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Diálogos en Wall Street
Las Bolsas recuperaron la sonrisa. Y lo hicieron con poca cosa. Más que por buenas noticias, por el alivio de que no se produjeran otras peores. El veterano economista que responde al seudónimo de Gordon Gekko desbroza en la entrevista la estrecha vinculación entre las tribulaciones que provocó el tsunami de Japón y las ventas de autos en EE.UU. Y confirma que no hay aterrizaje brusco en China. No, de momento.
Gordon Gekko: Darle cabida al realismo es un progreso.
P.: Sube y mucho.
G.G.: Es el mejor día de junio.
P.: Wall Street trepa por las noticias económicas. Pero, si uno escarba, no encontrará muy buenas nuevas.
G.G.: Las ventas minoristas cayeron el 0,2% nominal en mayo y le dieron el puntapié inicial al avance.
P.: ¿Cómo se explica?
G.G.: Se esperaba una caída mayor del 0,3% al 0,5%. Si se deja de lado autos y componentes, las ventas minoristas subieron el 0,3%.
P.: ¿Qué hay de especial con el renglón automotor?
G.G.: El impacto de Japón y los problemas de abastecimiento que originó.
P.: ¿Incide tanto?
G.G.: Pegó en abril cuando la venta de autos y partes declinó el 0,7% y ahora golpeó de lleno: la baja fue del 2,9% en mayo. Es el único sector que si toma los últimos tres meses computados arroja saldo negativo.
P.: ¿Cómo deducir que los inconvenientes que produjo el tsunami del 11 de marzo son los culpables de todo el retroceso? ¿No influyen otros factores? Por ejemplo, la suba de precio de las naftas.
G.G.: Las perturbaciones de oferta que causó Japón fueron el ingrediente dominante. Por lejos. No es difícil corroborarlo: Toyota tuvo que ralear su producción en los EE.UU. en el 70%.
P.: ¿Le faltan piezas que trae de Japón y utiliza en sus plantas de EE.UU.?
G.G.: Así es. No se olvide de que nos regimos por la administración «justo a tiempo». No hay un excedente de stocks muy grande al que echar mano. Pero también le falta disponibilidad de modelos. Los vehículos híbridos que vende en EE.UU. los importa de Japón.
P.: ¿Cuán grave es todo esto?
G.G.: Las ventas de Toyota en mayo se hundieron el 33%. Las de Honda, el 22%, y las de Nissan, el 9%.
P.: Será de carambola, pero qué importa, ¿asistimos a una resurrección de los tres grandes de Detroit? Después del salvataje del Gobierno y por obra y gracia de un capricho de la naturaleza.
G.G.: Es verdad que en mayo las tres primeras compañías en ventas fueron las estadounidenses, y que elevaron su participación conjunta hasta rozar el 50% del mercado, pero es un fenómeno circunstancial. Diría que la reacción ante la falta de algunos modelos que son populares fue la de reducir los incentivos y descuentos para los compradores.
P.: Se habla también de que las cifras que aportó China esta mañana (por ayer) descomprimieron las dudas sobre la salud de su economía. Se temía un zafarrancho con la inflación.
G.G.: El informe de precios minoristas marcó un aumento interanual del 5,5%. Fue un calco de lo que se esperaba.
P.: Pero no fue peor.
G.G.: No y el alivio es evidente. Aunque el banco central no ceja en su tarea. Aprovechó la ocasión para gatillar la novena suba de encajes desde que comenzó su faena de ajustes en octubre pasado.
P.: Los encajes sobre los depósitos ya habían superado el 20%...
G.G.: Se ubicarán, a partir del lunes próximo, en un nivel máximo: el 21,5%.
P.: El banco central no está conforme con los resultados de su política de contención inflacionaria. Si no, ¿cómo se explica?
G.G.: El estilo chino es de prueba y error. Supone siempre muchísimos más pasos que los que tolera la paciencia occidental. La contracara es que así se mitiga el riesgo de roturas imprevistas.
P.: No pocas voces se habían alzado previendo un aterrizaje duro en Pekín.
G.G.: La información que se conoció hoy (por ayer) confirma, a lo sumo, una desaceleración ligera, una tendencia suave, no un choque brusco. Las ventas minoristas fueron levemente inferiores a lo que se esperaba: crecieron el 16,9% interanual y no el 17,1%.
P.: No se va a acabar el mundo por ese traspié. Tampoco imagino que a ese ritmo de ventas se pueda moderar demasiado la inflación.
G.G.: China tiene su parsimonia. Cuando terminó el año pasado, las ventas crecían por encima del 19% nominal. En enero llegaron al 19,9%.
P.: Declinan lentamente y aún así denotan una expansión muy robusta.
G.G.: Eso es lo que se ve. Uno, a la distancia, espera que ello guarde una semejanza con la realidad.
P.: No parece la foto de un desastre inminente.
G.G.: No. El valor agregado de la producción industrial aumentó el 13,3%, en línea con lo estimado. Y la inversión fija urbana fue mucho más vigorosa que lo anticipado. Creció el 25,8% interanual.
P.: Suena como un despliegue sustancial.
G.G.: Lo es. Para rastrear un dato igual hay que remontarse a enero de 2010.
P.: Si la inversión todavía vuela, la suba de tasas está en pañales.
G.G.: En un país normal, sí. En China, pueden operar otros resortes administrativos. Pero está claro que aun pudiendo intervenir otros factores fuera de mercado, no están surtiendo demasiado efecto.
P.: Las noticias quizás no sean tan buenas. Pero se temía algo peor. Y para las Bolsas fue combustible más que suficiente. ¿Se llegará lejos así? Es mejor perder uno a cero que por goleada, pero no es así como se ganan campeonatos.
G.G.: Usted no está para pelear ningún campeonato. Estos meses dése por cumplido con evitar el descenso.


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