14 de noviembre 2013 - 00:00

Diálogos en Wall Street

La Fed debe aumentar el tamaño de la compra de bonos, dice un presidente distrital de la Fed. Las penurias del mercado laboral lo justifican. ¿Todo es posible?, le preguntamos a Gordon Gekko. ¿Será que el destino del QE3 no es su lenta extinción sino, de buenas a primeras, tener cría?

Diálogos en Wall Street
Periodista: ¿Reducirá la Fed la compra de bonos? ¿O la mantendrá? Ése era el dilema. Pero, la única alternativa que no estaba en el tapete acaba de entrar en la discusión. ¿El banco central tiene que aumentar el volumen de sus adquisiciones? Es lo que propuso el presidente de la Fed de Minneapolis.

Gordon Gekko.:
Cartón lleno.

P.: Pasa el tiempo, se reúne más información y en vez de angostarse el rango de incertidumbre, se ensancha. ¿Todo es posible?

G.G.:
Sí, aunque no igualmente probable. Ni por asomo.

P.: La Fed analizaba desmontar el QE3 y ahora tiene que considerar acrecentarlo. ¿Qué pasó? ¿Vuelve el temor a la desinflación? ¿Es la misma sorpresa que movilizó al BCE y la obligó a recortar sus tasas deprisa sin el habitual período de preaviso?

G.G.:
Nada cambió en la Fed, que uno sepa. El presidente de la Fed de Minneapolis, Narayana Kocherlakota, no modificó su postura personal.

P.: Sólo que ahora hizo oír su queja.

G.G.: Es así. La ironía es que Kocherlakota fue un halcón recalcitrante. Si lo recuerda, era un crítico muy ácido del QE2 cuando se implementó a fines de 2010. Sólo se convenció tiempo después.

P.: Tiene el empuje distintivo de los conversos. Ahora pide más QE3 cuando sus colegas amagan con desarmarlo y sólo parecen discrepar en la velocidad con que hay que emprender la retirada.

G.G.: Aquí no obraron los preconceptos. Eso está claro. Kocherlakota es un académico y tiene un modelo teórico detrás de su posición.

P.: En los años noventa fue uno de los que abonó la tesis de un salto favorable de la productividad. ¿O me equivoco?

G.G.: No se equivoca.

P.: ¿Cree que su propuesta hallará compañía?

G.G.:
Uno lo identifica hoy como un francotirador marginal. Su compañero natural, Charles Evans, el padre de la idea del QE3, hace tiempo que no vocifera a favor de la compra de bonos. Pero si Kocherlakota sale así al ruedo, quizás sea porque percibe que el momento es propicio para el proselitismo.

P.: Esto nos lleva a las muy bajas lecturas recientes de inflación.

G.G.:
Creo que sí.

P.: No son sólo bajas, son declinantes.

G.G.: Las tres últimas lecturas de la inflación minorista núcleo -medida a través del deflactor del consumo personal sin alimentos ni energía- han sido constantes: un 1,2% interanual.

P.: El índice general cayó por debajo del 1%.

G.G.:
Con precisión, el 0,9%.

P.: El BCE, que suele ser el más severo de todos los bancos centrales, recogió una lectura de inflación minorista del 0,7 por ciento y no lo dudó. Reaccionó gatillando una baja de tasas. ¿Por qué la Fed, que ha sido mucho más temerosa del proceso de desinflación, no va a responder con un cambio de actitud sobre la marcha? ¿Qué hay de malo en ello? En 2010, cifras muy parecidas a las actuales, dispararon el QE2...

G.G.:
Es un buen alegato. Que no tiene, hoy por hoy, y en apariencia, más abogado que Kocherlakota. Y que, para peor, tiene voz pero no capacidad de decisión. Recién podrá votar el año próximo.

P.: De acuerdo. Entiendo que no haya respaldo para la posición de aumentar el QE3. Pero la pregunta sigue en pie. ¿Por qué ahora la Fed ignora el problema cuando antes le resultaba una cuestión central?

G.G.:
Si toma la mediana de índice de precios al consumidor, la variación hace meses que se mantiene en el 2,1%. La desinflación tal vez, no sea tal, sino un resultado derivado de la ponderación de observaciones extremas. Esto no era así cuando se lanzó el QE2.

P.: A la Bolsa no parece importarle mucha esta discusión del QE3. Se cansó de las idas y vueltas.

G.G.:
En el fondo, la conclusión práctica es que hay poca visibilidad como para que la Fed embista de punta. Con eso le alcanza para no perder los estribos.

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