3 de abril 2014 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Wall Street, conversado como nunca. Jornada desigual, con un inicio fulminante que no pudo mantenerse. Las consecuencias de un choque de mensajes que explica Gordon Gekko en la entrevista.

Diálogos en Wall Street
Periodista: Wall Street ya venía de marcar récords después de escuchar, el lunes, la voz de aliento de Yellen. Y hoy arrancó como para barrer con todo. ¿Qué pasó? ¿Por qué no pudo sostener el tren? Veo el NASDAQ en rojo en estos momentos...

Gordon Gekko:
Es una historia en dos tiempos. El punto de partida fue furibundo. Christine Lagarde del FMI cargó, a primera hora, contra la "baja inflación" que impera en las economías avanzadas. Dijo que era un riesgo emergente para los países desarrollados, un obstáculo grave...

P.: Un sutil llamado de atención para Mario Draghi y el BCE...

G.G.:
Nada sutil. Un mensaje directo. Subrayó que el problema era especialmente delicado en los países de la eurozona. No se olvide, además, que en su trabajo anterior Lagarde fue ministra de Finanzas de Francia.

P.: Mañana (por hoy) es la reunión del BCE. El mercado se relame pensando que el banco central pondrá manos a la obra, que responderá con un cambio de política, ¿o no?

G.G.:
No lo sabe a ciencia cierta. Pero ello no impide que sueñe.

P.: Hasta Jens Weidmann, el titular del Bundesbank, aceptó públicamente que hay medidas no convencionales en estudio. No descartó que el BCE ensaye la compra masiva de bonos, el QE. ¿Quién hubiera imaginado esa herejía?

G.G.:
La presión de la realidad es mucha. Pero la decisión no es fácil.

P.: ¿Aunque lo pida Lagarde y varios de los países de la periferia de la eurozona?

G.G.:
Eso es lo de menos. El problema es que la decisión equivocada -no hacer nada- es mucho más sencilla de ejecutar que la decisión de involucrarse a fondo. Y la desinflación es un veneno lento, no es urgente ni muy punzante como para pagar el costo de meterse ahora en camisa de once varas.

P.: No lo entiendo. ¿Me dice que el BCE preferiría equivocarse y no soportar críticas que hacer las cosas bien y recibir una andanada de reproches?

G.G.:
Me entiende bien.

P.: ¿Y cómo lo sabe?

G.G.:
La prueba está servida. Es lo que ha hecho. Desde octubre que la inflación de la eurozona se ubica por debajo del 1%. La desinflación es un fenómeno muy claro, dentro y fuera de la región. La hoja de balance del BCE se sigue achicando. Es un caso único entre sus pares. También disminuye el crédito bancario al sector privado (y en Europa ello explica la parte del león del crédito). Si la tasa de interés fuese más alta, el BCE la bajaría. Pero lo convencional ya se agotó. Cualquier paso significativo para inyectar más estímulo requiere meterse en terreno escabroso.

P.: Ya no tanto. Ya se acepta lo que antes se aborrecía, como el QE...

G.G.:
Hasta ahora se eligió hablar y hablar. El año pasado se mencionó la posibilidad de ir por una tasa de interés negativa para los depósitos que capta el banco central.

P.: Como en Dinamarca.

G.G.:
Correcto. Pero el BCE es muy conservador, no quiso controversias y tampoco avanzó, pese a que Dinamarca no se arrepiente de su experiencia.

P.: Como sea, el día arrancó hecho una furia alcista. Y, sin embargo, luego se desarmó. Me equivoco si digo que fue James Bullard, el presidente de la Fed de Saint Louis, el que pinchó el globo.

G.G.:
Así fue. Volvió a mentar la suba de tasas.

P.: Anticipó que él votará porque se ejecute en el primer trimestre del año próximo. Antes, inclusive, que el famoso "abril de 2015" que surgió después del "error" de Yellen.

G.G.:
Correcto. Le aclaro: no es novedad. Bullard quería comenzar a subir las tasas este año (era uno de los dos puntos en el diagrama que publica la Fed que, el año pasado, querían empezar la faena en 2014).

P.: Sabemos que Bullard está en minoría.

G.G.:
Bullard también sabe que nosotros sabemos. ¿De qué habló? Suba de tasas, burbujas (que relativizó). No importa tanto lo que dijo, sino el temario. Y eso refrescó viejos mensajes de la Fed. Los que poco tiempo atrás buscaban inculcar moderación.

P.: Yellen es más influyente que Bullard y nos quedó claro que es temprano para jugar con la suba de tasas.

G.G.:
Nadie lo discute. La economía tiene holguras amplias y está jaqueada por una inflación demasiado baja. La política monetaria no debe apretar. Pero la euforia financiera también molesta. Y estamos, de vuelta, sobre aviso.

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