento ad hoc al paso. ¿Qué pasará con la banca de los otros países, que uno a uno vayan cayendo presos del descrédito? Es mejor batallar con Grecia que con estos temas de fondo. Pero si Grecia corre el telón, no habrá otro remedio.
P.: No es la primera vez que Europa no puede resolver un problema propio. Que carece de resolución política. Pienso en los Balcanes. Los EE.UU. tuvieron que intervenir.
G.G.: Francia e Italia deberían tomar la lanza y obligar a que Alemania defina un curso de acción. Entiendo que el Banco Central Europeo se sumaría. Si esta crisis se derrama más allá de la eurozona, EE.UU. tomará cartas en el asunto. No se puede permitir el regalo de otra crisis bancaria. Y a diferencia de Lehman, cuando lo que se desmoronaba era toda la estantería (incluyendo Merrill Lynch, AIG, Wa Mu, entre otros), aquí el problema todavía se puede contener, aplicando dos o tres rollos de alambre, y limitándolo a una área específica.
