28 de julio 2009 - 00:00

Dilema “progre”: modelo K, pero sin Kirchner

Víctor de Gennaro
Víctor de Gennaro
Sin brújula, en busca de algún destino que los cobije, Luis D'Elía y Emilio Pérsico tuvieron un domingo cargado de íconos: abrazaron la memoria de Eva Perón y su identidad como kirchneristas en un movimiento que expresa el dilema de la progresía vernácula.

Todavía K -categoría de la que no pueden despegarse- D'Elía y Pérsico son expresiones visibles de un sector, ancho y diverso, que empezó a transitar la contradicción de validar el modelo K en un proceso del que deben excluir al idéologo del mismo, Néstor Kirchner.

Así como el peronismo, más brutal, ya diseñó varios planes que no contemplan al ex presidente -o le otorgan un protagonismo periférico-, el variopinto colectivo progresista comenzó a asimilar esa idea sobre el concepto de que sólo así puede sobrevivir.

Varias líneas

El intríngulis opera en varias líneas:

  • Kirchner, asumen en la progresía K, dejó de ser una figura electoral y, deteriorado, mal podría estelarizar, como candidato, un armado de cara a 2011. Pero, además, su figura interviene como un elemento crítico a la hora de querer ampliar la base de consensos y acuerdos dentro de ese espacio. Un caso: con Kirchner en el primer plano, no hay cercanía posible con Fernando «Pino» Solanas. Tampoco parece posible ni siquiera iniciar un diálogo con el ala Víctor de Gennaro de la CTA si el patagónico tiene decisión en el diseño de un megafrente del centroizquierda.  

  • Frente a ese panorama, Kirchner aparece como un elemento de dispersión entre los sectores «progre». No es el único: también D'Elía, en otro rango, genera resistencias y desde otro lugar Pérsico produce rechazos. No le va mejor a Solanas, a quien castigan por «personalista» y que interfiere en la alianza entre De Gennaro y Claudio Lozano por el protagonismo que adquirió el cineasta tras su elección porteña. El punto, de todos modos, es que a grandes rasgos los Kirchner se apropiaron de la agenda progresista y esos sectores, incluso los que compitieron contra el Gobierno, no pueden despegarse de ella. De ahí que hablen de un kirchnerismo sin Kirchner, como los gobernadores del PJ invocan un peronismo sin Kirchner.

  • Hay un bloque pro Kirchner, que igual entiende que el ex presidente debe salir, siquiera temporalmente, de escena, que se reparte en cuatro tribus: Carta Abierta, D'Elía y su CMP, Pérsico y sus grupos satélites y el grupo con empatía con Carlos Heller, donde aparecen el Frente Grande de Eduardo Sigal, el PI y, entre otros, el Frente Transveral de Edgardo Depetri y Oscar Laborde. Pérsico y D'Elía ni se hablan -compiten entre sí-, los «carteros» prometen encarar un rol más político y militante, y el cuarto club trata de consolidarse y sumar espacio de gestión, entre ellos, con Depetri como secretario de Vivienda. 

  • Entre los no K aparece Martín Sabbatella con el eje de Nuevo Encuentro donde están Hugo Yasky -a quien De Gennaro le imputa traición por haber compartido lista en Capital con Noemí Rial, por su pasado en UPCN, gremio enfrentado con ATE- y los ARI residuales del SI que comanda Eduardo Macaluse.

    Más afuera, en abierta competencia con los Kirchner, aparecen Solanas y De Gennaro y Libres del Sur de Humberto Tumini. En otro plano operan Daniel Filmus -el único de diálogo con Cristina de Kirchner- y el frente porteño que apostó a Heller y ahora debe buscar un candidato para 2011.

    Con leyes propias se mueven Hermes Binner y algunos intendentes del conurbano como, entre otros, Francisco «Barba» Gutiérrez (Quilmes) y Mario Secco (Ensenada).

  • Ante eso, el Gobierno se quedó casi sin interlocutores directos, que debe instalar para trabajar sobre ese bloque en el Congreso, donde empujan la táctica «ley por ley» para negociar cada proyecto con esos sectores que aportarían unos 15 diputados y podrían, en general, tener buena sintonía con leyes del kirchnerismo de perfil «progre».
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