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Dicen en el campo...
Guillermo Moreno
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... que, «de 2003 a 2007 se ganó mucha plata y se perdieron muchos productores, y ni la Federación Agraria, que entonces era oficialista, se ocupó de eso», se quejaba días atrás un productor entrerriano que aún espera poder vender su trigo. «Logramos los máximos históricos, pero también tenemos muchos problemas de calidad», explicaba el hombre, aunque esto no alcanzaba para justificar la falta de negocios que sigue habiendo alrededor del cereal. «Nunca debimos aceptar las listas», cerró a modo de corolario, aludiendo a los nombres que, dicen, debían ser autorizados previamente por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, para quedar habilitados para cerrar los negocios de exportación a «precio lleno». Tan compleja es la situación del cereal, que en una reciente muestra del campo, algunas empresas de maquinarias ni siquiera lo aceptaban para canje. Para colmo, desde hace alrededor de 30 años que prácticamente no existen los créditos productivos para el campo desde aquel famoso: BID-INTA (sólo se otorgaron algunos pocos de «evolución» a seis meses) y eso, naturalmente, repercute en las posibilidades del sector de maquinaria agrícola, casi tanto como en las chances de lograr mayores volúmenes de producción.
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... que la escasez de combustible (que se viene mencionando desde hace semanas) sigue acentuándose y complicando al interior, aun antes de que se inicie el grueso de la cosecha momento en el que, obviamente, se registra el pico de demanda. Pero peor todavía son los problemas -previsibles- que está generando la «calidad» del gasoil importado, falto de refinamiento, tanto en los rodados como en las maquinarias agrícolas, mientras que el de buena calidad es más caro que la nafta especial y, obviamente, incrementa adicionalmente los costos de los productores. Otro tema que seguramente va a traer «cola», si se ratifica, es el recorte que recibirían los feedlots a partir de enero pasado (como los pagos de la ONCCA están atrasados, todavía no se llegó a ese mes), ya que a partir de ese momento sólo recibirían compensaciones los animales que pesen más de 350 kilos. «No vamos a estar poniendo plata para terneros, novillitos y vaquillonas que van a los sectores de mayores recursos», se justificó días atrás un funcionario, de los pocos que se dejan escuchar últimamente. Es que en Agricultura están demasiado «ocupados», especialmente, en conseguir oficinas, ya que la gente se «choca en los pasillos», aunque casi no quedan funcionarios de carrera, de los que sabían. Tanto es así que por primera vez en años, Agricultura no asistió a la reunión del Codex Alimentario, de la que es responsable. Una de las últimas bajas fue la de Mercedes Nimo, del área de Alimentos, que terminó en la otrora vigorosa COPAL, tal vez cansada de que su área no exista siquiera de «nombre», exigencia que habría «puesto» la ministra Débora Giorgi para no dejar tan en evidencia la «vaciedad» de su área, ya que cuando la Administración K irrumpió con el «Ministerio» de Agricultura le sacó la mitad (o más) de su cartera y recicló a Julián Domínguez para ponerlo al frente del área que se le escapó (a Giorgi) entre los dedos. De tal forma, parece que Agricultura sigue teniendo todas las incumbencias sobre alimentos y sus industrias, pero no lo puede mencionar, al punto que la repartición que están rearmando podría llegar a llamarse: de «transformación», en lugar de «alimentos», un eufemismo ridículo, por cierto. Y el otro problema grave que tienen es que el organigrama no está o nadie lo conoce. Y esto, sin contar los esfuerzos que sigue costando mantener la «imagen» del SENASA, cada vez más deteriorado ante la falta de conducción. Donde, a pesar de los escándalos aún no aclarados, parece correr «otro aire», sigue siendo en la descentralizada ONCCA. Es que la poderosa oficina de control comercial, que maneja los subsidios y las compensaciones a la carne, lácteos, harinas y a algunas materias primas, y que estuvo en manos de Ricardo Echegaray (algunos dicen que lo sigue estando), a pesar de sus oficinas en Agricultura (de la que teóricamente depende), del edificio reciclado de Barracas y del área que tiene en la propia AFIP, parece que estaría por hacerse del espectacular edificio de época del Banco de Torquinst, emblema, en su momento, del poderío del ahora disuelto Grupo Capózzolo, en plena City porteña.


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