27 de febrero 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Grecia va al default. Pero el rally de las Bolsas ya no pierde el sueño por las desventuras de Atenas. Es la opinión de Gordon Gekko, el seudónimo del veterano experto de Wall Street, vertida en un alto de un largo periplo por Europa. La jugada es audaz pero el temor al default cedió ante el éxito del BCE con los pases a tres años (que volverán a ofrecerse esta semana; no casualmente, antes de definir la suerte de la deuda de Grecia).



Periodista: La discusión a fin del año pasado era qué pesaría más, si el positivo efecto del calendario o el tironeo bajista de la crisis europea. Y usted tuvo razón: el rally estacional prevaleció. Wall Street trepa más del 8% en lo que va de 2012. Se las arregló con creces para marcar nuevos récords post Lehman. ¿Hay cuerda para que prosiga el ascenso?

Gordon Gekko: Más de lo que usted se imagina.

P.: El mercado luce pasado de revoluciones.

G.G.: Necesita tomarse un respiro. Eso no lo discuto. Pero el impulso favorable no se detendrá.

P.: Subirá más de lo que sería sensato.

G.G.: No cuesta nada corregir después, de un solo golpe, lo que se perciba como un exceso.

P.: Usted comentó que Grecia, esta vez, iría camino al default. Sé que realiza un largo periplo por Europa. ¿Mantiene la opinión después de haber indagado in situ?

G.G.: No hace falta pisar Atenas (ni Berlín) para darse cuenta.

P.: Después de mucho bregar Grecia acaba de lanzar oficialmente la oferta de canje de su deuda con los acreedores privados. ¿No cree que la operación de intercambio de papeles podrá evitar la situación de incumplimiento?

G.G.: No.

P.: ¿Es así de contundente? Los mercados deben pensar distinto. El anuncio catapultó al euro por encima de 1,34 dólares. Los inversores no parecen temer una catástrofe.

G.G.: Son dos cosas diferentes. Los mercados no afirman que no habrá impago. Sólo que ahora favorecen la idea de que el default, si ocurre, no desatará el infierno que antes se temía.

P.: Es un giro copernicano.

G.G.: No se sorprenda. Europa giró primero. Se convenció, tras el éxito de los pases del BCE, de que llegó el momento de jalar el gatillo. Aquí la clave es haber frenado la corrida contra la deuda de la eurozona y haberle devuelto la liquidez a los bancos. Sin ese respaldo no se podría avanzar en la opción quirúrgica. Se moriría en el intento.

P.: Es Europa la que quiere el default.

G.G.: Esa es la tesis original. Se la recuerdo: el que no acepte la oferta que tendió Atenas, el que se quede fuera del canje, no cobrará.

P.: Es una tesis interesante. Pero, ¿qué evidencia concreta la soporta? Sabemos que la negociación con los acreedores es un juego de póker.

G.G.: Hasta no ver todas las cartas sobre la mesa, es su palabra contra la mía. Pero la posición de los acreedores privados se ha debilitado ya enormemente. Que Grecia esté a un paso de no pagar y que los mercados de activos de riesgo claven nuevos récords, que el euro repunte (como si el default anticipara un alivio y no una catástrofe) es lo que le permite a Europa, esta vez, jugar fuerte. Lo que frenaba el default era el temor a un nuevo momento Lehman. Errado o no, ese miedo ya no existe.

P.: Tampoco rige la pavura a que se gatillen los contratos de CDS que protegían a la deuda griega de la eventualidad de un incumplimiento.

G.G.: Es que la posición neta se compensó en su mayor parte. Lo pendiente es apenas un residuo. Debería ser manejable.

P.: Vamos entonces a un default como Dios manda, bajo la definición de las agencias calificadoras y también para el criterio de la ISDA, la organización que regula los CDS.

G.G.: A menos que el 98% de los acreedores privados acepte la quita draconiana propuesta. En ese caso, sí, Europa debería priorizar una solución elegante que no interrumpa los pagos.

P.: Es inimaginable que no haya «holdouts».

G.G.: Eso pienso. Si usted tiene una posición cubierta con un contrato CDS no debería entrar al canje sino limitarse a cobrar el seguro. Y si es titular de deuda no emitida bajo la ley griega (aprox. un 6% del universo involucrado) probablemente tampoco tenga intención de hacerlo. No será posible modificar esos bonos y aplicarles cláusulas de acción colectiva (que es lo que se hará con la deuda doméstica). Así planteado, el default luce inexorable.

P.: Aun si uno compra la idea del default de Grecia, cuesta adquirir el «combo». Que, a la par, el rally de las Bolsas seguirá su curso como si fuera harina de otro costal.

G.G.: Cuesta más apostar por la fortaleza del euro, y ahí la tiene, es una irrupción tan reciente como innegable.

P.: Un impago soberano en el seno de la Unión Europea supone un salto a lo desconocido.

G.G.: ¿Europa podría haber preparado mejor el terreno? Sí. No quiso o no lo supo hacer. El bendito muro cortafuegos no existe. Y lo que sí existe no tiene reglas operativas claras.

P.: Difícil de creer.

G.G.: Lo creyó el BCE que pari passu lanzó los pases a tres años que fueron los que contuvieron la corrida. Y no es casual que esta semana, antes de que haya que definir el sino de Grecia, toque la segunda subasta de asistencia. La suerte del «combo» -la continuidad del rally pese al incumplimiento de la deuda griega- dependerá crucialmente del colchón de liquidez preventivo que tome la banca europea. No se olvide que las promesas de capitalización solo avanzan a paso de caracol.

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