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Diálogos en Wall Street
Gordon Gekko: No es tan así.
P.: Se esperaba que la reunión de los ministros de Finanzas en Luxemburgo arrojara como resultado el giro de los fondos que precisa Atenas para cumplir con sus obligaciones. Pero no ocurrió.
G.G.: Todavía no. Surgió otra vuelta de tuerca.
P.: Increíble.
G.G.: A esta altura, debería estar acostumbrado.
P.: ¿Se rebeló Grecia? El problema ahora no son los dueños sino los enanos del circo.
G.G.: No compre los buzones que la política le ofrece con tanta generosidad.
P.: Es difícil no perderse en este laberinto.
G.G.: Eso no significa que nos hayamos alejado de la salida. El dato crucial fue el acuerdo entre los líderes de Alemania y Francia. Allí está la llave que abre el camino. Falta dar un paso para dejar atrás el atolladero -concretar el desembolso efectivo de los recursos prometidos- y, como usted dijo, se postergó.
P.: Se ansiaba un procedimiento expeditivo. Pero no habrá giro si Grecia no otorga garantías de aceptar embarcarse en la senda de una mayor austeridad.
G.G.: Los ministros de Finanzas de la eurozona han dicho que no le darán un cheque en blanco. Lo cual es una declaración lógica y muy conveniente, dado el escozor que el tema genera en todos los electorados nacionales.
P.: No está claro, entonces, que se pueda asistir a Grecia si el Gobierno remozado de Papandréu es derrotado en el Congreso.
G.G.: Aquí talla la política. Donde el profano ve un mazo ordinario y las vicisitudes de un juego de azar, la política puede estar barajando naipes marcados y conocer el resultado de antemano.
P.: A ver si lo entiendo. ¿Piensa que esta demora es un recurso, casi teatral, de la política europea para allegarle los fondos a Grecia y, a la par, mostrar como coartada que no relajó nunca su celo?
G.G.: ¿Cómo saberlo? Pero también, ¿cómo refutarlo? Que Europa no le vaya a hacer un cheque en blanco a Grecia, eso sí, me permito discutirlo. Lo hará otra vez si considera que la alternativa consiste en agotar el resto de la chequera en atender los múltiples focos de incendio que Grecia puede desatar.
P.: La verdad será hija del paso del tiempo. ¿Aguantará la situación hasta julio?
G.G.: Me imagino que los ministros se habrán hecho la pregunta. Estuvieron siete horas reunidos. Tienen que haber examinado la cuestión y llegado a la conclusión de que sí.
P.: ¿Usted qué piensa?
G.G.: Es una incógnita más, otro desgaste innecesario. Toda la disputa, de cabo a rabo, tendría que haber sido manejada fuera de la luz pública. Y la eurozona haber presentado las decisiones ya adoptadas y listas para ejecutarse. Pero ésa no es la manera en que Europa conduce sus asuntos. No critico a Grecia porque la democracia tiene sus procedimientos. No pueden obviarse. Así, mañana (por hoy) Papandréu debería asegurar el voto de confianza a su Gobierno en el Parlamento. Y a fin de mes toca la votación del programa de austeridad. Recién después se habilitaría el giro.
P.: Es mucho tiempo para tener una espada de Damocles sobre la cabeza.
G.G.: No es lo mejor. Entiendo que, en paralelo, los ministros de Finanzas deberán asegurarse la participación «voluntaria» de los acreedores privados en la financiación del segundo paquete de ayuda.
P.: Menuda cuestión. Será un ejercicio de extorsión que no deberá parecer un crimen. Ni un default. Pero que, a la vez, tendrá que reportar recursos suficientes como para calmar a la opinión pública.
G.G.: Admitió Jean-Claude Juncker, el titular del eurogrupo, que se trata de una maniobra «muy complicada». Pero afirmó que, tras las siete horas de reunión, se logró «despejar el camino a una solución».
P.: ¿No dijo cómo?
G.G.: Ya nos enteraremos, antes de que Grecia reciba los fondos. La subordinación de las acreencias actuales a los nuevos bonos que se ofrezcan en canje es la alternativa que preconiza el ministro alemán de Finanzas. Habrá que ver cuál es el recurso para sortear las restricciones (por ejemplo, las cláusulas de pari passu) que usualmente tienden a impedir esta licuación.
P.: ¿Cómo juzgar la reacción de Wall Street? Se sobrepuso a la sorpresa negativa que aportó Grecia. Lo que había hundido a las Bolsas europeas no lo afectó en ningún momento. Volvió a insistir con una suba, a contramano también de las pobres noticias económicas.
G.G.: Si estamos destinados a un mercado lateral hasta que se resuelva la incertidumbre sobre la fortaleza de la recuperación económica global, es muy probable que ya hayamos instalado un piso.
P.: ¿Resistirá un traspié de Grecia?
G.G.: Es un piso tentativo que seguramente habrá que defender más adelante. Uno mira la cotización del euro y le resulta difícil pensar que una debacle griega esté incorporada en el precio. ¿Por qué debería estarlo en el Dow Jones? Lo que se descuenta es que habrá un rescate más tarde o más temprano, ineficaz para corregir los problemas de Grecia, pero útil para evitar una hecatombe.


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