5 de julio 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Las noticias vienen de Europa. La propuesta de los bancos franceses y alemanes de canjear la deuda griega por nuevos instrumentos no pasaría el examen de las agencias de crédito. Gordon Gekko, el alias de un veterano fisgón de la economía internacional, examina las consecuencias de una declaración de default en la saga inacabable de Grecia.

Periodista: Wall Street se tomó franco, pero Europa no descansa.

Gordon Gekko:
Desafortunadamente.

P.: La odisea de Yorgos Papandréu rivaliza con las tribulaciones de Ulises. Ahora resulta que el plan de los bancos franceses para canjear deuda privada supondría un «default» soberano conforme el criterio de Standard & Poor´s.

G.G.:
Un «incumplimiento selectivo» por parte de Grecia, según la agencia calificadora.

P.: La propuesta francesa englobaba dos iniciativas distintas. ¿A cuál se refiere?

G.G.:
A ambas. La que procuraba una refinanciación de corto plazo no traía ni siquiera una capa de maquillaje sobre su verdadera naturaleza. Pero fue la versión que recibió más difusión.

P.: El canje por deuda griega a 30 años con el valor nominal garantizado.

G.G.:
Correcto. Allí sí había un esfuerzo por desdibujar los contornos de la transacción. La comparación entre los bonos viejos y los nuevos que se recibirían no es lineal.

P.: Por caso, surgieron las garantías AAA. O sea, el borrador de la oferta sumaba la posibilidad de dejar de ser un acreedor de Grecia (a esta altura, ya muy subordinado frente a las nuevas acreencias oficiales) y acceder a una mejor cobertura del principal.

G.G.:
Tal cual. E incorporó la variante del rendimiento dual de los bonos, con un «warrant» vinculado a la marcha de la economía griega.

P.: Sin embargo, a S&P no le alcanzan esas artimañas para no declarar un impago si es que la operación se decide llevar adelante.

G.G.:
Es un círculo. La propuesta, a su vez, está formulada bajo la condición de que las agencias no la consideren un episodio de default. No se hará si no se aprueba el filtro del rating.

P.: ¿Y entonces?

G.G.:
Habrá que volver al tablero de diseño. No será la última ocasión.

P.: Es una lástima porque ya se habían plegado los bancos alemanes. No sólo los franceses.

G.G.:
Con el dinero, mayoritariamente, de los demás. No se impaciente. Éste es un proceso de prueba y error. Con varios frentes urticantes. No es sólo la opinión de las calificadoras.

P.: ¿Cómo cuáles?

G.G.:
¿Acepta la eurozona aportar las garantías del capital?

P.: Nadie protestó en voz alta.

G.G.:
Le diría que eso vale más que lo que digan las agencias de crédito. Es una contribución que se va a necesitar para mitigar el trauma, sí o sí.

P.: El hilo, sin embargo, se corta por lo más delgado.

G.G.:
Es un hilo del que se puede prescindir.

P.: Sería temerario impulsar un canje de deuda que, de arranque nomás, coloque a Grecia en un default.

G.G.:
Lo ideal es evitar las fricciones. En ese sentido, la propuesta francesa fue un globo de ensayo.

P.: Como para tantear cuáles son los límites de las agencias.

G.G.:
Me parece.

P.: Es un camino que, tarde o temprano, nos llevará a que sean las propias agencias las que definan la propuesta viable.

G.G.:
Eso sería más expeditivo. Y no es una tarea que desconozcan. Cómo hacer con material subprime y de mala calidad, activos grado de inversión fue una de sus líneas de negocios.

P.: Ahora que se perdió la magia, y que todos los ojos están posados en sus actos, no luce una tarea sencilla.

G.G.:
Supongamos que ninguna agencia resuelve el intríngulis a un costo (del nuevo endeudamiento) que Grecia o Europa consideren admisible. Pues bien, el Banco Central Europeo tendrá que revisar sus exigencias.

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