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Economistas, poco queridos en las urnas
Alfonso Prat Gay, Domingo Cavallo, Ricardo López Murphy, Rodolfo Lavagna, Carlos Melconian
- Ricardo López Murphy: fue ministro de Defensa, Infraestructura y Vivienda, y Economía durante el Gobierno de Fernando de la Rúa. Se presentó en las elecciones presidenciales de 2003 y logró ubicarse en el tercer puesto, con el 16,37%, después de Carlos Menem y Néstor Kirchner. En 2007 volvió a intentarlo, pero el resultado fue todavía más magro: consiguió sólo el 1,45%.
- Roberto Lavagna: no le alcanzó la buena gestión al frente de la cartera económica durante el Gobierno de Kirchner. Envalentonado por el éxito del canje de la deuda en default de principios de 2005, se postuló en 2007 a presidente. Con el 16,89% quedó atrás de sus rivales femeninas: Cristina de Kirchner y Elisa Carrió.
- Carlos Melconian: fundó una consultora líder en la plaza, M&S, y asesoró organismos como el Banco Mundial y gobiernos latinoamericanos. De la mano de Mauricio Macri se postuló como senador en los comicios legislativos de 2007, pero con el 12% de los votos salió tercero, después de María Eugenia Estenssoro y de Daniel Filmus.
El costo de oportunidad es uno de los conceptos teóricos con el que los economistas presumen frente a profesionales de otras ramas. Hace referencia a lo que se renuncia a la hora de hacer una elección o tomar una decisión. Pero claro, evaluar una u otra opción supone una actividad racional, tantas veces ausente en el terreno político. Más allá de los fines altruistas que puedan vociferar los candidatos a diestra y siniestra en medio de una campaña electoral, el afán de reconocimiento y poder puede más que una evaluación detallada de, por ejemplo, el rendimiento monetario de años de «inversión» en la función pública.
Por ejemplo, el sueldo de un diputado nacional, que sin contar beneficios como los pasajes aéreos y terrestres que reciben, es de alrededor de $ 11.500, resulta inferior a la remuneración de un puesto jerárquico en alguna empresa del sector privado.
Pero ésta es sólo una de las tantas aristas que se supondría habría que evaluar a la hora de decidir optar por el camino cívico. El mayor costo en sí deriva de las consecuencias políticas que implica un fracaso en las elecciones: curiosamente los economistas, después de las derrotas, hasta suelen desaparecer como referentes en materia económica.


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