11 de noviembre 2010 - 00:00

Diputados: duro debate voto a voto por el Presupuesto 2011

Hubo aplausos en los dos bandos, aunque sólo para el izamiento de la bandera en el recinto de Diputados en el inicio de la sesión para debatir el Presupuesto 2011. De ahí el festejo que unió a Ricardo Alfonsín, Agustín Rossi, Carlos Cuto Moreno y Carlos Kunkel, pero que no compartió Alfonso Prat Gay. El resto fueron negociaciones que terminaron dividiendo a los bloques.
Hubo aplausos en los dos bandos, aunque sólo para el izamiento de la bandera en el recinto de Diputados en el inicio de la sesión para debatir el Presupuesto 2011. De ahí el festejo que unió a Ricardo Alfonsín, Agustín Rossi, Carlos Cuto Moreno y Carlos Kunkel, pero que no compartió Alfonso Prat Gay. El resto fueron negociaciones que terminaron dividiendo a los bloques.
La pelea por aprobar el Presupuesto nacional 2011 seguía anoche en el recinto de Diputados con los votos contados en cada bando. Tras diez horas de debates, el kirchnerismo intentaba convencer a aliados para lograr una victoria que parecía en algunos momentos inalcanzable. La oposición, después de haber pasado uno de sus peores días al dividirse entre quienes bajaron a dar quórum y los que resistieron su apoyo a la sesión y en medio de denuncias de negociaciones con el Gobierno, sostuvo su propio dictamen, que dispone transparentar la inflación, incorporar al Presupuesto los excedentes de recaudación, el pago del 82% a jubilados y una restricción en el uso de los superpoderes.

La sesión de ayer se inició con un escenario que nunca fue claro y con demasiadas incógnitas. Hubo decenas de negociaciones dentro de la oposición que no llegaron a un acuerdo sobre prestarse o no a dar quórum para el debate en la sesión especial que había pedido el kirchnerismo para las 12.30.

El Grupo A terminó dividido: la UCR, el PRO, el GEN, el bloque Peronista de Graciela Camaño y el Partido Socialista decidieron bajar a sesionar. El Peronismo Federal, la Coalición Cívica y Proyecto Sur quedaron fuera del recinto.

Con ese esquema, el Gobierno llegó a los 129 para arrancar el debate. Y se abrieron inmediatamente tres opciones: un triunfo del Gobierno, que el dictamen de la oposición ganara en el recinto o que se cayeran los tres dictámenes emitidos en la comisión, incluyendo al tercero de Claudio Lozano y Fernando Pino Solanas, que se diferenció de los otros dos.

Un posible triunfo opositor abría un camino nunca transitado: la sanción de un Presupuesto redactado por la oposición para un Gobierno que ni siquiera aceptó introducir cambios en su proyecto original. Ante esa posibilidad, el único plan B posible, que anoche se evaluaba entre las bancas, era pasar a un cuarto intermedio tras la votación en general.

Pero incluso desde el inicio de la sesión, el kirchnerismo supo que, de lograr la aprobación en general de su proyecto, se abriría otra batalla: la oposición unida en el recinto tenía suficiente poder como para forzar modificaciones en el proyecto. Sabiendo ese riesgo, el oficialismo decidió ayer comenzar la sesión.

«Este proyecto reforzará la continuidad del crecimiento de la actividad económica real... El nuevo esquema macroeconómico con superávit externo y de la cuenta corriente dio lugar a un crecimiento sustentable. Es claro que no queremos y vamos a hacer todos los esfuerzos para no abandonar este instrumento de política económica de importancia, porque deja clara la continuidad y la profundización de un programa de gobierno», dijo el santafesino Gustavo Marconato para comenzar el debate.

Respondía a la orden de Cristina de Kirchner desde Corea: «No modificar ni una coma».

Por la oposición, Alfonso Prat Gay defendió el primer dictamen de minoría: «No es un modelo alternativo de gobierno, sino un Presupuesto del Gobierno con mayor control e indicadores reales con una mayor prioridad que la deuda externa como es la deuda interna con los jubilados», protestó.

Ese dictamen, como explicó el salteño Marcelo López Arias, peronista disidente que participó de la redacción, establece un crecimiento del 6%, una inflación del 25% (en lugar del 8,9% que fijó el Gobierno), un dólar a $ 4,31, excedentes de recaudación de alrededor de $ 36.700 millones que se incorporan a los recursos, respeta el plan de obras establecido por el Gobierno, suspende los superpoderes por un año, asigna una partida de $ 10 millones para el pago de la Asignación Universal por Hijo y establece el 82% móvil para jubilaciones.

Lo siguió el radical Oscar Aguad criticando el cálculo que hizo Amado Boudou de las proyecciones como inflación y crecimiento, «sin hablar del experto en el manejo de precios públicos el contador Guillermo Moreno, cuya política en materia de carnes va a ser recordada por el resto de la historia argentina. Pero el problema es que todo esto lo venimos advirtiendo hace tiempo», dijo.

El tercer dictamen en pugna, sin posibilidades de ser aprobado, fue defendido por Lozano: «El Gobierno olvida la movilidad jubilatoria y la actualización de subsidios», y criticó el otro proyecto de la oposición por tener inconsistencias.

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