31 de agosto 2010 - 00:00

Dinero del helicóptero cayendo para el Tesoro

Ben Bernanke
Ben Bernanke
La economía está luchando aún. Mientras en algunos aspectos es inevitable dada la magnitud del impacto financiero del que lentamente está saliendo el sistema, la política macro todavía juega un papel importante en la prevención de una recaída. Desafortunadamente, la Reserva Federal tiene los recursos, pero no los instrumentos, mientras que el Tesoro tiene los instrumentos, pero carece de recursos. Es evidente que lo que se necesita es transferir desde la Fed hacia el Tesoro.

Esto no es algo para ser tomado a la ligera, porque gran parte del progreso que han hecho los bancos centrales en las últimas décadas ha sido canalizada hacia ampliar su independencia de las hambrientas garras del Ejecutivo. Sin embargo, todo buen sistema necesita cláusulas de salida si ha de ser mantenido como ancla de las preocupaciones cotidianas de la política monetaria. Más aún, el presidente de la Fed, Ben Bernanke, debería tener la última, y tal vez la primera, palabra en este asunto.

¿Pero no es el aumento de la emisión monetaria dicha política? No exactamente. Una mayor emisión, cuando es dirigida a los bonos del Tesoro, agrega un poco de bondad al bajar el costo de financiamiento de la deuda pública y también contribuye un poco con el costo a largo plazo del capital para el sector privado. Pero éstos son efectos secundarios; el Tesoro sigue aumentando la deuda pública rápidamente, y una baja sutil del costo del capital no ayuda mucho al sector privado si la demanda agregada no está para comprar los bienes en un primer lugar.

Recortando impuestos

Lo que necesitamos, en cambio, es una expansión fiscal que no aumente la deuda pública de la misma manera. Esto puede ser logrado con una caída de dinero «desde un helicóptero» apuntada al Tesoro. O sea, un regalo monetario de la Fed al Tesoro.

Los críticos pueden argumentar que esto sería una practica contable «vudú», como es todavía el caso de que el balance consolidado del Gobierno, que incluye a la Fed, ha incurrido en un pasivo. Pero este argumento pierde el punto de que la economía está en una trampa de liquidez, y una vez que esto sucede, el sistema se vuelve propenso a la absorción de cantidades ilimitadas de dinero. En este contexto, al cambiar la composición de los pasivos del sector público consolidado, el Gobierno consigue una especie de «almuerzo gratis».

Los críticos también pueden sostener que, aunque si esta lógica se mantiene durante «una trampa de liquidez», las cosas podrían salirse fuera de control una vez fuera de ésta. Considero que esto puede ser resuelto teniendo mecanismos de la Fed listos para un rápido drenaje una vez que la economía salga del pozo (la Fed ya está trabajando en el diseño de estos mecanismos), y al añadir una contingencia al regalo del «helicóptero».

Desde la perspectiva de la estabilidad de la deuda pública, el escenario preocupante es una combinación de grandes déficits fiscales con estancamiento. Al hacer contingente la deuda pública al fin del estancamiento, este temido escenario puede ser evitado. Y al tener esta deuda contingente en manos de la Fed, existe un beneficio adicional de que la ineficacia de la política monetaria en medio de una trampa de liquidez se revierta al actuar, en cambio, como política fiscal.

(*) Publicado ayer en voxEU.org.