30 de junio 2009 - 00:00

Economistas, poco queridos en las urnas

Alfonso Prat Gay, Domingo Cavallo, Ricardo López Murphy, Rodolfo Lavagna, Carlos Melconian
Alfonso Prat Gay, Domingo Cavallo, Ricardo López Murphy, Rodolfo Lavagna, Carlos Melconian
A la hora de evaluar postularse a un cargo en el Gobierno, los economistas, como buenos profesionales, deben considerar el temido «costo de oportunidad». Basta observar lo que ocurrió en los últimos años entre los que optaron alejarse de los claustros académicos o del lucro de una consultoría para terminar ocupando una banca en el Congreso o, en un plan más ambicioso, sentarse en el sillón de Rivadavia.

No sólo que muchos de ellos no lograron hacerse un lugar en el Gobierno como funcionarios electos, sino que luego del intento de imponerse en distintos comicios se alejaron de la política y, en algunos casos más incendiarios, hasta prácticamente de la vida pública.

Por alguna extraña razón, el electorado argentino, si bien siempre preocupado por los vaivenes de la economía del país, a la hora de elegir Gobierno prefiere eludir la opción de un economista. Así lo demuestran los resultados de los últimos años. Por caso, Alfonso Prat Gay (del Acuerdo Cívico y Social liderado por Elisa Carrió) quedó en tercer lugar en la Ciudad de Buenos Aires, con el 19% de los votos. Hay que reconocer que a diferencia de sus colegas en elecciones anteriores, al menos logró una banca en la Cámara de Diputados.

Este economista, luego de haber ostentado puestos en el JP Morgan en Nueva York, Londres y Buenos Aires, aceptó asumir la presidencia del Banco Central. Luego, incursionó en la consultoría y creó una fundación de microfinanzas, hasta que hace tres años se unió a las filas organizadas por Lilita.

Pero antes que Prat Gay hubo otros, a los que tampoco les fue tan bien en las urnas:

- Domingo Cavallo: luego de desempeñarse como ministro de Economía por primera vez (entre 1991 y 1996) y ganar el respeto por el éxito que su plan de convertibilidad tuvo en los primeros años, creó en 1997 su propio partido político, Acción por la República, con el que ganó una banca en Diputados. En 1999 se presentó como candidato a presidente, pero quedó en tercer lugar. No fue suficiente y en 2000 volvió a postularse, esta vez como jefe de Gobierno, aunque no le alcanzaron los votos.

- Ricardo López Murphy: fue ministro de Defensa, Infraestructura y Vivienda, y Economía durante el Gobierno de Fernando de la Rúa. Se presentó en las elecciones presidenciales de 2003 y logró ubicarse en el tercer puesto, con el 16,37%, después de Carlos Menem y Néstor Kirchner. En 2007 volvió a intentarlo, pero el resultado fue todavía más magro: consiguió sólo el 1,45%.

- Roberto Lavagna: no le alcanzó la buena gestión al frente de la cartera económica durante el Gobierno de Kirchner. Envalentonado por el éxito del canje de la deuda en default de principios de 2005, se postuló en 2007 a presidente. Con el 16,89% quedó atrás de sus rivales femeninas: Cristina de Kirchner y Elisa Carrió.

- Carlos Melconian: fundó una consultora líder en la plaza, M&S, y asesoró organismos como el Banco Mundial y gobiernos latinoamericanos. De la mano de Mauricio Macri se postuló como senador en los comicios legislativos de 2007, pero con el 12% de los votos salió tercero, después de María Eugenia Estenssoro y de Daniel Filmus.

El costo de oportunidad es uno de los conceptos teóricos con el que los economistas presumen frente a profesionales de otras ramas. Hace referencia a lo que se renuncia a la hora de hacer una elección o tomar una decisión. Pero claro, evaluar una u otra opción supone una actividad racional, tantas veces ausente en el terreno político. Más allá de los fines altruistas que puedan vociferar los candidatos a diestra y siniestra en medio de una campaña electoral, el afán de reconocimiento y poder puede más que una evaluación detallada de, por ejemplo, el rendimiento monetario de años de «inversión» en la función pública.

Por ejemplo, el sueldo de un diputado nacional, que sin contar beneficios como los pasajes aéreos y terrestres que reciben, es de alrededor de $ 11.500, resulta inferior a la remuneración de un puesto jerárquico en alguna empresa del sector privado.

Pero ésta es sólo una de las tantas aristas que se supondría habría que evaluar a la hora de decidir optar por el camino cívico. El mayor costo en sí deriva de las consecuencias políticas que implica un fracaso en las elecciones: curiosamente los economistas, después de las derrotas, hasta suelen desaparecer como referentes en materia económica.

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