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Diálogos en Wall Street
Wall Street temía por los balances de los bancos; y los bancos la están impulsando al borde los récords absolutos. Con Gordon Gekko hurgamos las razones de esta sorpresa tan agradable como fuera de programa.
Gordon Gekko: Es el Dimon rally. Reloaded, recargado.
P.: Contra todos los pronósticos, los balances de los bancos están capeando la tormenta.
G.G.: Más las acciones de las entidades que los balances en sí, a fuer de ser sinceros.
P.: El mercado los esperaba cuchillo en mano. No son dignos de elogio, pero han sido mejores que lo que se temía.
G.G.: Está claro que el exceso de pesimismo también mata.
P.: JPMorgan lidera la embestida alcista.
G.G.: Avanza el 8,5% en la semana. Y las acciones financieras trepan el 4,3%.
P.: ¿Cuál es la llave de este éxito repentino?
G.G.: Es un mercado lateral. El S&P500 se ubica a un 2% de los máximos absolutos y el mundo es una lágrima. Da vergüenza pretender escalar más alto.
P.: ¿Es porque algo hay que hacer, en algo hay que poner la plata?
G.G.: Cuando las papas quemaban, lo dijimos. En el mundo de las tasas cero, y con un cuarto del globo terráqueo por debajo de cero, Wall Street rinde más del 2% en dividendos y por encima del 5% en función de las ganancias que producen las compañías.
P.: En el país de los ciegos, el tuerto es rey.
G.G.: La Bolsa tiene valor relativo si se la compara con las alternativas, ya sea el cash o los bonos del Tesoro. Si uno tacha dos casilleros -la inminencia de una recesión o la presencia de una Fed muy agresiva- es necio ignorarlo.
P.: ¿Qué tienen que ver los bancos con todo este cuadro?
G.G.: A la Bolsa le cuesta subir sin otras credenciales. Esto no es una burbuja aunque los precios puedan ser altos. Falta un ingrediente esencial...
P.: ¿Cuál?
G.G.: La euforia. Y, por ende, también el desborde de los flujos. Los inversores no acrecientan posiciones, las van liquidando de a poco. Es una hemorragia lenta pero tenaz.
P.: ¿Y entonces?
G.G.: Los bancos son el sector más rezagado de la Bolsa.
P.: ¿Más que la energía o los materiales?
G.G.: En lo que va del año, sí.
P.: Es el efecto calesita.
G.G.: Tal cual. La rotación por sectores provee la cuota de adrenalina que los inversores necesitan. Los bancos pueden trepar a lo grande sin padecer el vértigo. No tienen una losa encima que los frene, están muy alejados de sus niveles cumbre.
P.: Y consiguen el ascenso con muy poco.
G.G.: En el caso de JPMorgan con una reducción de ingresos menor que lo estimado, y con podas en costos de operación y legales. El renglón de ingresos por transacciones -donde se temía una paliza- aportó el alivio de un repunte imprevisto en marzo, tras sendos declives en enero y febrero. Si uno compara estrictamente los resultados -y no las proyecciones de los analistas- la cruda realidad muestra una merma del 6,7% en las ganancias por acción contra un año atrás.
P.: ¿Y esto podrá llegar muy lejos?
G.G.: En principio no se le ponga enfrente. Wall Street está haciendo tiempo mientras espera a Godot. Aguarda la noticia, o el atisbo, de algún cambio creíble en los fundamentos. Para bien o para mal, esa pieza falta para tomar una dirección definida. Si uno piensa que las autoridades no son imparciales, y precisan que, como mínimo, los mercados se sostengan, si la Fed ahora no es un enemigo, es lógico que prevalezca el sesgo hacia la suba.


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