18 de agosto 2011 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Después del cónclave entre Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, ¿la solución de los problemas de la deuda de Europa está más cerca o más lejos que antes? ¿Cuál fue la verdadera agenda? Un veterano analista de la escena internacional, identificado aquí bajo el alias de Gordon Gekko, explica por qué la reunión dejó saldo positivo. No se anunció la creación de los eurobonos, pero sí de la infraestructura que se necesitará para implementarlos.

Periodista: Si había expectativas por la reunión entre los líderes de Alemania y Francia, quedaron en la nada. No hubo anuncio de creación de una deuda europea común.

Gordon Gekko: Me parece que nadie esperaba un avance concreto.

P.: Si repasa los titulares de la prensa, encontrará una referencia repetida a los eurobonos.

G.G.: Como expresión de deseos, sí. Pero nadie arriesgaba la idea de que su irrupción sería el corolario del cónclave. Y el vocero de Angela Merkel había sido muy contundente en contra de la iniciativa.

P.: Conociendo a Europa se sabe que aquí ningún parto se adelanta. La regla es que se extiendan más allá de lo previsto. Pero también es verdad que la crisis, en la última escaramuza, atacó con crudeza a Francia. No es un dato para ignorar. Sarkozy podía estar muy urgido por una respuesta.

G.G.: No se anunciaron los eurobonos pero sí se anunció la infraestructura que permitirá su lanzamiento. En ese sentido, la reunión arrojó una sorpresa. Esas definiciones no estaban contempladas necesariamente en los cálculos previos.

P.: Habla del gobierno económico de la eurozona.

G.G.: Está claro que ese es el punto crucial. Forma parte de una agenda que incluye también la homogeneización del sistema impositivo y de la política fiscal. Son todos temas que hacen a la contrapartida de la emisión de una deuda europea común.

P.: Suponen una cesión de potestades que hoy son nacionales.

G.G.: Uno lo puede pensar como un primer borrador explícito de lo que será el contrato de adhesión.

P.: ¿Y qué papel juega, en ese esquema, el impuesto a las transacciones financieras?

G.G.: Es un accesorio no esencial, totalmente prescindible.

P.: Pero integra el paquete de los anuncios y los eurobonos, no.

G.G.: Quizás esa sea su función: calmar, distraer a las fieras. Permite titular que Merkel y Sarkozy le dijeron no a los eurobonos y sí a la tasa Tobin.

P.: ¿Una cortina de humo?

G.G.: Una cosa tengo claro: los eurobonos saldrán a la luz, la tasa Tobin, quién sabe. Una reunión que despliega la agenda que se anunció -que centraliza la autoridad económica y la fijación de reglas presupuestarias- tiene a los eurobonos como un eje perfectamente natural, no forzado.

P.: Apunta a unificar un régimen de gobernanza para poder administrar así la emisión de una deuda compartida.

G.G.: Es lógico. Y además Merkel y Sarkozy se bastan por sí solos para crear un sistema de eurobonos. Pero no para llevar adelante un impuesto a las transacciones financieras internacionales.

P.: ¿Por qué lo dice?

G.G.: Porque si los bancos que están fuera de la eurozona no están alcanzados por el gravamen, el arbitraje será sustancial. Y no hay motivos para pensar que los gobiernos quieran reducir su sistema financiero a una mínima expresión y exportar la intermediación que hoy realizan a terceros mercados.

P.: La idea de la tasa Tobin, en su formulación original, se explicaba como la intención de echarle una pizca de arena a los engranajes de la especulación vertiginosa. Cuando además uno se siente víctima de esa dinámica, quizás esté dispuesto a darle batalla más allá del terreno de lo aconsejable.

G.G.: No lo discuto.

P.: Sin ir más lejos, la semana pasada asistimos a una avanzada ultrarrápida para prohibir, en distintos mercados de la eurozona, la venta en descubierto de acciones bancarias.

G.G.: Seguro. Pero la tasa Tobin es un colador más grande. Si no la implementa en los principales centros financieros internacionales en simultáneo es totalmente ineficaz. Y evaporar en el país que la aplique ingresos muy importantes. No niego, sin embargo, que la intención exista.

P.: El año pasado fue un tema de mucha discusión.

G.G.: Que abortó por la imposibilidad de conseguir el respaldo que le diera una cobertura universal. Y eso no cambió. No todavía. Y mucho menos, como le decía, lo van a resolver Merkel y Sarkozy. Y por último, si uno revisa la lista actualizada de prioridades, no tenga dudas que no tiene mérito para figurar a la cabeza.

P.: En síntesis, su visión de la reunión no es tan negativa con respecto al futuro de los eurobonos.

G.G.: El rechazo más duro fue el de Steffen Seibert. Y se pronunció antes del encuentro.

P.: ¿Quién es Seibert?

G.G.: El portavoz de la canciller alemana. Y todo lo que dijo en contra fue de algún modo relativizado o desmentido en las declaraciones posteriores. Merkel señaló que la creación de los eurobonos es el último recurso. Y que ella espera que Europa no tenga que depender de «la varita mágica» o de un último recurso.

P.: Al ritmo que vamos, yo encargaría una docena de varitas. Por si fallan. Y lo traería también a Harry Potter.

G.G.: Sarkozy fue el más explícito. Dijo que los eurobonos no podían ser el principio, pero sí el final de un proceso de integración económica. Más claro, agua.

P.: En toda crisis, el tiempo es la variable clave. Y si la reunión trató los temas importantes, aun así, no definió un calendario concreto. Eso explica la decepción que acompañó la difusión de sus conclusiones, pero no explica porqué la respuesta de los mercados -después de una reacción inicial adversa y brusca- fue, a la postre, relativamente calma.

G.G.: Esa explicación es la más sencilla de todas. El Banco Central Europeo, a diferencia de los meses pasados, mantiene su presencia en los mercados secundarios. Ese es el bálsamo que no se ve, pero se siente.

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