6 de agosto 2009 - 00:00

Durísimo melodrama con una mala jugada final

Cameron Diaz, Sofia Vassilieva y Abigail Breslin lideran el buen elenco de «La decisión más difícil» que, salvo en el tramposo desenlace, logra eludir golpes demasiado bajos.
Cameron Diaz, Sofia Vassilieva y Abigail Breslin lideran el buen elenco de «La decisión más difícil» que, salvo en el tramposo desenlace, logra eludir golpes demasiado bajos.
«La decisión más difícil» (My Sisters Keeper, EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: N. Cassavetes. Guión: J. Leven y N. Cassavetes, sobre novela de Jodi Picoult. Int.: A. Breslin, S. Vassilieva, C. Diaz, H. Wahlquist, J. Patric, E. Ellingson, J. Cusack, A. Baldwin.

Cada película de Nick Cassavetes profundiza la diferencia con la filmografía de su padre, John, conocido renovador del lenguaje cinematográfico y los temas hollywoodenses que, por eso mismo, nunca se interesó por las películas de género. «La decisión más difícil» no es la excepción. Se trata de un melodrama en toda regla, bien dirigido y actuado, con el defecto de prometer algo que luego no cumple.

El film empieza con la descarnada descripción en off que hace una chica de 13 años -Anna- de lo que significa para ella haber sido concebida y diseñada genéticamente, in vitro, para salvar la vida de su hermana Kate, que tiene leucemia. Poco después, la misma chica contratará a un abogado para emanciparse médicamente de sus padres, vale decir para que dejen de exponerla a todo tipo de torturas, especialmente ahora que viene lo peor: la a extirpación de un riñón para transplantárselo a Kate.

Planteado el interesante y espinoso asunto, que se supone principal ya desde el título de origen «My Sisters Keeper», Cassavetes lo deja bruscamente de lado para centrarse en los padecimientos de Kate y las consecuencias que esto le acarrea a una familia donde la madre toma las decisiones más duras con el propósito de mantener viva a su hija mayor a cualquier precio. Con evidente esfuerzo por mantener el equilibrio y evitar golpes demasiado «bajos», el director hace un paralelo entre el progresivo deterioro de la enferma y el de las relaciones familiares, donde por supuesto las alianzas están a la orden del día. No siempre lo logra. Al respecto, el peor ejemplo es una historia de amor que busca insuflar vida a la antesala de la muerte, seguido por una musicalización casi siempre desacertada e innecesaria. El mejor ejemplo es el seguimiento del hijo varón cuya callada desolación cala más hondo que mucho de lo que se muestra y dice en otras situaciones abiertamente «para llorar».

Pero, el relato igualmente impresiona, porque el guión no escatima detalles de la cruel enfermedad (no es nada fácil soportar la visión de esta película), y por la entrega de los actores, empezando por la asombrosa Sofia Vassilieva (Kate) y Abigail Breslin (la niña de «Pequeña Miss Sunshine») como Anna. También Cameron Diaz convence en el papel de madre, promocionado como su primer trabajo dramático, y hay dos secundarios notables: Alec Baldwin como el mediático abogado que contrata Anna y Joan Cusack como la jueza que debe fallar en el caso.

Además de un final infinitamente concesivo, que arrasa con todos los esfuerzos anteriores en pro de la sutileza, la revelación de por qué Anna acude a la justicia es una trampa demasiado obvia como para que el espectador no se sienta traicionado. Ahora bien, para reflexionar debidamente sobre el tan contemporáneo tema de la bioética, ésta no es la película indicada.

Dejá tu comentario