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Dicen en el campo...
Alfredo de Angeli
... que mientras tanto, se vinieron confirmando algunos pronósticos como el nuevo déficit en materia energética que, de golpe, se dio en dos frentes: gas y gasoil, a pesar de que todavía no comenzaron los más fuertes fríos invernales. De tal forma, ya en algunos lugares del interior se está registrando la falta de combustible, incluso, para terminar la cosecha, como ocurre en varias partes del Litoral, aunque sigue siendo alto el tráfico de camiones cisterna (llenos) con destino a Bolivia. Es fácil ver los tandems circulando por la Ruta 34, por Pozo Hondo, Buturanco o Toro Negro. Peor aún fue la nueva abrupta restricción de gas a centenares de fábricas del interior, muchas de ellas de alimentos. Donde los pronósticos no fueron tan ciertos fue en el clima, ya que se preveía un otoño muy llovedor que, en la mayoría de los casos, fue exactamente lo opuesto.
Y esa falta de humedad, que tiene que haber incidido en los cultivos al afectar el llenado de granos, es lo hoy hace que sorpren-dan algunas estimaciones de cosecha, incluso privadas, que superan a las oficiales de Agricultura, que está ubicando la recolección en 92 millones de tonela-das, con algo más de 53 millones de soja, pero con unos discutibles 21 millones de maíz para grano (independientemente del otro 20% del cultivo para pas-toreo), que ubican el rinde promedio del cereal en 8 toneladas por hectárea a nivel nacional, lo que es muy difícil de creer, si bien en algunas localidad puntuales hubo rendimientos extraordinarios, superiores a los 100 quintales por hectárea.
... que mientras todavía se comenta el «hallazgo» de Coninagro que, en la presentación del Consejo Productivo de Eduardo Duhalde, destacó las recomendaciones de la FAO para resolver la seguridad alimentaria que tanto preocupa al Gobierno, otros prefirieron comentar lo «ecléctico» del temario del Congreso de CRA en Mar del Plata. Es que la gente del ruralista Mario Llambías (una de las entidades que, llamativamente, menos legisladores nacionales tiene y que, prácticamente, hasta ahora no participó de las reuniones formales de la Comisión de Agricultura) eligió temas como «El futuro político institucional» o «El orden constitucional y el orden político». A pesar de la indiscutible trascendencia de los temas, el asunto de «Los valores y el judaísmo», o «El tango del siglo XXI en la Argentina, ¿más cambalache?», sin ningún ítem sectorial en el amplio programa y el mucho más amplio todavía listado de oradores, sorprendió a más de uno. Igual sorpresa, aunque en un sentido totalmente opuesto, se llevaron los que escucharon al titular de Coninagro, Carlos Garetto, hablando se seguridad alimentaria, pero en términos del máximo organismo mundial de alimentos: la FAO. Es que el poderoso órgano de Naciones Unidas recomienda para garantizar la seguridad alimentaria, entre otras cosas, apuntar al desarrollo rural, incrementando la productividad en la producción de alimentos, y también, revitalizar al sector pecuario. Además, menciona el restablecimiento de las organizaciones rurales o, por ejemplo, la reactivación de los sistemas de financiación rural. En los corrillos tras la presentación, la lectura era que entonces, según la FAO, aunque el discurso diga lo contrario, la administración K estaría en las antípodas de tener una política que apunte a la seguridad alimentaria, y no sólo porque se perdieron 10 millones de cabezas del stock vacuno en menos de un quinquenio, o se produjo la mayor caída del área triguera en 100 años, sino también por la mala relación con las entidades del sector y el desgaste institucional al que sometió a las organizaciones del campo.


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