Diego Vergara, la búsqueda posromántica

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Después de la excelencia del debut porteño con la muestra "La existencia está en otra parte", el artista santafesino Diego Vergara vuelve a exhibir sus pinturas en la galería Catena. Sus obras se acercan a la condición llamada "Museum Quality", quedan flotando en la memoria como algunas grandes piezas que por condición icónica codician los museos. Las nuevas pinturas no son muchas y entre ellas se destacan los retratos de Romeo y Julieta. Vergara pintó los rostros en el momento preciso en que unas sutiles manchas verdes y violáceas sobre la piel inmaculada de los amantes, comienza a delatar la muerte. Apenas un rastro, una pincelada de color trae todo el drama a la escena. En otra de las salas hay un vestido visto de espaldas, blanco y bordado. El blanco y la luz que irradia es, más allá del rescate desesperado de la ilusión romántica, el amor, la pureza y la búsqueda de lo sublime, el tema de Vergara en esta muestra. Un cuadernillo de textos escritos por el artista forma parte de la exhibición. Uno de los capítulos se llama "La luz, como la sombra, también oculta", y allí describe en parte la presencia del color blanco en la muestra. "Todos esos brillos y reflejos, todos los plumajes y pelajes, todos los pétalos que se abren o se desparraman por el espacio son blancos. Todo cuanto se presenta en el mundo pictórico que imagino se reviste en luminiscencia. El óleo blanco -en tanto materia- se vuelve luz, lo tangible en intangible, las superficies blancas en espejos sobre los que parecen rebotar rayos cegadores". En la exposición, hay un conejo mágico, irradia una luz que proviene del interior de su cuerpo.

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