- ámbito
- Edición Impresa
Diálogos en Wall Street
En apariencia, la reunión de la Fed no produjo novedades. Pero el veterano especialista de las finanzas internacionales personificado como Gordon Gekko, de la película «Wall Street», cuya segunda parte se estrena la semana próxima, asegura que ese ente monetario acabó de montar la base de lanzamiento para la próxima oleada de compras de bonos del Tesoro. La persistencia de una inflación famélica, positiva pero muy baja, es el argumento esbozado para actuar. Y espera que la Fed deje pasar la elección de mitad de período, el 2 de noviembre, para ensayar su puesta en práctica exactamente un día después.
Gordon Gekko: En rigor, la abrió un poco más. Para saber cuánto más, lo importante será conocer el tenor del debate. Quizás la propia prensa difunda los detalles íntimos, como ocurrió tras la reunión de agosto. Especialmente, si la discusión interna fue muy enconada y los participantes quieren dejar asentadas sus diferencias.
P.: Si no, habrá que esperar tres semanas, hasta la publicación de las minutas.
G.G.: Tal cual.
P.: Leo una primera reacción, un titular en letra tamaño catástrofe: la Fed se manifiesta preocupada por la deflación. ¿No es un cambio trascendente?
G.G.: No se hace una referencia específica a la deflación. Por eso, la Fed puede preocuparse y, a la par, abstenerse de actuar. Se habla sí de una inflación subyacente que, «de alguna manera», es más baja que la que se podría estimar consistente con el doble mandato de la institución de mantener «el máximo empleo y la estabilidad de precios».
P.: Todo eso no entraría en un título. ¿No es lo mismo?
G.G.: La Fed montó la rampa de lanzamiento para una ampliación de la política de expansión cuantitativa.
P.: Para abocarse a la compra masiva de bonos del Tesoro.
G.G.: Sí. El comunicado expuso el argumento que la justifica. Aunque el gatillo para tomar cartas en el asunto no es, necesariamente, la caída de precios.
P.: ¿Piensa que no hará falta que se produzca una deflación para que la Fed se involucre?
G.G.: Correcto. Dos semanas atrás lo señaló James Bullard, el presidente de la Fed de St. Louis, con mucha claridad: «Defenderemos el piso de nuestro objetivo de inflación y tomaremos una acción agresiva si resulta necesario».
P.: Premonitorio.
G.G.: Es una afirmación alineada con esta promesa novedosa que irrumpe en el comunicado oficial: la de devolver la inflación, a lo largo del tiempo, a niveles compatibles con el mandato dual de la Fed.
P.: Siempre se supo que el doble objetivo que debía cumplir la Fed, cuidar el empleo y la estabilidad de precios, podía llevarlo a un quebradero de cabeza.
G.G.: No es el caso actual. Aquí no hay ningún conflicto entre los dos propósitos. Si la Fed va a intervenir es porque está en déficit en las dos áreas: tiene presiones deflacionarias y un gran desempleo persistente.
P.: ¿Qué umbral tiene que traspasar la inflación para convertirse en el gatillo de una segunda -o mejor dicho tercera- ola de compras de bonos?
G.G.: Si uno se atiene a la letra fría del comunicado, la Fed podría haber hecho hoy mismo el anuncio.
P.: ¿Es tan así?
G.G.: Si la inflación subyacente es más baja que la que permite cumplir con los objetivos de la Fed, como reza el parte oficial, ya se podría haber impulsado una iniciativa para paliar el problema.
P.: Tiene razón. Pero por alguna razón, que en el comunicado no figura, se prefirió dejar las cosas como estaban.
G.G.: Así es. La inflación minorista subyacente está clavada, desde abril, en una lectura del 0,9% anual. Es un registro débil, pero estable. Si quiere usar los dichos de Bullard como orientación para identificar el «timing» de una decisión, allí encontrará una guía útil. «Si comenzara a caer, y descendiera a medio punto, o a cero, crecería la preocupación por una situación a la japonesa», dijo en su momento.
P.: No hay dudas de que Bullard sabía de antemano por qué carril pasaría la discusión.
G.G.: Conoce el paño. No se olvide que es juez y parte.
P.: Me surge una duda. Si la inflación se mantuviese en ese umbral bajo pero estable, la Fed podría permanecer en guardia, expectante, pero sin actuar.
G.G.: Podría, pero sería improbable. Creo que se vería forzada a intervenir. Por eso pienso que es al revés, la Fed nos avisa que reforzará su política salvo que la inflación repunte motu proprio en un plazo no muy extenso.
P.: Las presiones deflacionarias, entonces, no son el único gatillo de su accionar.
G.G.: ¿Qué duda cabe? Las condiciones del mercado laboral son un aguijón importante, aunque se prefiera no nombrarlas específicamente. Si la economía no abandona su estadio de sopor, llevarán a meter baza más pronto que tarde.
P.: ¿Cuándo cree?
G.G.: La próxima reunión. Es un cónclave de doble jornada. Comienza el mismo día de la elección de mitad de período y termina al día siguiente, el 3 de noviembre. Nada podría ser más elegante. Abstenerse de intervenir en el tramo último de la campaña y alejar toda sospecha de parcialidad y recordar, un día después, que hay voluntad de completar las tareas pendientes.
P.: Es curioso. La Bolsa encontró muy alentador el mensaje de la Fed. Como si, en el fondo, no constituyera el reconocimiento de un problema (que, además, en marzo o abril, ya se pensaba superado).
G.G.: Mejor así. Quiere decir que, a pesar del contratiempo, la Bolsa tiene fe en que será solucionado.
P.: Desde la segunda mitad de mayo, la Bolsa opera en un mercado lateral. Y ahora, que la Fed admite que deberá lidiar con las presiones deflacionarias, la Bolsa juguetea con la idea de romper el rango de precios y montar un rally alcista. ¿Basado en qué?
G.G.: Espere antes de cantar victoria. No habrá rally duradero si la economía no levanta la puntería. No alcanzará con la promesa de tasas bajas, más bajas que ahora, si la economía zozobra.

