La participación de Rousseff en la ceremonia fue un gesto de acercamiento al Congreso, después de haber vivido el año pasado enfrentamientos crecientes con ambas Cámaras legislativas, dado que en otras oportunidades, la jefa de Estado siempre delegó esa tarea en uno de sus ministros.
Los abucheos inundaron varias veces la sesión plenaria, que reunió a todos los integrantes de la Cámara de los Diputados y el Senado, en una forma de protesta de la oposición ante la propuesta de Rousseff de crear un nuevo impuesto que el Gobierno considera necesario para corregir el déficit.
El presidente de la Cámara de los Diputados, Eduardo Cunha, quien está enemistado con Rousseff, recordó en su discurso las tensas relaciones entre el Gobierno y el Congreso el año pasado, advirtió que "la crisis" está "en alza" y dijo que 2016 "será un año difícil".
No obstante, Cunha no citó la cuestión que llevó el año pasado la crisis política a su cenit: el inicio de los trámites en la Cámara baja para promover un juicio político con el que despojar de su mandato a Rousseff.
Los trámites del juicio político, que se basa en unas maniobras irregulares supuestamente realizadas por el Gobierno para maquillar sus resultados fiscales, empezaron el pasado diciembre, pero el proceso fue suspendido por orden del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ, Corte Suprema) por haber detectado "errores de procedimiento". Cunha ha anunciado que pretende volver a impulsar el proceso en las próximas semanas, con el propósito de que la Cámara de los Diputados decida si juzga a Rousseff o no hasta el próximo mes de marzo.
En la sesión inaugural del Congreso, el presidente del Senado, Renan Calheiros, fue la única autoridad que hizo un gesto amistoso hacia la mandataria, ya que afirmó en su discurso que la decisión de Rousseff de participar en la ceremonia "es una demostración de quien busca el diálogo y soluciones".
Rousseff decidió acudir a la ceremonia para pedir apoyo a los diputados y senadores para aprobar las leyes de perfil económico que pretende impulsar el Gobierno con el objetivo de sacar el país de la recesión. Precisamente una de esas medidas, la propuesta de un nuevo impuesto para gravar todas las transacciones financieras, provocó las respuestas más airadas por parte de la oposición.
Rousseff también aprovechó para pedir que se castigue "con rigor" a los responsables de actos de corrupción, en alusión al escándalo que tiene en su eje a la petrolera estatal Petrobras y por el que son investigados medio centenar de diputados y senadores.
| Agencias Brasil 247 y EFE |

