La tasa de 10 años cruzó el Rubicón de 3% y se estableció en la margen superior. No lo hubiera hecho sin data tan robusta sobre la economía.
El mundo vuelve a crecer a dos velocidades, y la brecha se ensancha. EE.UU. recibe un shock fiscal potente y deja atrás el bache del primer trimestre con bríos renovados. Resucitaron las ventas minoristas de marzo y, sobre todo, las de abril. El consumo regresa por sus fueros tras breve hibernación. Los informes regionales bullen de actividad (y todos traen, sin excepción, constancias de fuertes aumentos de precios de los insumos). El índice económico líder (The Conference Board) avizora una sólida expansión hacia la segunda mitad de 2018. Y el pronóstico en tiempo real de la Fed de Atlanta sugiere que hay recalentamiento, ahora, con su estimación de 4% de crecimiento en el trimestre en curso; una lectura extrema porque sobre pondera los datos más recientes pero que -aunque se revise luego hacia abajo- da cuenta cabal de la aceleración (en condiciones límite de pleno empleo). En notorio contraste, Europa se enfrió (más que los EE.UU.) y no participa para nada de esta súbita recuperación. Cuando el euro se precipita, reconoce el diferencial de temperaturas, y que el BCE -ni por asomo- querrá competir con la Fed en ajustar el celo monetario. La inflación no es problema en la eurozona, y sí le quita el sueño a la conducción de Powell & Cía. Con el experimento político que ensaya Italia -la llegada al poder de una coalición de partidos antisistema- Mario Draghi, el titular del BCE, tendrá tema de qué ocuparse.
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La tasa de diez años, tras muchos rodeos, cruzó el Rubicón de 3%, y se estableció en la margen superior. Visitó 3,11% y acampó en 3,06%. No lo hubiera hecho sin la compañía de data tan robusta (y no se quedará allí si ésta flaquea, pero opta por no contradecir la tónica vibrante del momentum). Wall Street coincide, lee la situación de idéntica manera. Tan temeroso del fin de ciclo apenas un par de semanas se deja llevar por la corriente. Y avanza con sentimiento neutro -sin predominio del temor ni de la ambición- y rigor clínico. El índice Russell 2000 es la punta de lanza. No el Dow Jones. No el S&P500. Sólo quiebra los récords una canasta de acciones de compañías pequeñas. ¿Inusual? Por supuesto. Más cuando venimos de una corrección que no suelta del todo a su presa. Más cuando debería regir el viejo lema del Sell in May. Nada más frágil en una tormenta que el Russell 2000, pero aquí pesó más la cabeza que el corazón. La regla de cálculo es simple: son las pequeñas empresas las que más tienen para ganar de una realidad económica global partida en dos (o tres). Ellas viven del mercado interno, dependen menos de los avatares que enfrentan los negocios en el extranjero. Un dólar más firme no les estrujará las utilidades (las provenientes del exterior) como sí a las grandes corporaciones multinacionales. Que quede dicho: tampoco la coyuntura las torna a prueba de balas. Con una Fed alerta por el ascenso de los costos, y muy agresiva, se transita hacia una guerra de márgenes. Habrá forcejeos, y en toda puja distributiva las firmas chicas son el eslabón más débil de la cinchada.
La noticia de la semana no es que la tasa larga haya trepado por encima de 3%, porque -después de todo- subir viene subiendo todo el año (desde septiembre último y, si se extiende la mirada, desde 1,36% en junio de 2016). La novedad de peso es que la curva de rendimientos dejó de aplanarse. Es un giro crucial. Se irguió 8 puntos base y volvió a ubicarse por encima de los 50 (cerró en 54). Por fin recoge los signos de ebullición y no los traduce como señal de una futura debilidad (se sabe, es el mejor predictor de recesión a un año vista). Al empinarse le concede un guiño a la dureza que promete la Fed. La variación de precios que captura el informe Markit PMI, por caso, se corresponde con una inflación rayana en 3%. Se comprende así que el banco central quiera tomar cartas en el asunto, y lo hará con más determinación si la curva (y Wall Street) no se estremecen y le dan la derecha. ¿Y qué pasará con el resto del mundo que se rezaga? Powell ya lo dijo: no me miren a mí. "A veces se exagera la influencia de la Fed". Es decir, otras veces no. Un paper ad hoc de la institución es más sincero: soporten el chubasco y mantengan la casa en orden. Está destinado a los emergentes en ayunas: el efecto contractivo de la política puede resultar más poderoso para ellos que para la economía de los EE.UU., el destinatario de la receta.
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