El Gobierno estadounidense amenazó con sanciones políticas y económicas a Moscú si la ocupación militar rusa se prolonga o se extiende hacia otras zonas orientales de Ucrania. El secretario de Estado norteamericano, John Kerry, que mañana viajará a Kiev para demostrar el apoyo de Washington a las nuevas autoridades, afirmó que habló con todos sus colegas del Grupo de los Ocho (G-8) y "todos están preparados para ir hasta el final a fin de aislar a Rusia".
"La intervención del Ejército ruso constituye un acto descarado de agresión y una violación de la ley internacional y de la Carta de las Naciones Unidas", agregó el funcionario, quien anticipó que, aparte de la suspensión de su pertenencia al G-8, los países occidentales podrían negar el visado a los máximos responsables rusos, congelar sus bienes en el extranjero y adoptar medidas restrictivas en el comercio y las inversiones.
En Kiev, donde ayer unas 50.000 personas se manifestaron contra Putin, Kerry urgirá a los responsables políticos a extremar la prudencia y a no dar pasos que vuelvan imposible una salida negociada al conflicto.
Ayer, el nuevo primer ministro ucraniano, el tecnócrata Arsení Yatseniuk, aseguró que la agresión rusa había situado al país "al borde del desastre". Informó sobre el cierre del espacio aéreo a toda aeronave no civil y convocó a los reservistas.
El duro tono contra la decisión de Putin de enviar tropas rusas que, junto con cosacos, ocuparon objetivos sensibles en la Península de Crimea y cercaron bases militares ucranianas sin desembocar en episodios de violencia, fue compartido por el primer ministro británico, David Cameron, quien en una conversación telefónica con el mandatario estadounidense, Barack Obama, calificó de "totalmente inaceptable" la medida rusa al tiempo que confirmó su disposición de sancionar a las autoridades del Kremlin.
Sin embargo, la unidad de Occidente para poner límites al accionar del mandatario ruso quedó limitada ayer luego de que la canciller alemana, Angela Merkel, decidiera liderar una alternativa dialoguista para el conflicto en Crimea.
Merkel telefoneó a Putin y logró convencerlo, según fuentes oficiales alemanas, de aceptar que una misión conjunta de la Organización para la Seguridad y Cooperación de Europa (OSCE) viaje a "verificar en el terreno" la situación en Crimea. El mandatario ruso se mostró, además, permeable a la posibilidad de que "un grupo de contacto" viaje a Moscú para restablecer el diálogo. No obstante, defendió las acciones como "adecuadas a una situación extraordinaria" que se precipitó "por las fuerzas ultranacionalistas" encaramadas en el nuevo Gobierno ucraniano.
Putin le recordó a Merkel que para su Gobierno esas fuerzas que "asaltaron el poder en Kiev" constituyen "un factor de amenaza a la vida e intereses de los ciudadanos rusos" en Crimea.
Además, el canciller alemán, Franz-Walter Steinmeier, defendió la permanencia de Rusia en el G-8 porque permite el diálogo con el Gobierno de Putin.
Por su parte, la OTAN, tras una reunión de ocho horas de los 28 embajadores de los países miembros, realizó "un llamamiento a ambas partes para buscar de inmediato una solución pacífica a través del diálogo" y pidió el envío de observadores internacionales a Ucrania, bajo los auspicios del Consejo de Seguridad de la ONU o de la OSCE. Hoy será el turno de los cancilleres de la UE de reunirse en Bruselas, en lo que será su segundo encuentro en diez días para debatir sobre esta crisis
En tanto, un millar de hombres armados bloquearon el ingreso a la base de la armada ucraniana de Perevalne, localidad vecina a Simferopol, para forzarlos a rendirse. Otros 400 marinos ucranianos fueron sitiados en su base de Feodosia, un puerto ubicado a 200 kilómetros de la capital de Crimea. Incluso la 36ª Brigada del Ejército ucraniano está bloqueada por unidades rusas.
| Agencias AFP, Reuters, ANSA, DPA y EFE |


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