8 de marzo 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

El petróleo, día a día, dicta el pulso de los mercados. ¿Qué lo hace subir? ¿El daño en los pozos, las ideas políticas de los gobiernos y fuerzas rebeldes en pugna o la mera incertidumbre? De momento, lo que Libia dejó de producir lo aporta Arabia Saudita: ¿por qué el crudo no se anoticia? Para Gordon Gekko, el seudónimo de un viejo conocedor de las finanzas internacionales, lo que más espanta es la dinámica de contagio -un dominó difícil de contener- que anuncia la crisis del mundo árabe.

Periodista: Cada rueda es una pulseada que arranca de cero. Y que se moldea con las noticias del día. Eso sí: la correlación positiva entre las acciones y el petróleo se quebró con la efervescencia del mundo árabe.

Gordon Gekko: El precio del crudo se convirtió en la espada de Damocles.

P.: Se decía que el petróleo que no pudiera aportar Libia lo estaba suministrando Arabia Saudita. ¿Es así? No lo parece porque la cotización no deja de trepar.

G.G.: El problema es más sutil. En definitiva, ¿quién le va a cubrir las espaldas a Arabia Saudita cuando lo alcancen las revueltas?

P.: ¿Quién?

G.G.:
Ese es el problema de fondo. No hay más ruedas de auxilio disponibles.

P.: Pero, mientras tanto, la caída de producción de Libia, ¿tiene reemplazo o no?

G.G.:
Arabia Saudita está produciendo más. Aunque no a los mismos precios. Aramco acaba de reajustar los valores.

P.: Se decía que el petróleo de Libia y el de Arabia Saudita no eran compatibles. El de Arabia Saudita es más pesado, tiene mucho más contenido de azufre.

G.G.:
Es verdad. El crudo adicional que puede suministrar no es un sustituto perfecto del combustible libio.

P.: ¿Cuán grave es esa discrepancia?

G.G.:
Bastante. Las refinerías europeas están preparadas para recibir el petróleo liviano de Trípoli. Las pérdidas de eficiencia son inevitables.

P.: Ya había escasez de gasoil antes de que estallara la rebelión contra Gadafi.

G.G.:
Ahora es peor. Piense que de un barril de petróleo liviano se obtienen unos 80 litros de gasoil. Se estima que el combustible pesado y rico en azufre que aportarán los saudís sólo permitirá extraer unos 30 litros.

P.: ¿A cuánto asciende el recorte de producción en Libia?

G.G.:
Es más de la mitad, seguro. Tal vez, tres cuartas partes del ritmo previo a las trifulcas.

P.: Digamos un millón de barriles...

G.G.:
Entre 800 mil y 1,2 millón.

P.: Se discute mucho acerca de cuál es la capacidad sobrante que controla Arabia Saudita. Si esos 3 o 4 millones de barriles diarios que alega poder suministrar en tiempos perentorios realmente están disponibles.

G.G.:
Todavía estamos lejos de la zona que genera el debate. Y no se olvide que la demanda no es perfectamente inelástica. La suba de precios debería contribuir a moderarla. En los países desarrollados, como EE.UU., en los que el precio del surtidor reacciona rápido, el ajuste se verifica pronto.

P.: Si la crisis política no escala, la disponibilidad de crudo no se verá muy alterada. Aunque sí la oferta de productos derivados. Habrá más naftas y menos gasoil. Si ése fuera el escenario, ¿en qué medida no está ya metido en las cotizaciones?

G.G.:
La realidad es que la brecha de precios entre crudos livianos y pesados -digamos entre el Brent del Mar del Norte y el WTI- no se está ensanchando. Ya era significativa antes de los acontecimientos en el Magreb, vale aclarar, y llegó a estirarse hasta los 15 dólares.

P.: Ahora más bien se ubica en torno de los 10 dólares por barril.

G.G.:
Tal cual. Lo decisivo del encarecimiento, pues, no obedece a la sutileza técnica de cuánta proporción de qué derivados puedo obtener por barril, sino a la duda esencial sobre la capacidad de abastecimiento a los niveles actuales (o levemente más bajos, si en algo cede la demanda). La hipótesis que gana terreno es que la crisis escalará.

P.: Hoy (por ayer) circuló la versión, atribuida a un diario de la región, de que Gadafi había establecido contactos con los rebeldes para encarar una negociación como paso previo a su alejamiento.

G.G.:
No suena creíble, pero en todo caso... ¿cómo saberlo? Lo que sí es comprobable es que el rumor sirvió para descomprimir -en un par de dólares- los precios máximos que alcanzó el barril en la jornada.

P.: Todavía la situación es de ida y vuelta. Si se quiebra el escenario de virtual empate entre Gadafi y los rebeldes, que perfila un horizonte de guerra civil prolongada, el petróleo podría caer en picada. No hay un daño en la infraestructura petrolera que sea irreversible.

G.G.:
Sería un alivio.

P.: Que podría ser muy pronunciado. Lo que más aumentó es la prima de riesgo, no la escasez efectiva.

G.G.:
Seguro. Pero sería transitorio. El trastorno grave no es Libia en sí. Como no lo fue Túnez o Egipto. Es el dominó lo que de veras preocupa. Hay media docena de países que ya están inmersos en la coctelera de las protestas. Y no costará nada completar la docena.

P.: El drama es el contagio.

G.G.:
Este viernes es el Día de la Ira de los shiítas en Arabia Saudita. Lo que haga Gadafi será menos importante si la situación se descontrola. La monarquía ya desplazó tropas y recordó expresamente que el disenso no está autorizado.

P.: Ya ha habido marchas y reclamos.

G.G.:
Pequeñas. No más de cien o doscientos manifestantes, celosamente vigilados por la policía.

P.: Y hay un jeque detenido por pedir que el país migre a una monarquía constitucional.

G.G.:
Correcto.

P.: No será tarea sencilla levantar un muro cortafuegos. Hay demasiadas tensiones contenidas en esas sociedades.

G.G.: Habrá que hacerlo sí o sí. Pero es lógico pensar que no se hará sin traumas. En ese sentido, la epidemia de las revoluciones recién comienza.

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