31 de marzo 2011 - 00:00

Dilemas de una intervención improvisada

Londres - A pesar de haber creado un «grupo de contacto» sobre Libia, los occidentales que bombardean desde hace casi dos semanas objetivos militares en el país africano parecen tener dificultades para lograr una cohesión internacional clara para derribar a Gadafi.

¿Exilio o no para el jefe de Estado libio, en el poder desde hace más de 40 años? ¿Ayuda militar o no para los rebeldes de Bengasi? ¿Reparto más o menos claro de los papeles entre la «conducción política» de las operaciones militares y la dirección de éstas últimas por parte de la OTAN?

El martes, los cerca de 40 países reunidos en Londres se esforzaron en mostrar un frente unido en torno a la constatación de que «se evitó un derramamiento de sangre».

Pero en el fondo, quedan todavía varias preguntas en suspenso.

Punta de lanza de una coalición internacional de una decena de países, Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña hablaron con una sola voz para decir que tras los intensos bombardeos «no hay nada ganado» y que la guerra debía «continuar hasta que se alcancen los objetivos de la ONU, es decir que las poblaciones civiles ya no estén amenazadas».

Según Italia, 35 países se unieron a ellos para decir que el problema principal era el coronel Gadafi y que éste tenía que abandonar el poder, incluso si este objetivo no figura en ninguna resolución de la ONU.

La manera de lograrlo divide a los miembros del nuevo Grupo de Contacto sobre Libia.

Exilio

Algunos, como Italia y España, mencionan abiertamente la posibilidad de un exilio del jefe de Estado libio, otros hablan de que rinda cuentas ante la Corte Penal Internacional (CPI) por presuntos crímenes de guerra. Por su parte, el ministro de Relaciones Exteriores francés, Alain Juppé, dijo esta semana que correspondía ante todo «a los libios deshacerse de él».

Para precipitar la caída del régimen y poner fin lo antes posible a operaciones aéreas onerosas en esta era de ajuste para los países más ricos del planeta, Washington inició una reflexión sobre la necesidad o no de armar a los rebeldes.

La Resolución 1.970 de la ONU prohíbe, sin embargo, «el suministro directo o indirecto, la venta y la transferencia de armas o de material conexo de todo tipo». Pero la siguiente, la 1.973, prevé «todas las medidas necesarias» para proteger a los civiles.


Con el paso hoy del testigo de todas las operaciones militares a la OTAN, la coalición de países que abrieron fuego contra las tropas de Gadafi debería lógicamente disolverse en la Alianza, posiblemente con disposiciones para los países no miembros que participan en las misiones aéreas, especialmente Qatar y Emiratos Árabes Unidos.

Los miembros de la coalición se reunieron el martes antes de la conferencia y, según fuentes francesas, deberían volverse a encontrar.

Aunque la estrategia global es ahora responsabilidad del Grupo de Contacto, la unanimidad de su veintena de miembros podría tropezar en el futuro con temas espinosos. ¿Cómo asegurar sin tropas terrestres la seguridad del envío de ayuda humanitaria que todos «quieren acelerar»? ¿Qué hacer frente a columnas de tanques que se dirigen hacia una ciudad?

«Los objetivos seguramente no va a elegirlos el grupo de contacto; es responsabilidad de la OTAN», dijo Juppé.

Entre sus miembros figuran, por ejemplo, Alemania y Turquía, opuestos al uso de la fuerza.

Agencia AFP

Dejá tu comentario