2 de agosto 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Julio comenzó muy mal, pero Wall Street lo remató con una atropellada vibrante y un avance del 7%. Es temprano, sin embargo, para cantar victoria. O ilusionarse, antes de tiempo, con un rally veraniego. El experto en finanzas que se escuda bajo la imagen de Gordon Gekko abona, en cambio, la idea de un mercado lateral, indeciso por falta de coraje de los inversores y de robustez en la economía. El informe de empleo que se conocerá este viernes podría promover un mayor arrojo si mejora la visibilidad de la recuperación en curso.

Periodista: Julio empezó muy mal y terminó brillante. La Bolsa trepó el 7% después del severo castigo de mayo y junio. ¿Se clausuró el peligro de un mercado «bear» (bajista)? ¿Terminó la fase de corrección? Y, si es así, ¿qué los reemplaza? ¿Un vibrante rally de verano?

Gordon Gekko: Usted conoce mi opinión. Me parece que rige un mercado lateral desde la segunda mitad de mayo. Y, por cierto, el repunte de julio no se lo llevó puesto ni nada parecido.

P.: La semana que pasó lo respetó escrupulosamente. La inercia pujante que la Bolsa traía de arrastre se llamó a sosiego.

G.G.: Tal cual.

P.: Pero no fue una mala actuación. El crecimiento del PBI de los EE.UU. -un avance del 2,4% de abril a junio- resultó menor que lo que se esperaba, a pesar de que se habían recortado los pronósticos. La señal de fondo es buena. La Bolsa es capaz de absorber las malas noticias, falta que arriben mejores indicadores.

G.G.: Falta lo esencial: certidumbre sobre la salud de la recuperación global. El sacudón de mayo se montó sobre las grietas que reveló el proceso en curso. La crisis europea fue el contratiempo más evidente -y demandó tratamiento de urgencia-, pero poco después también EE.UU. acusó su propia debilidad. El consumidor peinó el pedal del freno «pari passu» con el enfriamiento del mercado laboral. No es un inconveniente trivial. Y, por último, también recibimos las constancias de una desaceleración en la marcha de la economía de China.

P.: La ilusión de una recuperación en ve corta quedó definitivamente sepul-tada.

G.G.: Eso pienso.

P.: Sin embargo, una recuperación más moderada estaba dentro de los planes. No es incompatible con una Bolsa en alza. Lo que la hizo descarrilar fue el temor a una doble caída en la recesión. Quizás el gran aporte de julio fue espantar ese temor.

G.G.: No lo discuto. ¿Cuántas veces se nombraba a Grecia en mayo y cuántas se la nombra hoy? Y cuando se escribe de Grecia, ¿quién lo hace en los términos perentorios de un ultimátum?

P.: Se acepta que Atenas será capaz de sobrellevar sus penurias sin la necesidad de incumplir con sus obligaciones mientras Europa así lo desee.

G.G.: Nadie sabe tampoco cuánto durará la buena voluntad de Europa, pero no importa. Salió del radar de las preocupaciones relevantes en el corto plazo. Lo mismo vale para España y Portugal. O para el euro.

P.: El euro logró lo que los otros no. Dio una rotunda vuelta de campana en su cotización.

G.G.: Europa se estabilizó. ¿Cómo lo logró? Haciendo todo lo contrario a lo que predica. Les copió a los EE.UU. hasta las pruebas de estrés bancario.

P.: Lo hizo a su modo.

G.G.: Yo diría que lo hizo peor. Pero obtuvo similares resultados: una descompresión notable. Mostró un gran arsenal de recursos, utilizó apenas una fracción y le alcanzó para poner la crisis bajo control. ¿Corolario? Los mercados que en mayo temieron lo peor quedaron groseramente en «offside». La tesis del «double dip» tenía mucho asidero con una Europa descontrolada. Pero esa puerta se bloqueó. Y, si bien hay señales de desaceleración en todas partes, ni siquiera Europa arroja indicios concretos de recesión.

P.: La economía mundial entró al segundo trimestre con mucha pujanza y lo abandona notoriamente debilitada. No será una recesión, pero hay un bajón.

G.G.: Esta es la quintaesencia del mercado lateral en las Bolsas. Y la explicación de por qué el boom espectacular de los bonos no cesa ni se corrige. La Bolsa recuperó la vertical. Las tasas largas cayeron, pero todavía son inferiores a las que regían en mayo y junio.

P.: ¿Acaso los bonos no se enteraron de que se zafó del «double dip»?

G.G.: Las tasas de dos años son inferiores a las que prevalecían en lo peor de la recesión. Y sus valores mí-nimos datan de la semana que pasó.

P.: Ya la tesis del «double dip» había caído en desgracia.

G.G.: Correcto. Sin embargo, todavía navegamos en zona de riesgo. La economía acusó un golpe y perdió altura de vuelo. ¿Se estrelló? No. ¿Está fuera de peligro? Tampoco. ¿Remonta altitud? Los indicadores que recibimos no lo marcan. No todavía. El «techo» actual no es muy confortable. Que la Bolsa se mueva dentro de un rango de precios, por debajo de los máximos de abril, resulta, por ende, muy razonable.

P.: No hay mucho margen para absorber un nuevo percance, ¿o sí? Otro golpe de aire como el de mayo y junio puede hacer zozobrar la navegación.

G.G.: Seguro. Entiendo que la Bolsa -que planea en los niveles más altos del rango de precios y ya no en sus pisos- no se equivoca: las probabilidades de que se repita un shock similar son más bajas. Pero el riesgo existe. Como sea, la Fed intervendrá. Antes o después. De ahí la firmeza de los bonos, que no aflojan ni siquiera en un mes como julio, en el que la Bolsa trepa el 7%. En rigor, toda la curva de rendimientos, todos los plazos están muy firmes. Lo cual no deja de ser una paradoja: en aras de anticiparse a la Fed, el mercado de bonos le está haciendo el trabajo. Si no hay accidente, aunque rija una capa «inusual de incertidumbre», la Fed podrá observar sin necesidad de entrometerse.

P.: En marzo del año

pasado, cuando las Bolsas tomaron la iniciativa de lanzar un nuevo mercado alcista, que elevó las cotizaciones más del 70%, tampoco existía evidencia de que el mundo estuviese saliendo de la recesión. Llevó otros tres meses zafar de la trampa recesiva y medio año cerciorarse de que efecti-vamente era así. ¿No es la Bolsa, por definición, un faro que ilumina el hori-zonte mucho antes de llegar allí? ¿No habría que esperar que otra vez se adelante?


G.G.: No tengo dudas. Lo hará ni bien su haz de luz penetre en la niebla. Pero todavía es muy espesa. La tesis del mercado laboral descansa sobre dos premisas. No hay visibilidad. Y no sobra coraje para arriesgarse a ciegas. El informe de empleo de los EE.UU. -que se conocerá este viernes- puede estimular el arrojo si mejora la visibilidad. Si el sector privado creó más de cien mil puestos de trabajo en julio le dará un buen talonazo a la suba. Y así veremos hasta dónde se atreve a llegar.