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Disputa comercial con la UE por trabas de Moreno
Guillermo Moreno
El Ministerio de Relaciones Exteriores, en tándem con el de Industria de Débora Giorgi, comenzarán a discutir con enviados de la Unión Europea (UE) las trabas a las importaciones que aplica la Argentina contra los envíos de alimentos de ése y otros orígenes, a partir de los listados móviles que emite cada día el secretario de Comercio Interior Guillermo Moreno, pese a las desmentidas oficiales. La discusión se dará en realidad dentro de otro marco: el comienzo formal de las negociaciones entre el Mercosur y la UE para un potencial acuerdo de apertura comercial entre los dos bloques. La posibilidad de llegar a algún tipo de buen resultado en estas discusiones es más bien utópica, al menos en el corto plazo. Sin embargo ambas regiones se comprometieron a retomar el debate hace dos meses y hoy comenzarán las rondas oficiales. Como Argentina tiene la presidencia pro tempore del bloque sudamericano hasta julio, Buenos Aires será la sede de los encuentros entre los enviados del Mercosur y la UE. Esto ocurre precisamente cuando Argentina es señalado desde todos los costados como un país que unilateralmente decide cerrar el ingreso de mercadería según lo que se considere en cada jornada como perjudicial para sus industrias internas. Curiosamente entre los perjudicados no sólo están las importaciones europeas de alimentos sino también las ventas de Brasil, en cuanto este país en teoría estaría del lado argentino en las discusiones contra la UE.
Según declaró ayer oficialmente el Ministerio de Industria argentino en un comunicado, «no existen bloqueos a las importaciones de productos alimenticios de la Unión Europea». La declaración apareció en realidad como respuesta a otro comunicado público emitido desde Bruselas (la sede del bloque europeo), firmado por el vocero de Comercio, John Clancy, donde se le pide al Gobierno de Cristina de Kirchner que deje de trabar la importación de sus mercaderías. Sin rodeos, Clancy salió desde la capital de Bélgica a acusar a la Argentina de proteccionismo y le reclamó que dejara de bloquear el ingreso de productos provenientes de la UE.
«Estamos muy preocupados» por las medidas proteccionistas «recientes» que tomó Argentina y que tienen «un impacto negativo en algunas exportaciones de productos comestibles de UE», dijo Clancy, asegurando además que las restricciones son «contrarias a los compromisos tomados ante la Organización Mundial del Comercio (OMC)». El vocero reclamó finalmente que «urgimos a Buenos Aires a dejar de bloquear inmediatamente estas importaciones europeas».
Horas después, desde Buenos Aires, el comunicado emitido por el ministerio que maneja Giorgi aseguró que no se aplican estas trabas denunciadas por la UE, y que además se debe tener en cuenta que «el nivel de subsidios con el que los países del Viejo Continente benefician a sus productores agropecuarios».
Giorgi destacó que el país tiene «herramientas» dentro del marco de la OMC para evitar el ingreso de mercadería con dumping social, ambiental y financiero. Según dijo, son estrategias para evitar que el dumping produzca «daño comprobable» a la industria nacional y ponga en riesgo los puestos de trabajo.
Así, la relación comercial entre el país y la UE alcanzó un preocupante punto de tensión sólo horas antes de que arranquen las negociaciones para un eventual Tratado de Libre Comercio (TLC) entre ese bloque y el Mercosur; estas discusiones están suspendidas desde octubre de 2004 y por pedido del español José Luis Rodríguez Zapatero (presidente del país que ejerce en este momento la presidencia de la UE) se retomarán mañana en Buenos Aires.
A priori, y por situaciones particulares de cada bloque, las negociaciones parecerían no tener un destino positivo o favorable. Además de las acusaciones de la UE (compartidas por Brasil) en contra de las trabas a las importaciones de alimentos que se aplican desde Buenos Aires, y que desde el Gobierno de Cristina de Kirchner no se piensan desmontar, el Mercosur tiene sus propios temores y denuncias contra Europa.
El bloque que integran Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay asegura que no hay intención seria desde la UE en reducir seriamente los subsidios a los productores agrícolas de ese continente, lo que le impide a las exportadores agropecuarios y alimentarios sudamericanos ingresar libremente en Europa. Además se considera que en el marco actual de crisis financiera y económica dentro de la UE, ese bloque podría reducir sus niveles de consumo y liberar productos para las exportaciones al resto del mundo. En ese marco bajar las trabas a las importaciones europeas, es-pecialmente en alimentos y artículos industriales, sería impensable para el Mercosur.
Como contrapartida, una decena de países europeos, a la cabeza de ellos Francia, se opuso a la decisión de la Comisión Europea de volver a la mesa de negociaciones al estimar que puede poner en peligro el futuro de las ayudas públicas europeas a los agricultores. La Política Agrícola Común (PAC) es uno de los principales puntos de fricción entre la UE y el Mercosur, y Cristina de Kirchner, no desaprovechó la oportunidad de cargar contra esos subsidios durante la cumbre eurolatino-americana de mayo en Madrid.
En 2009 el Mercosur le exportó a la Unión Europea por 61.000 millones de dólares en 2008, 22% del total de los embarques extrazona, mientras que importó por 46.000 millones de dólares, 17% de los ingresos extrazona.


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