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Diálogos en Wall Street
Las minutas de la Fed se adueñaron de los corrillos de Wall Street. Y levantaron los ánimos. Paradójicamente, una Fed que volvió a discutir cómo se sale de la política de estímulo fue motivo para volver a creer en el vigor de la recuperación económica. Y, por añadidura, de la Bolsa. El analista de los merca- dos internacionales que vierte sus opiniones como Gordon Gekko explica aquí la maraña de sucesivos pasos que tejerá la Fed antes de subir sus tasas de interés.
Gordon Gekko: Una bocanada que llega en buen momento.
P.: La novedad que trae el informe es que buena parte de la discusión interna en el Comité de Mercado Abierto volvió a canalizarse hacia las estrategias de salida de la política monetaria de estímulo. ¿No es curioso? Una Fed que revisa los caminos alternativos para mudar de postura, ¿no debería generar preocupación en los mercados de riesgo, en vez de proveer aliento?
G.G.: No hay nada que sugiera una modificación de libreto que sea inminente. Diría, ni siquiera medianamente próxima. La lectura que se impone, entiendo, es que la Fed denota confianza en la solidez de la recuperación como para empezar a ver con qué cartas cuenta para jugar la mano que sigue. Pero, sin ningún apuro. Un año atrás, revise cualquier discurso de Bernanke de la época, la temática que barajaba la Fed era exactamente la misma. En pocas palabras: una disección de las herramientas disponibles para absorber la liquidez extraordinaria. Y todavía la labor de drenaje, como usted sabe, permanece en sala de espera.
P.: ¿Cree que las minutas aplacan el temor -muy en boga en estos días- de que la economía se esté desacelerando más de la cuenta?
G.G.: Eso es lo que estamos observando hoy.
P.: ¿Tiene sentido?
G.G.: La noción de que la economía no se está frenando, como sugeriría el derrape de los precios de las materias primas, es muy verosímil. Que uno se aferre como evidencia a las minutas de una reunión realizada a fines de abril no tiene mucho sentido. La prueba no está allí.
P.: Corrió, además, mucha agua bajo el puente.
G.G.: Sí.
P.: Por empezar, la propia retracción de los commodities se produjo después del conciliábulo.
G.G.: Por ejemplo. Ya lo hemos hablado, hay quien ve aquí una señal de debilidad en ciernes de la actividad económica global.
P.: Usted opina que es todo lo contrario.
G.G.: Si uno pensaba que el petróleo era el principal obs-táculo para sostener la expansión, lo que aquí pasó fue que se desplazó la frontera. Creo que con una moderación de los precios de las materias primas lo que se obtiene a cambio es una expansión más sostenible y duradera. Dentro y fuera del G-7.
P.: Con menos temores a que sucumba por efectos del alza de la inflación.
G.G.: La apuesta de la Fed fue diferente de la postura del BCE. El apuro del BCE estaba dado por la necesidad de cortarles el paso a los efectos de segunda vuelta que pudiera generar el alza del petróleo y los demás materiales básicos. Por eso gatilló la primera suba de tasas sin esperar demasiado. La Fed juzgó al shock, desde un primer momento, como un fenómeno temporario.
P.: Los hechos le están dando la razón.
G.G.: Es así. Aunque, en estos temas, el que ríe último es el que ríe mejor.
P.: Si el shock es transitorio, si la suba de precios del petróleo, por caso, es reversible, no hay razones para activar una política monetaria más restrictiva.
G.G.: Tal cual. Diecisiete años atrás, cuando Bernanke no era funcionario, su opinión académica era que los efectos recesivos de un shock petrolero se debían más a la respuesta que provocaba en la política monetaria que al alza de precios del crudo. Digamos que, por lo menos, su visión es consistente.
P.: La variable clave es la estabilidad de las expectativas inflacionarias. Y allí se insinuó una suba.
G.G.: Las expectativas de inflación aumentaron de la mano del relajamiento cuantitativo, el QE2.
P.: Era uno de los objetivos esenciales del QE2.
G.G.: No se olvide que la dinámica en agosto del año pasado era un calco de lo acontecido en Japón en los 90.
P.: Ese problema se corrigió. Pero uno tira de un lado y corre el riesgo de pasarse al otro extremo. De temer una deflación a enfrentar un dolor de cabeza inflacionario.
G.G.: La Fed transmitió con claridad sus planes. Terminará con el QE2, como estaba previsto en su formulación original, en montos y fechas. La compra masiva de bonos concluye en junio y cuando todavía falta un mes y medio, las expectativas de inflación se acomodaron nuevamente en un umbral aceptable. No hay moros en la costa.
P.: ¿Qué decir de toda la discusión interna de la Fed? ¿Cómo ponerla en blanco sobre negro? Sabemos que no se alista una resolución inminente.
G.G.: Ése es el punto más sencillo y también el más importante. La Fed no es el BCE.
P.: De acuerdo. Uno imagina una secuencia de pasos intermedios antes de producir lo que el BCE ya concretó, la primera suba de tasas desde 2008.
G.G.: Después del QE1 y antes del QE2, la Fed tomó una decisión. Reinvertir los cupones de renta y amortización que cobraba por sus bonos de largo plazo de manera de evitar la reducción de su cartera.
P.: Okey. La Fed deja de sumar nuevos bonos a su portafolio en junio. Luego, ¿dejará de reinvertir los flujos de intereses?
G.G.: No en el mismo momento. En principio, la reinversión permanecerá vigente. Si la recuperación económica no se agrieta, ése será el segundo paso.
P.: ¿Con cuánto tiempo de separación?
G.G.: El que se considere oportuno sobre la marcha. En su momento, la reinversión precedió a la ejecución del QE2 en un trimestre. Pero tómelo sólo como una referencia anecdótica.
P.: Y también se acordó que la suba de tasas debe proceder con antelación a la venta de la cartera de los bonos que acumuló la Fed.
G.G.: No hay nada escrito en piedra, pero queda claro que ésa es la preferencia dominante. Había una propuesta de combinar ambas iniciativas en simultáneo, pero, si usted lo piensa, se dará cuenta de que corre el riesgo de agitar el avispero de las tasas largas en demasía. Mejor ir paso a paso.


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