18 de julio 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Qué conclusiones arroja la visita de Ben Bernanke, el mandamás de la Fed, al Senado? La economía está más débil y la Fed ya tomó nota. Pero, aun así, las chances del QE3 lucen distantes. Tal la opinión de Gordon Gekko, el seudónimo de un veterano economista internacional, quien desgrana sus impresiones en la entrevista.

Periodista: Pasó Ben Bernanke por el Senado. Habló de todo, pero no prometió nada. Menos que menos el premio mayor: la compra de bonos largos a través del QE3.

Gordon Gekko:
Prometió actuar cuando fuera necesario.

P.: La economía se debilita con gran rapidez. La impresión que dieron las palabras de Bernanke es que a la Fed no la persigue la misma prisa. El banco central bajo su comando prefiere ver y esperar.

G.G.:
Así es.

P.: Sin embargo, los mercados no lucieron muy ansiosos. Igual sacaron provecho de su presentación. Subieron y cortaron la mala racha, aunque el alza se destiñó sobre el final de la rueda.

G.G.:
Cada uno escucha lo que quiere oír. Bernanke no pronunció ninguna novedad. Nada que la Fed no haya dicho ya. Sin embargo, a la Bolsa le gustó la descripción sombría de la actualidad.

P.: Es una ironía.

G.G.:
Rige aquello de que no hay mal que por bien no venga. La acotación de que la mejoría del mercado laboral es «frustrantemente» lenta forma parte de esa misma lectura paradójica.

P.: Cuanto peor, mejor.

G.G.:
Es lo que uno interpreta. Bernanke no anunció ninguna medida inminente, pero se puede inferir que el sesgo de la Fed, su proclividad a la acción, aumentan. Y eso les gustó a las acciones. Ahora bien, me pregunto: ¿por qué diablos, a la par, la cotización del dólar no bajó contra las demás monedas?

P.: Su primera reacción fue trepar. Eso es difícil de conciliar.

G.G.:
Las acciones suben porque el vaso está medio lleno. Y, a su vez, el dólar lo hace porque está medio vacío. Porque Bernanke, después de todo, se limitó a citar la debilidad de la coyuntura. Porque no puso el énfasis en la urgencia por remediarla.

P.: Pudo alentar la idea de que nos acercamos al QE3 y no lo hizo.

G.G.:
Tal cual. La presidenta de la Fed de Cleveland, Sandra Pianalto, hoy mismo (por ayer) también le pasó revista a la marcha de la economía. Pero no sólo rebajó sus proyecciones, además dio a entender que milita del lado de quienes aprobarían tomar medidas pronto.

P.: No es la única.

G.G.:
Otros tres presidentes de distrito, Evans, Rosengren, Williams han tomado igual partido la semana pasada.

P.: En cambio, Bernanke no fue tan lejos.

G.G.:
Esa es la información importante. Bernanke vino, habló y, en lo esencial, no alteró el mensaje que ya conocíamos de la Fed. Aunque no hay dudas de que el vuelo de la economía pierde altura. EE.UU. estará creciendo al 1% no mucho más. Es muy vulnerable a un accidente.

P.: ¿Cree que mañana (por hoy) cuando visite la Cámara de Diputados pueden surgir novedades?

G.G.:
No lo creo.

P.: ¿Es difícil pensar que la Fed pueda cambiar de opinión en la próxima reunión?

G.G.:
Si la reunión fuese mañana, el banco central no tocaría nada. Bernanke fue muy explícito al identificar cuáles son los principales riesgos.

P.: La crisis europea y el llamado «precipicio fiscal» en los EE.UU.

G.G.:
Ninguno de los dos se arregla por el mero hecho de que la Fed se embarque en el QE3. Recuerdo a Bernanke hablando en Jackson Hole el año pasado. Allí dijo que muchos de los problemas en danza, simplemente, no pertenecían «a la provincia de la política monetaria». Conviene tenerlo presente.

P.: Sin embargo, si los problemas se salen de cauce, la Fed tendrá que intervenir.

G.G.:
Ese el mensaje. Y lo hará. La Fed está lista para saltar al ruedo en caso de necesidad, pero por eso mismo preserva la munición. Si EE.UU., por ejemplo, reedita a fin de año una disputa fiscal feroz y sin salida.

P.: Como la que aconteció en 2011 con motivo del techo de la deuda.

G.G.:
Si se repite la situación y se gatillan -de manera automática- las reducciones de gastos y los aumentos de impuestos ya estipulados, la Fed vaticina una recesión tenue el año próximo. Es fácil imaginar que, en paralelo, la tensión en los mercados financieros provocará una descarga de alto voltaje.

P.: La Fed tendrá que actuar.

G.G.:
Claro. En ese momento, no ahora. ¿Se puede prevenir el conflicto? Escapa a las posibilidades de la Fed. Una política monetaria más laxa hoy no puede reemplazar la necesidad de que haya un acuerdo razonable entre demócratas y republicanos. Sabemos, pues, que la incertidumbre irá creciendo. Nadie se sentará a conversar hasta después de las elecciones de noviembre. Es poco lo que la Fed puede hacer al respecto, más allá de restregar el tema y señalarles a sus actores y a la población cuál es su importancia.

P.: En ese sentido, no hay mucho que la Fed pueda hacer por Europa.

G.G.:
Lo que Europa necesitó, la Fed lo proveyó en su momento.

P.: Los swaps cambiarios.

G.G.:
Correcto. La inversa no es cierta. Lo que la Fed necesita (uno diría, lo que el mundo precisa), Europa no está dispuesta a conceder. Bernanke lo reconoce: por la complejidad de los asuntos involucrados y de su propia política, Europa no puede darles una solución rápida y eficaz a sus enredos. Habrá que convivir con ellos. Y si se complican en demasía, y el mundo otra vez se convierte en río revuelto, allí la Fed tendrá que jugar sus cartas. Llámese QE3 o lo que sea.

P.: La conclusión es que no avizora el QE3 pronto.

G.G.:
Sigo pensando que no está en las gateras. Entre otros motivos, por la cercanía de las elecciones presidenciales. El arma que la Fed sí puede desenfundar sin erizar la sensibilidad de los políticos es la comunicación. Y es lo que se usará si la economía no repunta en un horizonte breve.

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