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Dorantes: flamenco y clasicismo
David Peña, «Dorantes», pianista flamenco de formación clásica, debuta hoy en el país
Formado en el Conservatorio Superior de música de Sevilla, llega por primera vez a la Argentina para presentar su ya lejano primer álbum, «Orobroy» de 1999, publicado sólo ahora en nuestro país. Hará una presentación hoy en el ND/Ateneo junto a Paco Peña en bajo, Tete Peña en percusión y Manuela Ríos en baile. Dialogamos con él.
Periodista: ¿Qué transformación tuvo que hacer en su música para pasar de la tradicional guitarra del flamenco al piano?
Dorantes: No hay predecesores en el piano flamenco como instrumento solista. Hubo buenos pianos flamencos para acompañar al cante pero nadie había contemplado al piano como solista con lenguaje propio, como sí ha pasado con la guitarra. Cuando presenté mi propuesta de música flamenca en 1996, donde el piano era el instrumento principal, creo que abrí un camino hasta entones no hecho. No existían bases sobre las que hacer sonar a un piano «flamenco» sin imitar a la guitarra ni tampoco instrumentistas que lo hubiesen intentado. Yo quiero que el piano hable con entidad propia, sin imitar a nada. Ése ha sido mi aporte. Para ello olvidé los patrones guitarrísticos y busqué formas nuevas, acordes sobre los que estructurar esta nueva aventura. Ahora me encanta ver cómo muchos jóvenes músicos toman el piano como instrumento solista flamenco y me escriben o me llaman para preguntarme por los conceptos, libros, partituras.
P.: ¿Cuánto diría usted que tiene su música de flamenco y cuánto de jazz y de música clásica?
D.: Es totalmente flamenca, con sabor a veces a jazz latino o a clásico. La diferencia de hacer flamenco en piano es el abanico sonoro tan amplio que puedes abarcar, más que con la guitarra, y por ello el oyente se inunda de reflejos de otras músicas que hacen tan particular esta nueva expresión del arte flamenco.
P.: Muchas veces el jazz ha tenido «coqueteos» con el flamenco. ¿Dónde cree usted que está el punto de contacto?
D.: Si bien las cadencias musicales son diferentes, habitualmente los artistas flamencos suelen hacer «standars» de jazz bajo ritmos flamencos (bulerías y tangos sobre todo) o falsetas flamencas en clave de jazz. Este acercamiento lo hace posible la propia indiosincrasia de ambas músicas de fuerte contenido improvisatorio. Yo lo suelo hacer diferente, intento tomar el alma más que las formas por ello mi música no es fácilmente etiquetable.
P.: No es habitual que los músicos de flamenco pasen por los conservatorios, como usted lo ha hecho. ¿Sintió alguna vez que corría el riesgo de perder frescura?
D.: Nunca he creído que el saber más hiciera sentir menos. Estoy completamente seguro de que es necesaria la formación musical para poder desarrollar un abanico más amplio de posibilidades armónicas y conceptuales. Cuando el alma y el corazón están llenos, por vivencias y por cuna, llega un momento en el que hay que abarcar nuevos campos donde poder expresarse y para eso es muy importante tener herramientas. Es como un escritor: a más vocabulario, mejor podrá expresar lo que quiere decir.
P.: ¿Y cómo se hace para que un género popular crezca, sea moderno y, a la vez, mantenga contacto con la tradición y no caiga en los estereotipos?
D.: Siento que mi música gusta a entendidos y a los que no lo son tanto. Eel flamenco se abre al mundo y el mundo abre puertas al flamenco; en grandes escenarios y festivales y ya no sólo en marcos en los que habitualmente se acogía a un flamenco más caricaturizado. Los flamencos debemos cultivarnos y estudiar para llegar a todos los rincones del mundo. Sólo desde el conocimiento de la tradición musical de nuestra cultura podremos avanzar, para poder expresarla en la más contemporánea de las formas. Si mi obra ha ayudado y ayuda en ese avance lingüístico, sentiré que he logrado esa conjunción.
P.: Visto desde afuera siempre es más complicado distinguir lo auténtico de lo falso. Si usted tuviera que aconsejar a un extranjero sobre flamenco, ¿qué artistas, tradicionales o renovadores, sugeriría?
D.: Aconsejo escuchar primero a los grandes maestros de la historia de esta gran música: la Niña de los Peines, Antonio Mairena, Tomas Pavón, Manuel Torres, Tío Gregorio «El Borrico», El Lebrijano, Morente, Camarón, El Perrate, Gaspar de Utrera y muchos más. En definitiva, escuchar mucho, y si es posible convivir alguna vez con flamencos no profesionales en alguna fiesta, mejor que mejor. No hay otra forma.
P.: Entre la gente con la que actuó, ¿de cuáles siente que pudo aprender o tomar elementos que le han servido luego?
D.: El Pele, Arcángel, Noa, Miguel Poveda, Renaud Garcia-Fons, Jose Mercé, Lole, Theodosii Spasov, Esperanza Fernández, Susheela Raman, Tino di Gerarado, Tata Guine, Yehudi Menuhin. De quien me he hecho muy buen amigo es del argentino Tomás Gubitsch, un gran músico y una gran persona.
P.: Ya que lo menciona, ¿qué referencias o qué conocimientos tiene de la música de Argentina?
D.: A través de Tomás y de Marcelo Mercadante he aprendido cosas sobre el tango. De todas formas, en mi casa desde pequeño se ha tenido un gran amor al tango y mi padre siempre ha cantado en las fiestas familiares temas de Carlos Gardel. He escuchado mucho a Astor Piazzolla.
Entrevista de Ricardo Salton


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