15 de abril 2016 - 00:00

Diálogos en Wall Street

Wall Street temía por los balances de los bancos; y los bancos la están impulsando al borde los récords absolutos. Con Gordon Gekko hurgamos las razones de esta sorpresa tan agradable como fuera de programa.

 Periodista: El rally comenzó con Jamie Dimon -CEO de JPMorgan- comprando las acciones del banco con su propio dinero personal, el 11 de febrero. Ahora la Bolsa ataca de nuevo con el JPMorgan a modo de ariete.

Gordon Gekko:
Es el Dimon rally. Reloaded, recargado.

P.: Contra todos los pronósticos, los balances de los bancos están capeando la tormenta.

G.G.:
Más las acciones de las entidades que los balances en sí, a fuer de ser sinceros.

P.: El mercado los esperaba cuchillo en mano. No son dignos de elogio, pero han sido mejores que lo que se temía.

G.G.:
Está claro que el exceso de pesimismo también mata.

P.: JPMorgan lidera la embestida alcista.

G.G.:
Avanza el 8,5% en la semana. Y las acciones financieras trepan el 4,3%.

P.: ¿Cuál es la llave de este éxito repentino?

G.G.:
Es un mercado lateral. El S&P500 se ubica a un 2% de los máximos absolutos y el mundo es una lágrima. Da vergüenza pretender escalar más alto.

P.: ¿Es porque algo hay que hacer, en algo hay que poner la plata?

G.G.:
Cuando las papas quemaban, lo dijimos. En el mundo de las tasas cero, y con un cuarto del globo terráqueo por debajo de cero, Wall Street rinde más del 2% en dividendos y por encima del 5% en función de las ganancias que producen las compañías.

P.: En el país de los ciegos, el tuerto es rey.

G.G.:
La Bolsa tiene valor relativo si se la compara con las alternativas, ya sea el cash o los bonos del Tesoro. Si uno tacha dos casilleros -la inminencia de una recesión o la presencia de una Fed muy agresiva- es necio ignorarlo.

P.: ¿Qué tienen que ver los bancos con todo este cuadro?

G.G.:
A la Bolsa le cuesta subir sin otras credenciales. Esto no es una burbuja aunque los precios puedan ser altos. Falta un ingrediente esencial...

P.: ¿Cuál?

G.G.:
La euforia. Y, por ende, también el desborde de los flujos. Los inversores no acrecientan posiciones, las van liquidando de a poco. Es una hemorragia lenta pero tenaz.

P.: ¿Y entonces?

G.G.:
Los bancos son el sector más rezagado de la Bolsa.

P.: ¿Más que la energía o los materiales?

G.G.:
En lo que va del año, sí.

P.: Es el efecto calesita.

G.G.:
Tal cual. La rotación por sectores provee la cuota de adrenalina que los inversores necesitan. Los bancos pueden trepar a lo grande sin padecer el vértigo. No tienen una losa encima que los frene, están muy alejados de sus niveles cumbre.

P.: Y consiguen el ascenso con muy poco.

G.G.:
En el caso de JPMorgan con una reducción de ingresos menor que lo estimado, y con podas en costos de operación y legales. El renglón de ingresos por transacciones -donde se temía una paliza- aportó el alivio de un repunte imprevisto en marzo, tras sendos declives en enero y febrero. Si uno compara estrictamente los resultados -y no las proyecciones de los analistas- la cruda realidad muestra una merma del 6,7% en las ganancias por acción contra un año atrás.

P.: ¿Y esto podrá llegar muy lejos?

G.G.:
En principio no se le ponga enfrente. Wall Street está haciendo tiempo mientras espera a Godot. Aguarda la noticia, o el atisbo, de algún cambio creíble en los fundamentos. Para bien o para mal, esa pieza falta para tomar una dirección definida. Si uno piensa que las autoridades no son imparciales, y precisan que, como mínimo, los mercados se sostengan, si la Fed ahora no es un enemigo, es lógico que prevalezca el sesgo hacia la suba.

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