11 de enero 2017 - 23:34

Diálogos de Wall Street

Conversamos con nuestro experto en mercados internacionales -Gordon Gekko- antes de la primera conferencia de prensa que dará el presidente electo Trump. Vale repasar sus reflexiones.

Periodista: El Dow Jones Industrial sigue sin poder enlazar los 20 mil puntos aunque no hay impaciencia. El sentimiento alcista no se resiente. Todo el mundo apuesta al superdólar, pero el envión se frenó hace un tiempo. Esa sensación de avalancha arrolladora del dólar y las acciones entró en modo pausa. ¿Hasta cuándo? ¿Esperará a que Trump asuma la presidencia el viernes de la semana próxima? ¿O hasta acá llegamos, punto?

Gordon Gekko: Quizás retorne punzante mañana (por hoy).

P.: ¿Algún motivo en especial?

G.G.: Trump tomará los micrófonos. Dará una conferencia de prensa. La expectativa es enorme. Hablará desde la Trump Tower, no de la Casa Blanca. Puede ser todo lo histriónico que quiera; probablemente, por última vez.

P.: Eso lo pondría en dudas.

G.G.: Por última vez sin tener que preocuparse por las consecuencias plenas de sus dichos. Después del 20, será otra historia.

P.: ¿Y qué cree que Trump nos contará?

G.G.: No nos va a deprimir.

P.: Quizás no voluntariamente, pero a veces es muy fuerte.

G.G.: Mi impresión es que le dirá a Wall Street lo que quiere oír.

P.: Bueno, es un populista. Pero Wall Street representa pocos votos. ¿No hablará de comercio, de los asuntos delicados, de los temas que le valieron el apoyo del grueso de su electorado?

G.G.: Seguramente, sí. No le dije que Trump sólo iba a hablar de los temas que le gustan a Wall Street.

P.: Entiendo. ¿Y cuál será el balance cuando termine de presentar su visión completa?

G.G.: Creo que a Wall Street le gustará. Así como aprueba la transición, y rechazó la campaña.

P.: No sé si lo sigo.

G.G.: Si Trump quiere ser duro en comercio, y todo indica que es así, más le vale tener a Wall Street de aliado y no atravesado y de punta.

P.: A Wall Street le encanta el recorte de impuestos y la desregulación. También el plan de infraestructura (en la medida que la Fed no lo tome con hostilidad). No aprueba el cierre de la economía, el proteccionismo y el freno inmigratorio. ¿Cómo conciliar semejante plataforma?

G.G.: Una manera es preservar los pesos relativos que cada tema tuvo en la transición.

P.: Olvidarse, o licuar las promesas más urticantes.

G.G.: Así es, pero no creo que eso sea lo que quiere Trump. No armó el equipo comercial que convocó, pienso, para ponerles un bozal y que no muerdan. Tendremos un Trump muy agresivo, mucho más que lo que piensa Wall Street, en materia de comercio. Trump no va a cambiar, es Wall Street la que deberá amoldarse.

P.: Interesante.

G.G.: Me parece que la idea es trabajar sobre una doble moral. A los mercados no les gusta el proteccionismo pero les encanta el Russell 2000, es decir, las acciones de las compañías pequeñas, que son las que van a sacar el mayor provecho si la economía se cierra. Y la última encuesta hecha en ese sector indica que los empresarios están eufóricos. No albergaban una expectativa tan favorable desde marzo 2002. Eso es populismo. Fíjese, trabajadores, empresarios e inversores. Todos pateando en la misma dirección. A contramano, pero con entusiasmo flamante. Ya llegará la factura, pero será después. Si la política de inmigración es muy severa escaseará la mano de obra en poco tiempo.

P.: Así las cosas, el Trump rally dará otro zarpazo.

G.G.: Eso pienso. Lo único que se precisa es que Trump no se pegue un tiro en los pies. Un Trump lavado y pacífico, que no quiera correr riesgos, no tiene contras. Pero como le dije me parece que no es el perfil genuino del personaje. Entonces deberá dosificar sus provocaciones.

P.: Tal vez sea la realidad la que le marque los límites.

G.G.: Que en algún momento se irá al pasto, no lo dude. Cuatro bancarrotas dan fe.

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