28 de octubre 2015 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Hoy finaliza la reunión de la Fed. ¿Qué esperar después de una seguidilla de anuncios provenientes de los más diversos bancos centrales? Entrevistamos a Gordon Gekko, el experto oculto bajo la máscara del personaje de la película de Oliver Stone.

Diálogos en Wall Street
Periodista: ¿Volver al futuro? ¿Otra vez, un mercado dominado por los bancos centrales y sus decisiones? Ya se pronunciaron el BCE y los chinos. Toca el turno de la Fed.

Gordon Gekko: Si es por hambre de novedades, será más provechoso enfocarse en el Banco de Japón.

P.: ¿Más Abenomics? ¿Una nueva ronda de barra libre de liquidez para todos?

G.G.: La economía se debilita. La inflación minorista volvió a ser negativa en Tokio. Los precios cayeron en septiembre por primera vez en 28 meses. Los objetivos de crecimiento e inflación no se alcanzarán a tiempo.

P.: Ambos por defecto.

G.G.:
Correcto. En consecuencia, las apuestas a favor de mayor estímulo crecen. Escucharlo a Mario Draghi prometiendo más QE, constatar la premura de las autoridades chinas por rebajar tasas y encajes alimenta el "momentum". La suba muy fuerte de los últimos diez días del Nikkei recogió esa influencia conjunta, aunque hoy dio un leve paso atrás.

P.: ¿Usted qué cree?

G.G.:
Yo soy un poco escéptico. No hay dudas de que, en la revisión semestral de las proyecciones, habrá que mochar las cifras de crecimiento del PBI y de inflación, pero hay atenuantes como para demorar una nueva intervención. La caída de los precios se debe a la baja del costo del petróleo; la inflación subyacente sigue siendo positiva. Y como el petróleo es importado, que se abarate mejora el ingreso y el poder de compra de los japoneses. Es un factor que suma, que no deprime la demanda agregada. Si las autoridades se dan más tiempo para lograr su objetivo de inflación -el 2% anual- no necesitan ajustar su política. Si quieren cumplir sí o sí con el plazo original, entonces no hay otra forma que añadir más munición.

P.: El BCE y el Banco del Pueblo de China han jugado la carta de más estímulo. Los presidentes de los bancos centrales de Inglaterra y Suiza, esta semana, también aportaron discursos que favorecen una relajación.

G.G.:
Ninguno de los dos quiere apreciar sus monedas. Tienen que seguirle el juego a Draghi. Aunque sólo sea con la retórica.

P.: Y el Banco de Japón, más allá de que aumente el tamaño de sus compras de activos o no, de seguro que no será un elemento agresivo.

G.G.:
La tendencia es clarísima. El grifo de la liquidez se abre y no se cierra. Incluyendo al Banco de Inglaterra, que fue el primero en poner sobre el tapete la conveniencia de empezar a subir las tasas de interés, que tiene un disidente en el directorio que vota por un aumento, pero cuyo titular -Mark Carney- nos dice que no hay ninguna necesidad de empezar ya.

P.: El único con una agenda a contramano es la Fed. Es el banco central que puede arruinar el cuadro. Y mañana (por hoy) nos anunciará su decisión. ¿Qué resolverá? Los mercados no están preocupados para nada, ¿tendrán razón? ¿Renunció Yellen a esa idea imperiosa de no dormirse en los laureles y comenzar a recargar el matafuegos?

G.G.:
Se puede discutir si la Fed hará algo o no, pero recién para la reunión de diciembre. Después del último informe de empleo hubo que tachar octubre. Los mercados confían en que no habrá novedades hasta bien entrado 2016.

P.: Demasiado confiados, ¿o no?

G.G.:
Los mercados tuvieron razón; los propios funcionarios de la Fed, que son, en última instancia, quienes aprietan el gatillo, no. Primero nos dijeron que iban a izar las tasas en junio; después fue en septiembre. Empero, la realidad no se lo permitió. La decisión es condicional, depende de la situación de la economía y las finanzas, y entraña riesgos. La fragilidad imperante hizo desaconsejable remover el avispero.

P.: Con sus anuncios, Draghi y los chinos hicieron volar los mercados. Pero el vuelo ha sido corto. Ya se frenó.

G.G.:
No tan corto como fugaz. Pero es difícil aventurarse más allá. La Bolsa está a un tris de los récords. En definitiva, lo mismo que ataja a la Fed contiene a Wall Street. Liquidez no falta. Todo el mundo tiene cash ocioso. Claro que, sin una mejoría en los fundamentos, el camino alcista pasa exclusivamente por estirar la valuación (y, en todo caso, cruzar los dedos para que esa mejoría se verifique más adelante). Y, por lo visto, tampoco hay un ánimo burbujeante. Al menos, por el momento.

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