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Diálogos en Wall Street
Las expectativas no son favorables, los mercados temen un derrumbe, pero las amenazas no se concretan. Para Gordon Gekko, el especialista en mercados internacionales que se escuda bajo el seudónimo del protagonista de la película Wall Street, el enigma de esta agonía puede resolverse cuando se conozcan las cifras de empleo de mayo y ratifiquen la tendencia de generación de puestos de trabajo que ya se avistó en marzo y abril.
Gordon Gekko: Se perdió la batalla de las expectativas. Es una mudanza sutil pero decisiva. Mandan ahora las visiones sombrías.
P.: Ya no sólo en Europa.
G.G.: Desde ya. Hablo de Wall Street.
P.: Pero tampoco hay un crac.
G.G.: Es que los problemas más dañinos que hoy nos afligen, o son figurados, o son de largo plazo. Falta un detonante cabal.
P.: A veces, no se precisa ni siquiera un motivo. Ya lo vimos con el «flash crash», la súbita caída de mil puntos del Dow Jones.
G.G.: La excusa de un error de sistemas sería muy buena si fuese inédita, pero ya se usó. Ya no promete gatillar el mismo efecto sorpresa.
P.: Si el pesimismo es extremo pero no alcanza para sepultar a las Bolsas, valdría aquello de que lo que no mata, fortalece.
G.G.: Seguro. La valuación de las Bolsas es mucho más atractiva que en cualquier momento de los últimos meses.
P.: Siempre y cuando lo que los mercados temen -que la economía haya caído de nuevo en la trampa de una recesión - no se vea convalidado en el tiempo.
G.G.: La aritmética es relativamente sencilla. El mundo podría zafar del brete aun cuando Europa se estancase. Pero, en última instancia, es una lógica circular. Son los propios mercados de capitales los que tienen en sus manos el veredicto. Si se destruyen, no se podrá evitar la recesión.
P.: Europa no termina de soldar sus diferencias. ¿Cómo sostener la unión monetaria si es imposible cerrar el frente de la discordia política? Alemania se cortó sola con las prohibiciones a las ventas en descubierto de acciones financieras y CDS.
G.G.: Ya se dijo, una irresponsabilidad.
P.: Ahora es el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, quien embate contra la premier alemana Angela Merkel por las propuestas de modificar el régimen de estabilidad.
G.G.: En los temas duros -por ejemplo, el paquete de rescate a Grecia o el plan de estabilización europea- se forjó una posición común. Eso es lo que cuenta a la hora de tomarle el pulso a la crisis. No podrá avanzar sin tener que sortear esa oposición. Pero, es verdad, bajo la superficie, y también al ras de suelo, lo que uno encuentra es una tremenda variedad de posturas incompatibles entre sí, que disputan por prevalecer. Hay que entender, sin embargo, el estado de shock. La crisis fue un baldazo de agua fría. Y todavía no se digirieron todas sus implicancias. Europa ya no será la misma, pero no sabe tampoco cómo concebir su nueva identidad.
P.: Alemania propone, en un caso extremo, por si un estado miembro es insolvente, un proceso administrado de bancarrota.
G.G.: A buen entendedor, sobran palabras.
P.: O sea, si Grecia no despeja sus dificultades, más adelante podría ser un candidato forzado a estrenar el procedimiento.
G.G.: El resto de Europa no acompaña. Barroso criticó la posición germana como «ingenua». La razón es obvia, es una cuestión básica de oportunidad. No es bueno mentar la soga en casa del que va a ser ahorcado. Primero hay que resolver el problema actual; después se podrán trazar otras reglas. Si ese proceso se apura en demasía, el riesgo cantado es que la nueva regla no se pueda aplicar.
P.: Mire, Alemania aceptó pagar la factura del salvamento pero, con la misma firmeza, luce dispuesto a fijar una nueva normativa. Mucho más rígida.
G.G.: Es una sobreactuación. Probablemente, para calmar el mercado interno. Piense que Merkel tiene que rearmar su coalición de Gobierno y, para ello, debe arrimarse a las posiciones de la izquierda. Atacar a los especuladores, a los bancos, es una manera de ensayar el giro.
P.: Como sea. La opinión pública quiere escuchar más durezas de ese tipo. No son pocos los que alertan, en el otro extremo del arco, sobre un renacimiento de las posturas de la derecha más cerril.
G.G.: Lo difícil será mantener la cabeza fría. Por eso hay que aceptar que estos cortocircuitos de la política europea no van a cesar pronto. Lo importante es que hay un acuerdo forjado sobre la necesidad de financiar un esquema de estabilización que sirva de barrera de contención a la crisis. Cualquier país que necesite utilizarlo, debería encontrar una vía mucho más expedita que la que halló Grecia.
P.: ¿Cómo entender la debilidad de Wall Street? Normalmente Europa no cuenta a la hora de definir el rumbo. Sin embargo, ya no es así.
G.G.: Wall Street -y las mismas Bolsas europeas- se mantuvieron ajenas lo más que pudieron, pero, a la larga, las alcanzó el contagio. Son preocupaciones comprensibles. Si la banca europea es arrastrada por la corriente, sería insensato pretender que al resto de los mercados no lo afecta.
P.: La caída de la caja española CajaSur, ¿no marca un punto de inflexión en la situación de la banca española? Hasta el presente, España había sorteado la tormenta bancaria con mucho más donaire que cualquiera de sus pares de la región.
G.G.: Es un mal momento para hacer estruendo. Pero una entidad que representa apenas el 0,6% de los activos del sistema, no debería generar grandes efectos. Puede ser utilizada como una excusa, pero aún así no creo que sea muy relevante.
P.: El problema no anida en una sola institución. Todo el sector de cajas regionales está muy expuesto al parate de la construcción en España.
G.G.: Seguro. Tampoco es una novedad. Si me pregunta mi opinión, le diría que el blindaje que se aseguró España me parece suficiente para atender el chubasco. Y no creo que llegue a necesitarlo por este motivo.
P.: Quizás tenga razón y tanto escándalo no tenga justificación. ¿Cuándo cree que podrá cambiar el ánimo en las Bolsas y volver a parecerse a aquél que regía hace poco más de un mes?
G.G.: Esto recién empieza. La estacionalidad no es propicia. Ya lo dice el refrán: venda en mayo y márchese. («sell in May and go away»). Y usted deberá darle respuesta satisfactoria a los legítimos interrogantes que sembró la crisis. Si los mercados resisten y el informe de empleo de mayo, que se conocerá el primer viernes de junio, se alinea con los registros de los dos últimos meses (una creación de más de 570 mil puestos netos de trabajo), allí podrá terciar una reacción importante.

