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Diálogos en Wall Street
Si hay una víctima en Wall Street, esta semana, es el pesimismo extremo. Todo lo que podía salir mal, en rigor, salió bastante bien y así el rebote quedó servido en bandeja. Un viejo conocedor de los mercados internacionales, que vuelca sus reflexiones como Gordon Gekko, habla aquí de la suerte cambiante de Grecia y de la economía, y del final anunciado del QE2.
Gordon Gekko: Del escepticismo profundo.
P.: ¿Se arregló el mundo?
G.G.: No. Pero, al menos, queda claro que tampoco se acaba esta semana.
P.: Había mucho en danza con la votación de Grecia. Aunque tengo presente lo que usted dijo: donde el profano ve un mazo ordinario, la política juega con naipes marcados.
G.G.: Nunca es fácil saberlo. Y, en un tema tan delicado, nadie puede pensar que cuenta con garantías firmes de antemano. Había que conseguir la doble aprobación del Parlamento y Papandréu la obtuvo. Esa certeza también cotiza.
P.: No se le pide a Grecia que resuelva sus problemas. Sólo que no se derrumbe justo ahora. ¿Deja de ser un dolor de cabeza? ¿Hasta cuándo?
G.G.: Si Berlín no se opone, tenemos derecho a un cuarto intermedio hasta septiembre.
P.: ¿Cómo saber que Alemania no interpondrá alguna otra objeción de última hora?
G.G.: Hasta que Atenas no reciba los fondos, no podrá estar seguro. Pero el mercado ya tiene las evidencias mínimas que necesitaba. La suba de los activos de riesgo, el mismo repunte del euro, confirma que dio vuelta la página.
P.: ¿No habrá problemas con la agenda pendiente? Me refiero a la exigencia de que los acreedores privados también participen del esfuerzo del rescate.
G.G.: No debiera resolverse ya. De la boca para afuera, se citan progresos. Se dice que la banca alemana también concedió el visto bueno para una refinanciación conversada.
P.: No está claro que el esquema que se baraja -la propuesta que arrimó la banca francesa- pueda ser llevado a la práctica sin generar escozor. Pedir una garantía del fondo de estabilización europea, ¿no es acaso un primer paso para transferirle a Europa el costo de un eventual incumplimiento de Grecia?
G.G.: Son dos temas distintos. La política ya tiene su coartada para liberar el quinto tramo de la asistencia pactada en el programa original. Cómo cerrar el compromiso privado llevará necesariamente más tiempo de discusión. Seguro que provocará cortocircuitos, pero no tiene por qué generarlos en este momento.
P.: ¿El alivio por Grecia explica todo el rebote de las Bolsas? ¿O hay otros elementos involucrados? ¿Influye el final del trimestre?
G.G.: Termina el trimestre y siempre hay un esfuerzo por maquillar la foto final de las carteras. Pero como venía la mano, no parecía muy alentador para las acciones. ¿Quién quería, la semana pasada, posar con un portafolio cargado de acciones bancarias?
P.: Nadie en su sano juicio.
G.G.: Sin embargo, las acciones de bancos hicieron punta.
P.: Que Grecia acceda a los recursos del rescate es una muy buena razón.
G.G.: Sí, sobre todo para los bancos europeos. Pero también ayudaron Bank of America, que cerró un litigio hipotecario importante, y la manera en que se resolvió un tema regulatorio espinoso vinculado a las comisiones por tarjetas de crédito.
P.: ¿Y yendo más allá de los bancos?
G.G.: Que se aplacara el temor por Grecia permitió corroborar lo que ya insinuaban los indicadores económicos la semana pasada. Encuestas regionales de actividad como la de Kansas City o Chicago mostraron hoy (por ayer) un nítido repunte.
P.: Se relativiza la idea de una economía hundiéndose de vuelta en un pantano.
G.G.: Se confirma la tesis de que las fuerzas que propiciaron la debilidad tienen un carácter temporario. Ya sea el impacto adverso de Japón sobre el quehacer industrial o las ventas de vehículos, o la suba del precio de las naftas y los combustibles.
P.: Con el fin del trimestre, también culmina el famoso QE2. La Fed concretó su última compra de bonos del Tesoro.
G.G.: Se limitará, de ahora en más, a comprar solamente para reponer los vencimientos. Pero congelará el tamaño de su cartera de bonos en los actuales 2,6 billones de dólares.
P.: Había mucha expectativa, meses atrás, por esta fecha clave. Y no en el sentido de asistir a un festival de luces de colores. Se pensaba en una transición más sombría.
G.G.: Creo que la Fed lo manejó muy bien. Difundió su estrategia con muchísima antelación. Dejó en claro que no recortaría el volumen previsto de las compras, pero también que no habría prórroga.
P.: Ni un posterior QE3.
G.G.: Correcto. Y Bernanke, en todo momento, aun con el petróleo en alza, siempre dejó traslucir que a la Fed no la corre ningún apuro. Que termine el QE2 no significa que comiencen los preparativos de una suba de tasas. Ese mensaje, creo yo, facilita una transición suave.
P.: Muy distinto es el caso del Banco Central Europeo. Su titular, Jean-Claude Trichet, no titubea ni siquiera por Grecia. Y volvió a «telegrafiar» su intención de elevar las tasas la semana próxima.
G.G.: Lo corrijo. El BCE es el defensor número uno del rescate a Grecia. Lideró la lucha contra cualquier ensayo de refinanciación de deuda que pudiera confundirse con un default.
P.: No es indiferente a Grecia. Está bien. Pero ello no le impedirá volver a subir las tasas el jueves que viene. ¿O me equivoco?
G.G.: Concuerdo con usted. Aunque no podría hacerlo si Europa hubiese librado a Grecia a su suerte.
P.: ¿Retomó su cauce el rally de las acciones? ¿Volvemos a los buenos tiempos después de los idus de mayo?
G.G.: No se apure. Es demasiado temprano. Cruce los dedos para que las cifras de creación de empleo de junio sean medianamente benignas -se conocerán el viernes próximo- y que no suframos nuevos sacudones. Yo no pediría mucho más.


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