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Diálogos en Wall Street
Terminó la reunión de la Fed, los mercados respondieron con más volatilidad que dirección, y nos pareció oportuno pedirle opinión a Gordon Gekko, nuestro hombre en Wall Street.
Gordon Gekko: Podéis ir en paz.
P.: ¿Ningún aviso complicado para los navegantes? El comunicado se abstuvo de enfatizar la inestabilidad de los mercados financieros globales. Por descarte, por el hecho de que desapareció toda referencia en el texto, ¿no es una manera de señalar la posibilidad de retomar una postura más hostil hacia delante?
G.G.: No sea tan susceptible. Si la Fed no machaca sobre el particular es porque no puede tapar el sol con la mano. Los peligros que se observaban aún en marzo -cuando estaban frescas las turbulencias de febrero- han salido del radar. Bajaron significativamente en su intensidad. La mar está serena. Es una descripción objetiva. La recomposición de los precios de los activos de riesgo fue notable. Materias primas, bonos basura, mercados emergentes, spreads crediticios. Y Wall Street acaricia los récords.
P.: En este caso, el silencio es salud.
G.G.: No lo dude. Si la Fed se explayara en detallar la mejoría encendería una luz de alarma.
P.: ¿Cómo lo tomarán los mercados?
G.G.: El giro amistoso de Yellen sigue vigente.
P.: ¿Cree que las chances de un retoque de tasas en junio han crecido, aunque más no sea levemente?
G.G.: No. Y de hecho los futuros de fed funds recortaron la previsión de un ajuste en la próxima reunión de un 23% a un 18%. La tasa de los bonos largos continúa con su descenso, quizás el mejor termómetro de las expectativas. Y el dólar se debilitó. En el margen se despejó el temor de que la Fed levantara la voz.
P.: De manera sorpresiva, el balance de los riesgos que visualiza la Fed vuelve a estar ausente en el comunicado.
G.G.: Es la tercera vez consecutiva que se registra la omisión. Ya no sorprende.
P.: Es evidente que las opiniones dentro del Comité de Mercado Abierto están divididas.
G.G.: Ésa es la razón. Si quiere conocer el rango de las opiniones diversas tendrá que esperar tres semanas y leer las minutas. Pero queda claro que Esther George volvió, por segunda vez consecutiva, a votar a favor de subir las tasas ya.
P.: No es la única voz en discrepancia, aunque sí el único sufragio en contra tangible. Déjeme hacer de abogado del diablo: ¿podría ser que el bloque de los disidentes esté creciendo en masa crítica, alentado por la mejoría objetiva de las condiciones financieras globales?
G.G.: No hay ningún indicio. Ése es el valor del comunicado, y del manto de silencio que aporta. Otra lectura se hubiera derivado de una descripción más vehemente de la mejoría.
P.: La Fed no renuncia a su voluntad de normalizar las tasas de interés. La suba de tasas está en la agenda, no se la anuló.
G.G.: Correcto. Pero como dijo Yellen, no hay prisa y debe manejarse con suma cautela.
P.: ¿Cree que podría tocar en julio?
G.G.: Los números fríos sugieren no antes de septiembre. Si uno considera los tiempos electorales -pensamiento que la Fed nunca admitirá- quizá deba imaginar otro retoque recién en diciembre, un año después del primero. No obstante eso, no es el calendario el que dictará la decisión, sino la percepción de la Fed de que el horno vuelve a estar preparado para bollos.
P.: La mesa está servida para que Wall Street les apunte a los récords. ¿O se truncará por el sell in may?
G.G.: La mesa está servida. Y la Fed no quitó ni siquiera el pimentero. Pero hay que ver si está el ánimo de los comensales. Hoy por hoy, uno los ve más interesados en prolongar la conversación que en ordenar el postre.


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