- ámbito
- Edición Impresa
Diálogos en Wall Street
ä Tiempo de examinar el empleo y los balances. Después del rally de septiembre, ¿tiempo de descanso? Para el veterano especialista en mercados internacionales que se refugia tras la máscara de Gordon Gekko, los mercados no saben estar de brazos cruzados. La Fed los apuntala, pero no hace milagros.
Gordon Gekko: Es un leve tropiezo. No tiene derecho a quejarse. Septiembre fue una tromba.
P.: Comenzó la ronda mensual de indicadores. Y la vigilia por los balances empresariales. ¿Me parece a mí o hay más sensibilidad por los resultados que lo normal?
G.G.: Después de la avalancha alcista de septiembre, se nota la sensación de vértigo. Ya se advirtió la semana pasada. Estaba la mesa servida para que la Bolsa quebrara de manera rotunda el techo del mercado lateral.
P.: Y no lo hizo. Sin que mediaran noticias adversas, sin oposición visible, los índices cerraron con leves bajas.
G.G.: Tal cual. La volatilidad de las acciones sube hoy (por ayer) casi el 8%. Y se ubica ya el 16% por encima de los mínimos de mediados de septiembre.
P.: No es una mera sensación subjetiva.
G.G.: Las acciones treparon entre el 8% y el 12% sólo en septiembre. La fatiga es natural. Un repliegue sería lógico. Máxime si el mercado va a respetar el rango de precios que mantiene desde mayo. Si necesita convalidar el avance con el respaldo de indicadores económicos y balances potables, las próximas dos semanas a contar desde el viernes (con el informe de empleo) proveerán traqueteo y -de seguro- algún que otro barquinazo.
P.: Pero difícilmente cambien la tendencia que instaló septiembre. ¿O me equivoco?
G.G.: Si dependiera exclusivamente de los datos económicos y contables, no sería difícil.
P.: Sabemos que si así fuera, el rally de septiembre hubiese sido un imposible. La carta fuerte ya la jugó la Fed. Es la promesa de retomar la expansión cuantitativa -a través de la compra de bonos de largo plazo- lo que impulsó a los mercados como si no hubiera un mañana.
G.G.: La Fed todavía no la jugó, pero la mostró. Y está en lo cierto, es la razón fundamental de la embestida alcista.
P.: ¿Cómo interpretar el mensaje de Bill Dudley, el presidente de la Fed de Nueva York? Dijo este viernes que el panorama de creación de empleos y de inflación, por lo raquítico, era «inaceptable». Y que la Fed tenía instrumentos para brindar estímulo adicional a «costos no prohibitivos».
G.G.: Más claro, échele agua.
P.: Hay otras voces en la Fed. Sé que no es la única. Pero, ¿no está señalando el rumbo que tomará la política monetaria?
G.G.: Con vehemencia. No tengo dudas. Relea el último comunicado oficial, tras la reunión de la Fed de septiembre, y verá que Dudley le acerca un frondoso manual acerca de cómo debe interpretarlo. Punto por punto.
P.: Bill Dudley da a entender que la decisión de comprar más bonos ya está madura. ¿Qué pensará Bernanke?
G.G.: Si me apura, le diría que lo mismo.
P.: ¿Qué importancia tendrá entonces dedicar octubre a examinar los números del empleo o los balances corporativos cuando sabemos que la Fed acudirá en auxilio el 3 de noviembre?
G.G.: Los mercados no saben estar de brazos cruzados. Son impacientes. Y responden a una diversidad de estímulos. Hoy (por ayer) acusaron el impacto de una caída mayor que la esperada en las órdenes de fabricación. Es la tercera en los últimos cuatro meses.
P.: De acuerdo. Pero son golpes que se asimilan muy rápido. Ya se sabe que la situación de la economía no es digna de elogio. Pero, precisamente, gracias a ello es que la Fed debe involucrarse. Y si los números se deslucen, habrá más certidumbre con respecto a la compra de bonos. La Fed no podrá desentenderse y los mercados saldrían ganando.
G.G.: La Bolsa sube si los indicadores son magros, porque significa que la caballería de la Fed viene al rescate. Y si los indicadores repuntan, y la economía se recompone, la Bolsa también sube, por razones obvias.
P.: No importa que llueva y truene, o que salga el sol, la Bolsa nunca se moja.
G.G.: Para quienes pensaron que la Fed ya no tenía munición en su arsenal, vaya como contraprueba esta inyección inesperada de confianza. Pero la Fed no hace milagros. Puede proveer un bálsamo, distender las condiciones financieras, reinstalar el optimismo. No obstante, su propia credibilidad estará en la picota si los precios de los activos vuelan y, aun así, se arruinan la economía y los negocios. Tarde o temprano habrá que rendir cuentas.
P.: No hay almuerzo gratis.
G.G.: No. Aunque, es verdad, se los puede financiar a plazo.
P.: El lado positivo es que lleva tiempo corroborar el efecto de una nueva ronda de estímulo monetario. No era fácil recuperar la confianza de los mercados financieros, lo admito, pero se logró. Y con ello hay crédito sobre la marcha de la economía. Quiero decir, un margen de tolerancia para afrontar las adversidades próximas.
G.G.: No dé más vueltas. ¿Quiere mi opinión? Podemos afrontar un repliegue de la Bolsa en octubre, máxime si hay contratiempos en el mercado laboral o en los balances de la banca. Recordará que el rally de las acciones comenzó el mismo 1 de septiembre. Y de la mano de las acciones de bancos.
P.: Lo tengo muy presente. Se adelantaron a la difusión de la nueva normativa de capitales mínimos de Basilea III.
G.G.: Esa parte del rally zozobró. Los bancos ahora están en observación.
P.: ¿Algo grave? Se sabe de los problemas de Irlanda. Y que los bancos japoneses cotizan a valores mínimos históricos, más bajos que en los tiempos de la quiebra de Lehman. Pero había mucho entusiasmo con los bancos de los EE.UU. La mayoría cumple, al menos en el papel, con las exigencias de Basilea III. Y faltan ocho años para que entren en vigencia.
G.G.: Es pura incertidumbre, de cara a los balances. Y el paso al costado de las cotizaciones señala que prevalece el temor a alguna sorpresa desagradable. Se sabrá, para el 20 de octubre, cómo superaron el tercer trimestre. Hoy por hoy, ésa es la incógnita más importante. Si se despeja quedará libre el camino a un rally de fin de año mucho más soberbio todavía.

