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Dicen en el campo
Guillermo Moreno
... que para los especialistas el tema pasa a ser crucial, pues diferencias de 5, 8 o 10 millones de toneladas en más o en menos, con el actual nivel nacional de gastos y con el panorama de inestabilidad que hoy ofrece el mundo, sobre todo Europa, significarían para la Argentina la casi desaparición de márgenes y la necesidad de recortes, por ejemplo de subsidios, mayores a los calculados. Naturalmente, los datos oficiales, como siempre, son extremadamente optimistas y, si bien para la cosecha total aún faltan 4 o 5 meses, ya se sabe que el resultado de la fina, especialmente el trigo, va a ser malo y que las recolecciones que ya se iniciaron en el norte están dando rindes muy bajos. Así lo explicaba un grupo de productores a economistas de la talla de Roberto Alemann, Miguel Angel Broda, Enrique Szewach y Daniel Artana en el Sheraton de Retiro, poco después de que el titular del Banco Central de Uruguay, Mario Bergara, había afirmado que «lo que vendemos ahora vale (los commodities) y lo que compramos se abarata». «Hay una revalorización de nuestras producciones», dijo refiriéndose a los países de la región, lo que alegró a los hombres de campo que andaban por ahí. También, la afirmación del máximo directivo de una multinacional sobre el buen resultado de sus inversiones ganaderas sindicándolo, además, como uno de los pocos rubros confiables en esta etapa (no se espera caída de precios ni a pesar de la desaceleración/recesión económica mundial que se prevé), agregó una cuota extra de distensión entre los agropecuarios.
... que, sin embargo, la dosis homeopática de optimismo no alcanza para neutralizar la realidad del día a día. De hecho, continúan los avatares del trigo de la campaña pasada que sigue sin ser liberado por la Secretaría de Comercio Interior, que dirige Guillermo Moreno. Mientras se esperan los anuncios para la apertura de unas 400.000 toneladas de la vieja cosecha (apenas un 10% de lo que estaría almacenado), se suman nuevas trabas burocráticas y otra declaración de tenencia que, aparentemente, se deberá hacer ante el Ministerio de Agricultura para poder ponerse en la fila de los que pretenden el cada vez más codiciado permiso de exportación. En los pasillos no están muy claras las razones, ya que a nivel internacional se podría seguir perdiendo precio, la Argentina necesita en forma más que evidente esas divisas y, como si fuera poco, la liberación de este mercado implicaría una excelente señal para la próxima campaña, no ya desde el punto de vista productivo (que ya está jugado), sino justamente en términos de especulación con el futuro del dólar. Pero tampoco los que logran exportar (cualquier producto) están demasiado bien, ya que se siguen demorando las devoluciones de IVA que, en algunos casos conocidos, se remontan a febrero-marzo y, aparentemente, sin muchas chances de recuperar pronto esos fondos.
... que, mientras algunos comentaban el sorpresivo pase de Luis María Kreckler de la Secretaría de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería a la embajada argentina en Brasil, donde deberá lidiar con una realidad bien distinta a la de los últimos años (el vecino del Mercosur era el mayor cliente de la Argentina, absorbiendo más del 25% del total de las ventas externas locales), los hombres de negocios se preguntaban quién ocupará ahora su lugar, que en otros momentos ocuparon especialistas de la talla de Jorge Campbell o Alieto Guadagni. Otra inquietud, aunque totalmente local, es la que surgió con la resolución del SENASA autorizando a veterinarios privados a dar la vacuna antiaftosa cuyo monopolio, hasta ahora, tenían las fundaciones de lucha. Algunas entidades protestaron la decisión aunque, por lo bajo, no pocos empresarios la aprobaron, ya que no todas las fundaciones del país funcionan con eficiencia y no hay ningún control sobre ellas (ni público ni privado), más allá de que varias funcionan en las instalaciones de las sociedades rurales locales.


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