24 de diciembre 2012 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La negociación por evitar el abismo fiscal no logra el remate. ¿Qué pasará ahora que los republicanos desautorizaron a su vocero? Exploramos los detalles con nuestro hombre en Wall Street, el enigmático Gordon Gekko.

Periodista: Los republicanos dieron un imprevisto paso al costado y dejaron a su principal negociador, John Boehner, poco menos que colgado del pincel. No logró reunir los votos que presumía y no pudo aprobar su propio plan B. El abismo fiscal está a la vista.

Gordon Gekko: No se debe vender la piel del oso antes de cazarlo. Y menos se podrá cazarlo si no se tiene la munición.

P.: Sería gracioso de no ser un tema delicado. ¿Con quién estaba negociando el presidente Obama? ¿Con un impostor?

G.G.: Obama vio una ventaja en la fragmentación de sus opositores tras la derrota electoral. Consiguió inclusive que varios de ellos renunciaran a la promesa de no subir nunca los impuestos. Pero la falta de cohesión también tiene sus bemoles. Tampoco Boehner pudo arrear a su tropa.

P.: ¿Hay tiempo para armar una solución contra reloj, antes de que comience 2013?

G.G.: Menos que antes, lógicamente. Le diría que no, aunque estamos en el filo de lo posible.

P.: Queda el recurso de hacer un anuncio conjunto, que sea creíble, pese a que los detalles haya que finiquitarlos más tarde.

G.G.: Por supuesto. Más teniendo en cuenta que la rebaja de impuestos que dispuso el presidente Bush Jr. vencerá automáticamente con el cambio de año.

P.: O sea que ningún legislador republicano quedará manchado por el estigma de haber elevado los impuestos.

G.G.: Era una de las alternativas.

P.: ¿Volvemos a fojas cero? ¿Estamos como al principio, como al día siguiente de la elección, cuando los mercados gatillaron un fuerte sacudón y dejaron constancia así de que había que resolver el problema?

G.G.: Se advierte menos nerviosismo. Volvimos a fojas uno. A cuando Obama quería un arreglo «light», rápido, que sancionara los temas básicos en los que coinciden ambos partidos a cambio de suavizar la pendiente del ajuste fiscal previsto.

P.: No es popular aumentarles los impuestos a las clases bajas y medias.

G.G.: La idea de Obama, la que retomó el viernes públicamente, es forjar un pacto que mantenga las alícuotas del Impuesto a las Ganancias a quienes no ganen más de 250 mil dólares. Demócratas y republicanos sostienen esa aspiración.

P.: ¿Y por qué no se hizo ya?

G.G.: Obama quiso ir por más.

P.: Convengamos que los republicanos lo hicieron recular al quitarle apoyo a Boehner a último momento. En el juego de la gallina, tuvo que aflojar. Hoy se contenta con un arreglo más limitado.

G.G.: Tal cual.

P.: Obama pretende el pacto «light» para esta semana. ¿Podemos darlo por hecho si va a limitarse a transcribir posiciones que no son conflictivas?

G.G.: Usted no se apure. Deje que lo haga Obama. No habrá fumata blanca esta semana si los republicanos no se allanan, como mínimo, a otros dos tópicos: dilatar el proceso de recorte generalizado de gastos (el llamado embargo o «sequestration») de forma de mitigar el impacto fiscal. Y prorrogar, nuevamente, la cobertura del pago de subsidios por desempleo.

P.: ¿Y lo ve probable?

G.G.: Si lo escucha a Boehner, dolido por haber quedado pedaleando en el aire, «sólo Dios sabe». Obama, a riesgo de que lo rotulen como un optimista incurable, cree que una solución veloz está al alcance. «Dólar por dólar, señaló, no estamos tan lejos».

P.: ¿Cómo reaccionarán los mercados si termina 2012 y no hay definición? Es difícil pensar en una muestra más cabal de falta de liderazgo.

G.G.: El viernes lo tomaron mal pero no tan mal. Pese a la caída del 1%, la semana cerró con ganancias. La economía alienta esta tolerancia, más allá de que a nadie le gusta ver que, después de un año, la política es incapaz de mover los muebles de lugar aun con la amenaza de prenderles fuego.

P.: La paciencia también tendrá que ver con el «put» universal. Todos los bancos centrales hinchan sus velas al viento. Ahora se sumó el Banco de Japón. El próximo será el BCE con una esperada baja de tasas.

G.G.: Es verdad. Aunque la paciencia puede acabarse de un solo golpe. Convendría no abusar.

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