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Diálogos en Wall Street
Periodista: Las Bolsas europeas vuelven a caer (el 0,5% medidas a través del EuroStoxx 60), pero el IBEX de Madrid repunta casi el 3%. Las acciones de los principales bancos españoles -Santander y BBVA- se disparan más del 5%. ¿Cómo se entiende? ¿Qué puede ser tan bueno para España y que, a esta altura de la crisis, no le guste, no le provoque alivio, al resto de los europeos?
Gordon Gekko: No pretenda leer demasiado de las fluctuaciones del día a día. España se esperanza con la posibilidad de que sus bancos puedan acceder directamente a los recursos del muro cortafuegos.
P.: Sin que el país tenga primero que solicitar un paquete de rescate.
G.G.: Tal cual.
P.: Es la propuesta que formuló en abril el FMI.
G.G.: La misma. Y que luego suscribió también la OCDE.
P.: Y el presidente francés, Hollande, y medio mundo. ¿Alemania dijo que sí?
G.G.: No. No, todavía.
P.: ¿Y entonces?
G.G.: La Unión Europea se oponía. Cuando tratamos el tema por primera vez, teníamos la negativa rotunda de Oli Rehn, el comisario de asuntos económicos.
P.: Lo recuerdo. Decía que los tratados no permitían volcar esos recursos de manera directa a la banca, que sí o sí los tenía que recibir el país.
G.G.: La semana pasada, Oli Rehn seguía repitiendo ese discurso. Pero hoy (por ayer) saltó de bando.
P.: ¿Ahora los tratados lo permiten?
G.G.: Reconoce que habrá que producir cambios normativos. Pero ya no lo considera un impedimento insalvable, y se pronunció a favor.
P.: Quiere decir que Bruselas apoya.
G.G.: No cabe duda ya. Barroso, Rehn, Van Rompuy. La Comisión y el Consejo Europeo.
P.: Pero el poder efectivo reside en Berlín. Y lo que uno lee es que el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schauble, lo presionó a su par español para que se apure a pedir el salvataje.
G.G.: Por eso las Bolsas están mezcladas.
P.: La Bolsa de Madrid se entusiasma con el vaso a medio llenar.
G.G.: Es que hasta hace poco estaba vacío.
P.: España es el cuarto país que pulsea con Berlín para lograr una vía de escape que no pase por instalar la tutela de la «troika» (la Unión Europea, el BCE y el FMI) a domicilio. ¿Cómo no pensar que la historia terminará igual que en los tres capítulos precedentes?
G.G.: La mejor carta que tiene España es el pobre resultado de sus antecesores en el potro de tormentos. Ojalá Irlanda hubiera tenido la alternativa de contar con el muro cortafuegos. Entonces no estaba disponible. Hoy sí. Y España hará jugar la diferencia de tamaño: sume a Grecia, Irlanda y Portugal y apenas hacen media España. Piense que una cosa es recapitalizar la banca española, y otra muy distinta es montar un paquete de rescate para el país.
P.: Son dos escalas de operación muy diferentes, ¿no?
G.G.: Emilio Botín, el mandamás del Banco Santander, estima que se necesitarían 40 mil millones de euros para lo primero. Un salvataje de España, de movida nomás, para ser creíble, tendría que ser 9 o 10 veces mayor. ¿Cómo asegurarse, además, que los mercados después de tachar a España no le apunten el lápiz a Italia? Es la ruta obvia del contagio.
P.: Hoy escuchaba al economista jefe de HSBC diciendo que Europa actuará cuando la presión llegue a Francia. Bajo esa óptica, España no resultaría tan grande como para forzar la adopción de una estrategia que procure «una solución duradera».
G.G.: Los incentivos para dar con la tecla ya están activados. Diría que no por mérito de España. La rebeldía de Grecia, un país que es apenas el 2% de la eurozona, fue lo que encendió la luz de alerta. Si el nuevo Gobierno de Atenas no le atiende el teléfono a Bruselas, sí o sí, Europa deberá actuar. Es un asunto muy serio. Lo que hundió al Titanic fue una rajadura relativamente pequeña.
P.: Las últimas encuestas han revivido las esperanzas de que haya una solución razonable.
G.G.: Mire, mañana (por hoy), los ministros de finanzas y banqueros centrales del G-7 mantendrán un cónclave de emergencia. No se van a reunir físicamente. No hay tiempo para eso.
P.: No es un hecho muy común.
G.G.: Es que los problemas de Europa no quedan contenidos en el continente. Se desbordan. Las últimas noticias no son buenas. Surgen señales de parálisis en todo el mundo. Europa no puede alegar que como todavía el agua no llegó a Francia, no hará nada por atender la cuestión. Yo diría que España cuenta con esa preocupación internacional como un elemento poderoso a su favor. Y la está fogoneando. La semana pasada la vicepresidenta Saénz de Santamaría se reunió con Tim Geithner, el secretario del Tesoro de EE.UU. Uno de los temas: la recapitalización directa de la banca española. Oh, casualidad. Y Geithner, que hizo el trabajo sucio en su país, también está de acuerdo.
P.: Es Alemania contra el mundo. Otra vez.
G.G.: Ni siquiera. La socialdemocracia alemana está tendiendo puentes con el mundo. Y eso le debería facilitar a la canciller Angela Merkel el tránsito hacia una posición más flexible.
P.: Usted había dicho que no es la Alemania con la tozudez de antaño. Pero aun así no da el brazo a torcer.
G.G.: La Comisión Europea le concedió a España un año más para llegar al déficit fiscal del 3% del PBI debi-
do al escenario de recesión. Alemania no objetó. Es un cambio (que, eso sí, arriba tres meses tarde). Angela Merkel, hoy (por ayer), avaló la propuesta de una supervisión bancaria europea «a mediano plazo». No fue al choque contra la idea de forjar una unión bancaria. Es un gesto importante. Lo mismo que los guiños de Berlín hacia la propuesta de eurobonos del Consejo de los Hombres Sabios.
P.: El proyecto de constituir un fondo de redención de deuda soberana para aquella porción que exceda el 60% del PBI.
G.G.: Tal cual. Lo que antes era tabú ahora es un tema que, si no se acepta, al menos está en proceso de discusión y rediseño para tornarlo potable. No en vano llevamos dos años de crisis. Las ideas básicas están, el fracaso de la estrategia original está también acreditado, y ahora se suma el temor al abismo, lo que debería suavizar las objeciones.


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