9 de agosto 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

¿Se queda sin bríos la suba de las Bolsas? ¿Qué le espera por delante? ¿Hasta dónde se puede escalar sobre la base de promesas, y cuándo se necesitará que se concreten las definiciones? Con un veterano especialista en estas lides, como siempre escondido tras la máscara de Gordon Gekko, analizamos las últimas novedades de los mercados internacionales.

Periodista: El rally de los activos de riesgo arrancó a todo vapor con el verbo encendido de Mario Draghi, el titular del BCE. ¿Me equivoco, o se está quedando sin brasas?

Gordon Gekko: Es natural. Cumplió su papel con creces.

P.: Y ahora comienza a notarse que le cuesta cada vez más abrirse paso.

G.G.: Fue un rally de alivio. Y el alivio ya está metido en los precios.

P.: Convengamos que tampoco es fácil voltearlo. Se intenta, pero aún no se consigue que corrija.

G.G.: Cabecea.

P.: ¿Es una pausa para retomar fuerzas y luego escalar más alto? ¿O piensa que hasta acá llegó la embestida?

G.G.: Es un ascenso rápido, vigoroso, pero sin volumen.

P.: Sospechoso.

G.G.: Lo más creíble es la necesidad de cubrir las posiciones vendidas. Pero eso es más bien urgente. A medida que pasa el tiempo, y sobre todo si el mercado trepa mucho y muy rápido, para que el avance no se quede sin gas, usted necesita sumar algún otro argumento.

P.: Y no se produjo.

G.G.: Puede surgir más adelante.

P.: El rally se adelantó a sus propios fundamentos.

G.G.: Suele ser así. Usted tenía a España cuesta abajo y al borde del abismo. Draghi entró en escena y prometió habilitar una baranda, un guard rail. Ésa es la esencia de la reacción al alza.

P.: Pero el BCE no la va a instalar si antes España no completa el formulario del rescate.

G.G.: Correcto. Un buen argumento para remachar la suba sería que Rajoy, el presidente español, nos confirme que está dispuesto a tomar esa decisión.

P.: Rajoy el jueves afirmó que no, y el viernes dijo que antes de pronunciarse necesitaba conocer qué medidas concretas tomará el BCE.

G.G.: Como ve, hay un acercamiento. Ya no se agita el rechazo frontal. Y hoy (por ayer) circula un cable de agencia que señala que España no suscribirá el «rescate blando» si conlleva nuevas exigencias de ajuste.

P.: Perdone mi ignorancia. ¿Qué es el «rescate blando»?

G.G.: El combo que propuso Draghi. El rescate de siempre más la promesa de intervención del BCE estabilizando las tasas de corto plazo.

P.: ¿Y usted cree que no involucrará más condicionalidad? No suena lógico. Después, de todo el BCE estará tomando un mayor compromiso.

G.G.: Más aún si el BCE revisa, como anticipó Draghi, su estatus de acreedor privilegiado.

P.: El rally de las Bolsas mira por el rabo del ojo lo que sucede con España. Quizás Rajoy quiera dilatar una respuesta. Si los mercados suben con la mera promesa de Draghi, tal vez él pueda zafar sin necesidad de tocar el timbre del fondo de rescate.

G.G.: Si el mercado no aprieta, Rajoy no tendrá mucho apuro.

P.: Bastará con que el malhumor levante de nuevo polvareda para volver a las andadas.

G.G.: España sigue al borde del abismo. Lo único que cambió, hoy por hoy, es

que los mercados dejaron de empujarla.

P.: Cuando lo hagan, y tal vez no será dentro de muchos días, ¿usted piensa que Rajoy hará de tripas corazón y se aferrará a la barandilla del «rescate blando»?

G.G.: Eso es lo que piensan los mercados. Que con zamarrearlo un poco, alcanzará. Rajoy no tendrá más remedio que comerse otro sapo. Y desde que asumió ya van tres o cuatro.

P.: ¿Y usted qué cree?

G.G.: Que la decisión clave es la del primer ministro italiano, Mario Monti. Si Rajoy piensa resistir, necesita su apoyo. Si Monti no se lo da, el rescate a España será inevitable. Y hasta le diría sin demasiados forcejeos. Lo que no está en los precios es que ambos se atrincheren y quieran modificar el combo, hacerlo más acorde con su paladar y, sobre todo, obtener más garantías de que el BCE no los dejará en la estacada. Entienda que Draghi tiene poco margen de maniobra, con la oposición del Bundesbank en

letra de molde, y un arreglo con Merkel que uno imagina tampoco debe ser muy flexible.

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