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Diálogos en Wall Street
¿Cómo interpretar la marcha de la Bolsa? El letargo de las cotizaciones inquieta a muchos. ¿Será la calma que antecede al temporal? Conversamos con nuestro experto en mercados internacionales, camuflado bajo la identidad de Gordon Gekko, y, descubrimos que, detrás de la chatura, bulle una colección de signos auspiciosos.
Gordon Gekko: Hay que remontarse muchos años atrás. Lo que era un serrucho se transformó en un borde apenas rasposo, como si fuera una lima para las uñas. Después de los bandazos que vimos a comienzos de mes, la volatilidad se consumió sistemáticamente. Esta semana el rango de variación entre máximo y mínimo diarios del índice S&P 500 no superó nunca el 0,8%. Ni siquiera el correo interno de Walmart que se filtró a la prensa y que dice que las ventas de febrero son un desastre total pudo quebrar la monotonía.
P.: Los inversores, intrigados. ¿Es buena señal? ¿O es un presagio ominoso? ¿Será la calma que precede a la tempestad?
G.G.: El refrán te dice que nunca vendas un mercado aburrido.
P.: Está bien, pero, ¿no es evidente el signo de fatiga? La idea de un tope salta a la vista.
G.G.: Venimos de un rally fulminante, demasiado deprisa, con los máximos de todos los tiempos a tiro, y que, indudablemente, se pasó de rosca. Claro que hay un tope: son los récords de 2007. Por eso el Dow se frenó y el S&P 500 todavía sube (van siete semanas consecutivas) gracias a que maniobra a mayor distancia de su techo. Lo esperable, para estas semanas, era ensayar un paso atrás. Y lo que estamos viendo es esta chatura. P.: El mercado no corrige por precios. Lateraliza. Las cotizaciones se mantienen estables. Decanta a través del paso del tiempo.
G.G.: Tal cual.
P.: ¿Y el reloj para quién juega? ¿Para los bears (los bajistas) o para los bulls (los alcistas)?
G.G.: Estamos en febrero, en la mitad de la temporada reputada como la más favorable. Y la estacionalidad está funcionando a pleno. Sobra tiempo para el descanso y para ensayar el zarpazo a los récords más adelante. Si fuera abril, la historia sería distinta, nos comenzaría a picar el sarpullido de la duda y el temor al sell in May.
P.: Conclusión: todavía no vimos lo mejor.
G.G.: Falta servir el postre.
P.: ¿Hay alguna otra razón, más allá del efecto benigno del calendario?
G.G.: Si usted hurga en la información, encontrará varias. Los índices principales se amesetaron, pero hay muchos cambios en curso bajo la superficie. Mire la marcha de los small caps, las acciones de las compañías pequeñas. Son como usted sabe, papeles más riesgosos.
P.: Los que más sufrirán una corrección en caso de producirse.
G.G.: Tal cual. Son un termómetro excelente, por ello mismo, de los cambios de percepción. Y lo que se detecta, mientras el Dow Jones se plancha, es que los small caps retomaron la suba.
P.: Apuestan también a favor de otra pierna alcista.
G.G.: Correcto. Lo hacen después de un período de hesitación. Podrían esperar una definición en las grandes ligas. Recuerde que un error aquí se paga carísimo. Sin embargo, prefieren tomar una posición más agresiva.
P.: ¿Es un ejemplo aislado o una tendencia más amplia?
G.G.: Es la tendencia que toma fuerza a los costados del escenario principal. Tome el índice de Transportes y recogerá la misma impresión (sólo que aquí la convicción siempre se sostuvo).
P.: Durante todo 2012 no hubo renglón más escéptico sobre las credenciales del rally post-Lehman que el Dow Jones de Transportes.
G.G.: Mudó de postura hacia fin de año y persiste en su nueva convicción.
P.: Quiere decir que no olfatea el peligro de caer en la trampa de una economía estancada.
G.G.: Es muy buena señal contar con su respaldo. Sobre todo después de leer el mail de Walmart.
P.: ¿Podrá ser un problema la suba de las tasas largas y que hayan vuelto a cruzar el umbral del 2%?
G.G.: Todo lo contrario. Refuerza la expectativa de una economía que recobra vigor. Los últimos tres meses, el rally de las acciones se desplegó a sus anchas y, a la par, las tasas de diez años treparon el 25%. Más bien preocúpese si se derrumban de nuevo.


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