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Echo & The Bunnymen obligado a un rock básico y estridente
Hasta el cantante Ian McCulloch no pareció muy a gusto actuando en la discoteca Groove, cuyas características obligaron a la banda a adaptar decibeles, distorsiones y selección de temas.
Ningún show de Echo & The Bunnymen es igual a otro. Esa es una característica que define especialmente a esta banda ya clásica de Liverpool. Y si el sitio donde los Bunnymen van a tocar es una discoteca no apta para sutilezas estilísticas, obviamente su sonido se adaptará necesariamente a las circunstancias en decibeles, distorsiones y selección de temas. Por eso, el concierto que ofreció el miércoles en Buenos Aires resultó mucho más elemental, básico y energético que sus presentaciones de hace años en dos teatros de la calle Co
Abriendo el set con «Going Up» (el primer tema de su primer disco, «Crocodiles»), el grupo adoptó una actitud super rockera que provocó que cada canción reciba un tratamiento ad hoc: los hits y clásicos más fuertes como «Rescue» o «All that jazz» sonaron más fuertes que nunca, y temas más suaves como «Villiers Terrace» o «Zimbo» terminaron siendo furiosamente acelerados.
Aun entendiendo que la performance era la apropiada para el tipo de local (Groove, una ex bailanta de Palermo), finalmente la falta de matices propia de los Bunnymen se iba haciendo evidente, e incluso el mismo cantante Ian Mc Culloch no parecía estar del todo a gusto, como se notó cuando interrumpió su favorito «Bedbugs and Ballyhoo», por algún motivo difícil de precisar, y tal vez tuviera que ver con la iluminación. Los Bunnymen son básicamente McCulloch -con eternos lentes oscuros y cigarrillo intermitente- y el guitarrista Will Sergeant, que se lució con sonidos corrosivos de todo tipo y solos a todo volumen como los del formidable «The Killing Moon» (super hit al que esta variante acelerada le hizo especialmente bien).
El resto de la banda, jamás presentada por el cantante, apenas se hizo notar, salvo momentos culminantes del bajo y la batería como «The Cutter» o «Back of love».
Curiosamente, del último disco, «The Fountain», sólo tocaron un tema, «Think I need it», mientras que los habituales covers que McCulloch suele mezclar en singulares improvisaciones se limitaron a un breve fragmento de «When the musics over» de los Doors y «Walk on the wild side» de Velvet Underground casi al final, en el medio de «Nothing Last Forever».
El público, compuesto por una fauna alternativa multigeneracional, festejó especialmente el último bis, «Lips like sugar». Si bien la actitud ultra rockera de los Bunnymen se disfrutó, al final más de un fan se quedó con la idea de que semejantes leyendas del dark daban para más.


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