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Diálogos en Wall Street
Hacía 84 años que Wall Street no estrenaba una temporada con una paliza tan dura. Buena ocasión para conversar con Gordon Gekko, nuestro hombre en las trincheras de Manhattan.
Gordon Gekko: La peor desde 1932.
P.: La idea del mercado lateral está en jaque, me imagino. Es difícil imaginar que Wall Street no tome nota de los peligros que corre. No tiene resto para atacar los niveles récords aunque los haya merodeado por meses, y muestra grandes vulnerabilidades ante eventos que no controla. Un mal número económico en China, por ejemplo.
G.G.: 2016 arrancó sin sutilezas. Desde el día uno pone el acento en los peligros. El sacudón es demasiado violento, y ocurrió sin preaviso, como para poder ignorarlo. El destino, sin embargo, no está escrito en piedra. En 1932 el comienzo fue pésimo, pero para fines de febrero el mercado había trepado el 14%.
P.: Es difícil pensar en una reacción pronta muy positiva. Las oportunidades de encajar un rally en Navidad o Año Nuevo pasaron sin pena ni gloria. Hubo un conato de rally de Santa Claus y, mire donde estamos, fracasó miserablemente.
G.G.: Seguro. Y si uno mira en perspectiva, la foto es un espanto. Todos los grandes mercados lucen cansados tras haber intentado, hace ya algún tiempo, quebrar los récords. La figura es la de un "doble techo" muy nítido y esta pendiente súbita subraya la debilidad.
P.: Da toda la sensación de que el mercado agotó sus chances de ir hacia arriba y ahora quedó muy expuesto a la defensiva.
G.G.: Veámoslo así. El índice S&P 500 volvió a quedar más cerca de una nueva corrección (entendiendo por tal una caída del 10% medida desde los máximos) que de un nuevo récord. Y supimos estar a tiro -al 1%- de la cumbre.
P.: Sería una segunda corrección en menos de un semestre, cuando no habíamos tenido ninguna desde 2011. ¿Se nos está haciendo costumbre? Mire que tanto va el cántaro a la fuente que al final se rompe.
G.G.: Hemos regresado a la sensación térmica de agosto, aunque no a la misma temperatura. Pero esta impresión de que se quiebra una rama en China y se derriba todo el bosque, viene de entonces.
P.: Las cotizaciones son más altas que en el final de agosto. Hay espacio para retroceder, si es que la historia va a repetirse.
G.G.: De acuerdo. Pero no se olvide de cómo terminó el cuento. A determinados precios, cuando el mercado capituló en el flash crash del 24 de agosto, volvió a surgir una demanda genuina y muy poderosa.
P.: ¿Es la misma pulseada entre "bears" (pesimistas) y "bulls" (optimistas)?
G.G.: Año nuevo, sí. Pero agenda vieja. Los temas que preocupan o alientan a unos y otros son los mismos, vienen de arrastre, no producen una definición tajante.
P.: China vuelve a estar en el centro de la escena. Loretta Mester, de la Fed de Cleveland, acaba de señalar que China no es un riesgo importante para EE.UU. Pero hoy los mercados emitieron otro dictamen.
G.G.: Son planos distintos de análisis. Ver a las Bolsas chinas cerrar un 7% abajo, en una rueda de negocios que se canceló una hora y media antes del horario normal por efecto de un freno regulatorio, no puede ser más inquietante. Para los mercados financieros, que son sensibles a la minucia del día a día, no para la economía real. Hay más ventas en las gateras, y el viernes expira la prohibición de vender acciones que regía sobre los tenedores de paquetes superiores al 5% del capital de una compañía. Ese es el drama, no la anécdota de una pobre lectura del informe PMI manufacturero. Es la décima vez, en doce meses, que la medición indica una contracción de la actividad industrial. Es decepcionante, pero no la muerte de nadie.
P.: Empezamos con mal pie, con muy mal pie, pero todavía es posible un cambio de paso.
G.G.: Lamentablemente, a mayor susto, más probable. Sobre todo, el rebote es posible si el problema queda confinado a China.


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