24 de septiembre 2010 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Double dip en Europa? Las dudas resurgieron a caballo de una fuerte desaceleración del avance de la actividad económica en la eurozona y del retroceso del PBI de Irlanda. El rally de la Bolsa tuvo que tomarse un respiro. El experto en mercados internacionales que se escuda en la figura de Gordon Gekko cree que es temprano para decretar el final del mercado lateral y pensar en abordar nuevas cumbres. Y que será crucial que los datos económicos de EE.UU. despejen interrogantes y las empresas confirmen su capacidad de surfear las dificultades sin dañar su rentabilidad.

Periodista: Parecía que la victoria estaba en el bolso. Daba la impresión de que el rally ya había hecho trizas el «techo» del mercado lateral y se dirigía hacia nuevas alturas.

Gordon Gekko:
No comparto. Para mi gusto todavía luce demasiado verde. Una suba muy de prisa, atrevida, pero sin mucho sustento atrás. Impulsada antes de tiempo. Como quien dice, inmadura.

P.: Como sea, recibimos un baldazo de agua fría. Otra vez el malestar viene de Europa.

G.G.:
No se preocupe por la procedencia. Si busca pretextos, tiene para elegir. A estos precios, después de trepar como una exhalación, es natural marearse. No desmoronarse ya es un gran mérito.

P.: Europa lanzó un poderoso uno-dos al hígado de los mercados, duro de absorber. Costó meses erradicar el temor a una recaída en la recesión, borronear la idea insidiosa del double dip, y resulta que ahora regresa por la puerta principal.

G.G.:
Todavía la actividad transita por un terreno resbaladizo. Y no sólo en EE.UU. Es un problema de todas las economías avanzadas. Es absurdo pretender ignorarlo.

P.: Son dos los avisos que señalan que la debilidad persiste. O se agrava. Se frenó bruscamente el avance del nivel de actividad de la eurozona. Y se derrumbó el PBI irlandés tras un breve interregno de expansión. ¿Cuán delicado es el balance?

G.G.:
Lo suficiente para prestarle atención. No tanto -al menos, no todavía- como para alarmarse.

P.: La crisis de la deuda soberana produjo una notable convulsión en abril y mayo, pero, cuando uno revisa las cuentas nacionales, no se advierte un daño significativo en la eurozona, en lo que fuera su mismo epicentro. ¿Recién ahora caen las fichas y se acusa el golpe?

G.G.:
La economía respondió mejor que lo que uno podía esperar, aun siendo optimista. Así que no debería sorprendernos si ahora se detecta un impacto. Hay elementos en juego, como el ajuste fiscal, que operan in crescendo y que se dejarán sentir todavía más el año próximo. Quizás la novedad sea el frenazo brusco. El informe PMI marca una expansión de la actividad, pero a un ritmo que se desaceleró muy de golpe. De una lectura de 56,2 en agosto se pasó a 53,8 en septiembre. Y esa merma es generalizada, se registra tanto en los servicios como en la industria manufacturera. Enciende una luz amarilla.

P.: Y muchos resquemores. Quizás porque vino acompañada de otra noticia adversa inesperada. Una caída del PBI de Irlanda de una magnitud -1,2%- que no estaba en los planes.

G.G.:
Este comportamiento es lo más parecido a un double dip que hay en plaza. Irlanda levantó cabeza en el primer trimestre (+2,2%) y se hundió de nuevo en el segundo (-1,2%). Los números son revisables, pero el dibujo tiene un perfil muy nítido. Y creíble.

P.: El double dip deja de ser una abstracción. Ya no es sólo una invocación teórica, en Irlanda dice presente. ¿No es un anticipo ominoso?

G.G.:
¿Qué esperaba usted de Irlanda, conociendo sus vicisitudes? Y conste que habrá que confirmar la recaída. Pero, aun considerándola un hecho, lo más llamativo es todo lo que hizo falta para producirla. Si ésos son los requisitos para una doble recesión, si hay que mantener ese nivel de exigencias, no será tan fácil replicarla.

P.: Es un buen punto. No son muchos los países sometidos a la presión tan larga y sostenida que se abatió sobre Dublín.

G.G.:
No hay ningún país que haya mantenido viva la crisis financiera sin haberle dado, a esta altura, una solución y un corte tajante. Los temas que quitaban el sueño en los EE.UU. a principios de 2009, y están clausurados hace más de un año, en Irlanda son la clave de la ebullición.

P.: Se refiere a las desventuras de su banco principal, el Anglo Irish, y a su partición en un banco bueno y otro que cargará con el lastre de sus activos tóxicos.

G.G.:
Me refiero a un asunto mucho más concreto. No está claro quiénes pagarán la factura del desastre.

P.: El Estado, ¿quién otro? De ahí que las autoridades hayan tenido que desmentir toda posibilidad de entrar en un default.

G.G.:
Todavía subsiste la intención de repartir la cuenta con otros jugadores. Como le dije, los temas que afuera están cerrados aquí son relevantes y están pendientes de una definición. El contraste es notable. Mire los precios de las acciones preferidas de los bancos en los EE.UU. Ya nadie piensa que las afectará un sablazo.

P.: Hasta las preferidas de AIG resucitaron. Y lucen cotizaciones muy respetables.

G.G.:
Tal cual. En Irlanda, los tenedores de la deuda subordinada de Anglo Irish están en la picota. No saben qué suerte les reserva el destino.

P.: La deuda subordinada es un activo que tiene preeminencia con respecto a las acciones preferidas.

G.G.:
Así es. Son 2.500 millones de euros que hoy están, literalmente, en el limbo. Tienen una garantía estatal pero que expira a fin de mes. ¿Cómo quedarán en la operación de reflotar al banco? No se sabe. El ministro de Finanzas, como usted dijo, afirmó que era impensable que Irlanda incumpliera sus pagos de deuda pública. Y también que los bancos no pudieran afrontar sus obligaciones de deuda senior. Pero no dio seguridades sobre la deuda subordinada.

P.: El que calla, otorga. ¿Se aceptará un default en esa franja?

G.G.:
Se está buscando bajar la cuenta de la operación de rescate. Me imagino que se prepara un intento de negociación. Es obvio que, hasta que no se resuelva, se erizarán las sensibilidades.

P.: ¿Cree que las Bolsas se tomarán un respiro hasta ver cómo decantan estos temas?

G.G.:
Creo que todavía el mercado lateral tiene recorrido. Pero no alcanzará con Irlanda para frenar la suba. Esta es una excusa de ocasión. Será más importante que el análisis de los datos de la propia economía de los EE.UU. despeje los interrogantes y, sobre todo, corroborar la capacidad de las empresas de surfear las dificultades sin dañar la rentabilidad de sus balances. Y eso demandará algún tiempo.