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Diálogos en Wall Street
Europa estabilizó la situación de la deuda soberana, pero abrió nuevos interrogantes. De ahí los temblores en monedas y acciones. La aplicación unilateral de drásticas medidas de regulación financiera por parte de Alemania es un botón de muestra de los peligros que se corren. Y la crisis europea, como señala el especialista en mercados financieros internacionales Gordon Gekko, por el personaje de la película «Wall Street», ya dejó un impacto duradero como un cambio de portafolios y una disminución del leverage que aún resta procesar.
Gordon Gekko: De acuerdo. Lo importante es que la arteria que amenazaba con desangrar al mundo financiero internacional -la corrida contra las deudas- se obturó.
P.: Sin que el BCE tuviera que concretar adquisiciones masivas.
G.G.: Así es. Sólo Grecia perdió el acceso a los mercados de emisión. Los demás afectados -Portugal, España, Irlanda y sume a Italia- pueden realizar subastas voluntarias y llevar adelante sus programas de financiamiento con tasas más altas que otrora, pero no abusivas.
P.: A España no le fue muy bien con la última colocación de Letras de Tesorería.
G.G.: No, pero se desquitó después con la emisión de bonos a 10 años. Pudo inclusive vender un poco más de lo que pretendía -3.520 millones de euros cuando aspiraba a un rango de 2.500/3.500 millones-, a una tasa del 4,045%. Es una señal alentadora.
P.: Y Grecia ya comenzó a recibir los desembolsos del plan de ayuda conjunto de la Unión Europea y del FMI. O sea que tampoco existe la posibilidad de un incumplimiento inminente, como llegó a temerse.
G.G.: Primero giró los recursos el FMI. Luego lo hizo la Unión Europea. El vencimiento de deuda del día 19 se cubrió sin sobresaltos. Finalmente, el paquete está operativo.
P.: Mientras Grecia satisfaga los severos compromisos de ajuste que asumió. Y Europa no se canse.
G.G.: Hasta que Europa no se canse y piense una solución que crea mejor. Pero no creo que suceda antes de 2011.
P.: Si se logró estabilizar lo más difícil, ¿por qué no se pudo lo menos? ¿Por qué no se detiene la hemorragia del euro y de las acciones?
G.G.: Uno diría que porque hasta allí no llega la esfera de la intervención. Pero es obvio que la crisis acuñó un impacto duradero. Mire la caída vertical del precio del crudo.
P.: Más del 20%...
G.G.: Correcto. Hay un reacomodamiento de portafolios porque la crisis europea obligó a revisar las perspectivas de la recuperación económica.
P.: Las voces catastróficas volvieron a gozar de predicamento.
G.G.: Hay un desencanto con Europa que todavía resta procesar. El comportamiento del euro es el mejor indicador. También retornó el escepticismo sobre la recuperación global. La idea de una posible recaída flota en el aire. De ahí el fuerte giro de las posiciones de renta variable a renta fija. Así, en EE.UU. caen las acciones con brusquedad y repuntan los bonos del Tesoro. Pero, entre la zozobra europea y la que causó el «flash crash» (la abrupta caída de mil puntos del Dow Jones sin motivo descifrable, que luego se corrigió), también se filtró la necesidad de recortar el «pedal» (el leverage o endeudamiento) de las posiciones. Fíjese que la baja del petróleo no es igual para el contrato WTI que cotiza en EE.UU. que para el Brent del Mar del Norte. Y la explicación más satisfactoria apunta para ese lado.
P.: ¿Cuánto influye la política?
G.G.: Yo diría que la crisis no se hubiera instalado sin el vacío que provocó la mala gestión política. Europa está de rodillas, no por su déficit fiscal, sino por el déficit de visión política. Por empezar, el agua no hubiera llegado al río con una mejor comprensión sobre cómo funcionan las finanzas. Tome el caso de Japón: hace quince años que la deuda pública crece sin cesar y jamás afrontaron siquiera un conato de desconfianza. Y ya deben casi dos veces su producto bruto, la población envejece rápido y disminuye año tras año. ¿Quiere falla más ostensible que ésta?: Europa no debe más que sus pares. Son los únicos que se embarcan a viva voz en un ajuste fiscal con metas concretas y cuánto más se empeñan, más se hunden en la zozobra.
P.: Me refiero además a la impresión en boga de que la crisis hizo trizas la cohesión dentro de la Unión Europea. La versión de Sarkozy rompiendo lanzas con Berlín o, viceversa, la venganza de Merkel anunciando, de manera unilateral, la aplicación de medidas drásticas de regulación financiera.
G.G.: Ya se comprobó que navegan todos en el mismo barco. ¿Cuántos timoneles puede haber? El rumbo es uno solo. Es una desgracia que habrá que superar. Hay que entender a Alemania. Merkel estrelló su Gobierno. Tiene que rehacer su coalición. La crisis la arrasó. Tuvo que hacer todo lo que juró que no aprobaría (y lo que rechaza la opinión pública de su país).
P.: Hay que ser comprensivo, pero también evitar que Merkel hunda al mundo. El impacto nocivo que desató la decisión unilateral de prohibir la venta en descubierto de CDS (credit default swaps) es una muestra cabal de los peligros que se corren.
G.G.: Consiguió lo que nadie: gatilló una fuga automática de capital a Suiza. Se habla de una huida instantánea superior a los 9 mil millones de euros. El Banco Nacional de Suiza tuvo que intervenir para frenar la apreciación brusca de su moneda. Lo más curioso es que Merkel prohíbe por su cuenta una operación que es irrelevante en Alemania. Muy pocos CDS se registran en Fráncfort, el mercado que opera en Londres. Empero, el revuelo es generalizado.
P.: ¿Qué sentido tiene prohibir algo que no se realiza en Alemania, sino en otra parte?
G.G.: La razón es obvia. Son necesidades de política interna. El impuesto a la banca es el próximo ítem en la lista. También de manera unilateral.
P.: ¿No es una irresponsabilidad? ¿No se terminará llevando puestos todos los esfuerzos que se han hecho por estabilizar la situación?
G.G.: ¿Causará mucho daño? Pregúntele a Grecia lo que le costó la amansadora.
P.: El temor es que se abra una grieta profunda en cualquier otro frente. No puede decirse que este derrumbe de las acciones en Wall Street sólo refleje preocupación por Europa.
G.G.: Tiene razón. Si el Dow pudo caerse mil puntos sin razón aparente, es una locura agitar las olas. Fíjese cómo rebotó el euro al compás de los rumores de una intervención coordinada. Cuando los mercados pierden la brújula, es importante que desde afuera se les apunte una dirección. La política debería sedar las aguas. Y pienso que eso ocurrirá.
