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Diálogos en Wall Street
Wall Street tiene el frenesí de una montaña rusa (con muchos menos argumentos). En la entrevista, Gordon Gekko (el personaje que relata las opiniones de un avezado seguidor de los mercados internacionales) desgrana los últimos avatares del menú que inquieta a las Bolsas: la marcha de la actividad económica y las peripecias de los bancos.
Gordon Gekko: Son mercados que le temen hasta a su sombra.
P.: Aun así no terminan de definir un rumbo. Reviven cuando todo está listo para el pelotón de fusilamiento.
G.G.: Se han acomodado para hacerle frente a una economía anoréxica. Así, cuando se conoce un dato de actividad que puede ser malo o muy pobre, pero que no es espantoso, tienden a levantar cabeza.
P.: Después del descalabro que mostró el informe Philly Fed, la economía de los EE.UU. no repitió indicadores tan virulentos.
G.G.: La tónica general es otra. Más emparentada con el crecimiento magro, o si se quiere, el estancamiento, que con una caída vertical de dinamismo. El informe Chicago Fed mostró inclusive una leve mejoría en comparación con los dos meses previos, pero la expansión es mínima y por debajo de la tendencia. El reporte Richmond Fed industrial fue levemente negativo, el de servicios registró un aumento desdeñable. Digamos, como saldo, un empate para el olvido.
P.: Que nada de eso cause daño es una novedad importante. ¿La Bolsa ya se anticipó a las malas noticias?
G.G.: Veremos cuando se difunda el informe de empleo de agosto.
P.: A comienzos del mes próximo.
G.G.: Sí. Recuerde que no hay constancias de un deterioro en el mercado laboral. Eso provee un tácito soporte. De hecho, la creación de empleo privado en julio había sido sensiblemente superior a los magros guarismos de mayo y junio. Y los pedidos de subsidios de desempleo, aun cuando no sean satisfactorios, también corrigieron el incremento de los meses anteriores. Será bueno sopesar qué impacto generó en las decisiones de contratación toda esta turbulencia. Si no es demasiado, se podrá ser más constructivo.
P.: La amenaza de la recesión es todavía un interrogante sin respuesta convincente.
G.G.: Seguro. No es un hecho cierto. Pero ya se produjo un reacomodamiento defensivo de los portafolios. Estamos sobre aviso. Con precios de las acciones sensiblemente más bajos que un mes atrás, hay una pulseada en curso. Después de todo, el Dow Jones, aun en los momentos más oscuros, no buscó perforar los pisos del mercado alcista.
P.: Todavía no compró el escenario de una recesión.
G.G.: Por alguna razón, todavía no lo hizo. Créame que, dada la fragilidad emocional vigente, no hubiera costado mucho.
P.: La suerte de la actividad económica no es el único tema que le quita el sueño a la Bolsa. Resurgió la sensibilidad por la salud de los bancos.
G.G.: Así es. Lamentablemente.
P.: Comenzó como una inquietud por los bancos europeos. Con eje en la banca francesa y los problemas de la deuda soberana de la eurozona. Pero cruzó el Atlántico con facilidad. El Bank of America ha sido la víctima más reciente. ¿Cuán fundamentado está el escozor?
G.G.: Son argumentos distintos, pero ya sabemos que el sistema financiero internacional está bien interconectado. Así que no importa tanto si los disparos son a diestra o siniestra, importa lo nutrido de la balacera. Y lo segundo es que el daño se puede producir igual, haya o no, una buena fundamentación. Es un renglón delicado.
P.: La prohibición de vender acciones bancarias en descubierto -que tomaron varios países europeos- no fue suficiente para desmontar el ataque.
G.G.: No. Fue una aspirina que calmó la fiebre una semana.
P.: La preocupación tiene raíces más profundas.
G.G.: El problema de la deuda siempre es una moneda de dos caras. Deudores y acreedores participan por igual. Y los bancos europeos son los acreedores de la deuda que está en la picota. En la medida en que Europa no detenga el contagio de su endeudamiento, el tema permanecerá latente. No se olvide que los países de la eurozona -a diferencia de EE.UU. y Gran Bretaña- no capitalizaron agresivamente a sus bancos. Y además del mayor apalancamiento, su estructura de fondeo es más vulnerable.
P.: El BCE, las dos últimas semanas, ha tenido éxito en cortar la espiral ascendente de los rendimientos de los bonos de Italia y España.
G.G.: Los bajó a menos del 5% a diez años. Sacó esa zozobra de la primera plana. Pero es una solución temporaria. Y los Gobiernos tampoco se apuran en tornar operativa una solución de más largo plazo.
P.: A través de la Facilidad Europea de Estabilidad Financiera (FEEF).
G.G.: Correcto. Una salida creíble requerirá dotar al fondo de mayores recursos. Lo cual tampoco se resuelve. Y, a mi juicio, dado que la deuda francesa también perdió su estatus «intocable», no se podrá prescindir del BCE. Usted necesitará ambos instrumentos. La FEEF debería encargarse de capitalizar a la banca.
P.: Las peripecias del Bank of America, en principio, poco tienen que ver con Europa. Pero sus efectos nocivos han sido igualmente pasmosos.
G.G.: Aquí se llegó más rápido a la exageración. Hubo quien afirmó que el banco necesitaría una inyección de capital de 200 mil millones de dólares, lo cual tiene todos los visos de un disparate.
P.: Pero hubo quien también lo creyó. Los contratos CDS (que protegen de un default de la deuda del banco) cotizaron a valores mayores que en 2008.
G.G.: Correcto. Señal de que el miedo puede propagarse muy fácil. El valor de libros del banco es de 220 mil millones de dólares. A los precios actuales cotiza al 32%. ¿No es un colchón suficiente? No estamos en 2008 cuando la crisis arribó por sorpresa. Es obvio que puede haber fallas en los reguladores, pero no por semejante margen, cuando el banco, desde que recibió la asistencia del plan TARP, tiene que haber permanecido ostensiblemente bajo la lupa. Unos meses atrás se especulaba con que iba a aumentar el dividendo, ahora nos pasamos al otro extremo. De pura boquilla, nomás. Me parece más sensata la postura de JP Morgan: quizás haya que integrar más capital (12/25 mil millones de dólares), y aun así, a estos precios, cabe mejorar la visión sobre la compañía.


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