“Donde el tango vive” logra renovar estilo de cena-show

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«Donde el tango vive». Dir. gral.: Paola Jean Jean y Nicolás Cobos. Vestuario: Alberto Mauri. Escenografía e iluminación: Daniel Matuone y Tito Romero. Dir. musical: Hernán Posetti. Int: H. Pilatti, A. Vignola, L. Malucelli, M. Roberts y elenco. (Madero Tango).

Las grandes casas de tango, esas que suelen ofrecer el formato cena-show en un entorno generalmente lujoso, se debaten permanentemente entre apuntar hacia el consumidor local o hacia el turista, sobre todo el extranjero; entre armar su propuesta artística buscando el «sabor local» o apelando a lo más convencional e internacionalizado; entre dar «lo que la gente quiere» o hacer la propia con el riesgo estético y económico que eso implica, entre apelar a las grandes figuras o poner al espectáculo por encima de los nombres.

Esas dudas se van resolviendo más o menos bien a lo largo del tiempo y siempre dentro de lo opinable del asunto. Los mismos músicos, cantantes y bailarines, reniegan de la reiteración de piezas y movimientos conocidos hechos noche tras noche, pero a la vez se sienten atraídos frente a la posibilidad de un trabajo fijo que no siempre ofrece un género como este, aún en la tanguera Buenos Aires. Y las figuras más destacadas han sido muchas veces protagonistas de las propuestas de este tipo de casas.

Esta vez Madero Tango, con su nuevo show, ha resuelto más que aceptablemente las dicotomías planteadas más arriba. Hay en este «Donde el tango vive», un poco para cada gusto. Las parejas de baile, bajo la dirección de Paola Jean Jean y Nicolás Cobos, mezclan números solistas y de ballet completo con movimientos que van del «piso» al «aire», o sea, de la «milonga» al escenario internacional. Tienen en la pareja de Louise Malucelli y Marcos Roberts como su dúo más destacado en lo tanguero, Jean Jean-Cobos hacen un atractivo cuadro con baile de altura y hay un toque malambístico/flamenco en los pies del bailarín Adrián Vergés.

Los cantores -en la noche que presenciamos fueron el muy solvente Héctor Pilatti y la correcta Alicia Vignola- cumplen en un recorrido de piezas clásicas: «Melodía de arrabal», «Azabache», «Canción desesperada» -un excelente momento de Pilatti-, «El último café», un popurrí gardeliano. Pero también van hacia lugares menos habituales, como la milonga «Bien criolla y bien porteña» o la zamba «Romance de luna llena» -en este caso, un papel destacado de Vignola-. Pero aunque es menos «visible», lo que está a la altura de lo mejor que el tango argentino tradicional puede ofrecer por estos tiempos es el sexteto típico que comanda desde el piano Hernán Posetti.

Respaldando a bailarines y cantantes o en algunos muy buenos momentos sólo instrumentales -»La puñalada», «El pollo Ricardo»- muestran que se puede ser local y fresco sin dejar de responder a la estructura de un show que tiene los perfiles muy bien delineados.

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