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Diálogos en Wall Street
¿Después de Grecia, qué? La Fed ya nos avisó que pretende subir las tasas de interés en septiembre.

Gordon Gekko: Salió de la zona crítica.
P.: Se pateó todo para adelante.
G.G.: Una solución europea para un problema europeo. No importa que el problema de fondo subsista, pero sí que se pueda guardar en un cajón y nos libere la agenda.
P.: Al menos Grecia saldrá del default.
G.G.: Ya regularizó los impagos. Las formalidades quedaron cubiertas.
P.: Ya no le debe nada a nadie.
G.G.: Le debe a cada santo una vela, pero cubrió los vencimientos caídos con el FMI (lo que a su vez enmendó el default que había declarado el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera) y le pagó puntual al BCE, sin mácula para su foja de cumplimientos. No se olvide que antes de arreglar con sus socios europeos, venció un servicio de un bono Samurai y el Gobierno de Tsipras lo atendió con fondos propios.
P.: Es un esquema circular. Europa le prestó 7 mil millones de euros, que Grecia ve pasar por sus narices, y que se dirigen a cubrir agujeros específicos. No parece la receta para salir de una depresión.
G.G.: Es un puente para salir del atolladero. Evita caer más profundo.
P.: Se pudo reabrir los bancos después de tres semanas de feriado, pero los retiros autorizados a los depositantes no son diferentes, al cabo de una semana, a los topes diarios sumados que regían antes.
G.G.: Seguro. Igual es el día y la noche. El sistema de pagos bancarizados volvió a funcionar. Y quien quiera acceder a su caja de seguridad puede hacerlo sin restricciones.
P.: Grecia seguirá cocinándose en su propio caldo, pero ahora el mundo puede enfocar sus energías en otras áreas.
G.G.: Es un canje temático. Salen China y Grecia, entran los balances y los indicadores económicos. A priori, el balance esperado es favorable.
P.: Con la mejoría del clima financiero, evidente, también entran en escena la Fed y su amenaza de suba de tasas.
G.G.: Ya estábamos avisados.
P.: No lo discuto. Pero aun así uno observa a varios mercados muy atragantados.
G.G.: Es así. La Fed tiene una obsesión. Quiere empezar la suba de tasas, sí o sí, antes que termine 2015.
P.: ¿Podrá?
G.G.: No lo hará con la economía cuesta abajo. Pero todo indica que el bache de actividad de principios de año quedó atrás.
P.: La Fed se reunirá para tomar una decisión el martes y miércoles próximos. ¿Podrá tener a tiempo la información que le dé seguridad sobre la solidez de la recuperación?
G.G.: Estamos muy sobre la fecha. Pero la reunión de septiembre tiene todos los condimentos necesarios para dar el puntapié inaugural a la suba.
P.: Los economistas de Wall Street están convencidos de la inminencia del ajuste de tasas. Los inversores, a juzgar por los contratos de fed funds, todavía son escépticos. ¿Quién tiene la mira mejor calibrada?
G.G.: Los economistas le prestan más atención al discurso de la Fed. Y los futuros ponderan las vicisitudes de la realidad por encima, inclusive, de las afirmaciones de Janet Yellen.
P.: Lo cual es un riesgo grande. Después de todo, la Fed es la que maneja la tasa.
G.G.: La fija a su voluntad, pero no la maneja según su capricho. A fines de 2014, la idea firme de Yellen era poder gatillar el primer incremento en la pasada reunión de junio. La situación se complicó, y hubo que dilatar los tiempos. Así se hizo. Ahora, James Bullard, de la Fed de Saint Louis, por caso, ve la reunión de septiembre con más del 50% de probabilidades de servir como rampa de lanzamiento. Y, le digo más, no descarta una segunda suba antes de que termine diciembre.
P.: ¿Usted que piensa?
G.G.: Que la Fed nos va a meter toda la presión para septiembre. Después verá. Pero, primero, antes de apretar el gatillo, debe probar la robustez de los mercados, corroborar si resisten el alto voltaje o se derriten antes. Si algo Yellen querrá evitar es dar un paso en falso.


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