Dibujos de Bacon, casi un descubrimiento arqueológico

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Hasta el 19 de agosto el público argentino podrá tener el privilegio de apreciar 40 dibujos de Francis Bacon (Dublín, 1909, Madrid, 1992), que se exhiben por primera vez en América Latina (solucionados los trámites administrativos de control virológido que tuvo varios días retenidas las cajas con las obras en la aduana de Ezeiza).

Industrias Culturales Argentinas, el Centro Cultural Borges, el destacado historiador de arte, crítico, poeta y ensayista británico Ewdard Lucie-Smith y Massimo Scaringella (Italia), gran difusor del arte contemporáneo de su país, como curadores, han organizado la muestra «La Punta del Iceberg», casi un descubrimiento arqueológico en el corpus de la obra de uno de los más grandes artistas del siglo XX.

Se trata de los «dibujos italianos», de gran tamaño, en papel Fabriano, realizados entre los años 1980 y 1992 durante los numerosos viajes a Italia adonde se escapaba para huir de la celebridad, del acoso de críticos y periodistas, de la influencia del mercado; era su refugio, especialmente Venecia, un pequeño pueblo cerca de Bologna y Cortina dAmpezzo a la que consideraba un paraíso.

Recorría Italia en compañía de Cristiano Lovatelli Ravarino a quien dejó alrededor de más de doscientos dibujos, entre ellos, las obras aquí expuestas. Y es así como comienza una saga de carácter judicial que llevó 11 años, desde el momento en el que la galería Marlborough (Londres) los consideró falsos hasta el final de un proceso concluido felizmente en 2004 cuando se corroboró su autenticidad.

Factotum importantísimo en el desenlace de este thriller es el abogado criminalista y también coleccionista, Humberto Guerini, presente en Buenos Aires, que se involucró con la vida y obra de Bacon, a tal punto que su investigación dio por resultado la liberación de su defendido de todos los cargos al comprobarse no sólo detalles técnicos sino que ambos pasaron mucho tiempo juntos a lo largo de varios años.

Otro ingrediente de esta saga era la afirmación por parte de expertos de que Bacon no dibujaba. El mismo Bacon decía que «nunca dibujaba» ya que su método era el «azar» y el «accidente creativo». «Sé lo que quiero hacer, pero no sé cómo hacerlo» -le decía al muy influyente crítico de arte inglés, David Sylvester, su exégeta más conocido-,»por eso espero que un accidente o el azar lo hagan por mí». Ese «nunca dibujo» era una pequeña mentira ya que muchas personas del mundo del arte los vieron en su estudio así como aquellos que los recibían a modo de disculpa, por ejemplo, dueños de bares, debido a su estado de embriaguez.

Muchos de sus dibujos, bosquejos, fotografías retocadas, estudios preliminares, aparecieron después de la muerte del artista, un material que, según Giorgio Soavi en su artículo del «Corriere della Sera» a propósito de la exposición de 1999 en la Tate Gallery (Londres) «tenía poco en común con el caos, con el mundo perturbador y terrorífico y las luchas que Bacon enfrentaba cuando realizaba sus cuadros».

Son trabajos intensos, descriptivos, de gestos rápidos, muchas veces con instrumentos de dibujo, los rostros de líneas envolventes, más enmarañados que el resto del cuerpo, caóticos, el grito furioso de una boca que cambia de forma, «me gusta el brillo y el color que viene de la boca y siempre tuve la esperanza de pintar la boca como Monet pintaba la puesta del sol».

Según Edward Lucie-Smith, autor también de uno de los textos del catálogo y que escribió sobre Bacon cuando realizó en 1962 la primera retrospectiva del artista en Londres, se trata de grandes hojas para complacer a un amigo, tal como los dibujos que Miguel Angel hizo para el joven Tommaso Cavalieri y donde están sus temas: retratos, autorretratos, crucifixiones, Papas, de los que Bacon, ya al final de su vida, no se sentía satisfecho, es más, «odio los Papas porque después de la extraordinaria imagen de Velázquez fue muy tonto de mi parte haberla usado».

En la conferencia del martes 29 en el Centro Borges, «¿Dibujó Bacon?», Edward Lucie-Smith relató las anécdotas que se refieren a las distintas series de dibujos, incluso los que la galería Tate de Londres compró después de su muerte, el proceso creativo de los aquí expuestos y sus comparaciones con otros artistas como, por ejemplo, Guercino, caa Bacon como profundamente romántico, casi melodramático que expresa la dicotomía de la esperanza y la desesperación.

Un antes y un después de Picasso, un antes y un después de Bacon que admiraba a Van Gogh, a Grünewald, a Rembrandt, a Velázquez, un arte lacerado, desgarrador, violento, por su biografía sabemos que se había acostumbrado a vivir diferentes formas de violencia, una trágica visión del mundo y del hombre, imborrable, para siempre conmovedor.

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