- ámbito
- Edición Impresa
EE.UU. maniató a Al Qaeda, pero aún no la destruyó
Osama bin Laden fue hasta mayo último, cuando fue ultimado por comandos norteamericanos, la gran pesadilla de Occidente. Su desaparición, con todo, no elimina completamente la amenaza del terrorismo internacional, afirman los expertos.
«Es obvio que algo estamos haciendo bien», dijo John Pike, un analista de la organización Globalsecurity.org. «No ha habido un ataque significativo, y menos aún espectacular, contra Estados Unidos desde el 11-S, y no ha habido ningún ataque espectacular en más de seis años», subraya el experto.
Los ataques en Occidente encabezaban la lista de objetivos del difunto Osama bin Laden. Pero los dos últimos de gran envergadura se produjeron en Madrid, en marzo de 2004, y en Londres, en julio de 2005.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, el entonces presidente George W. Bush ordenó la mayor reestructuración del aparato de seguridad estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial y creó el Departamento de Seguridad Interior para proteger mejor a la nación.
Bush también estableció la Dirección de Inteligencia Nacional, encargada de coordinar las actividades de más de una docena de agencias. La falta de intercambio de información entre ellas fue mencionada en su momento como una de las principales razones por las que no pudieron prevenirse los ataques en Nueva York y en Washington, que mataron a casi 3.000 personas.
Según el profesor Steven Weber, catedrático de Política Internacional en la Universidad de Berkeley, California, es cierto que el flujo de información ha mejorado, pero aún está lejos de alcanzar los niveles que el país necesita para mantener su seguridad.
«En algunos casos, la información no se comparte como debería ser», sostiene Weber, al considerar que la comunidad de inteligencia estadounidense sigue estando «fragmentada».
Intentos frustrados
Aunque Estados Unidos ha levantado «muros» más grandes para impedir ataques, algunos intentos terroristas han logrado sortear los obstáculos y, de haberse llevado a cabo, podrían haber sido desastrosos.
Tres meses después del 11-S, el terrorista Richard Reid, que vivía en Londres, intentó hacer estallar un avión que se dirigía a Estados Unidos con los explosivos que tenía escondidos en sus zapatos. El hombre no pudo llevar a cabo su plan porque fue reducido a tiempo por los pasajeros. Un tribunal estadounidense lo condenó a cadena perpetua.
En la Navidad de 2009, el nigeriano Umar Faruk Abdulmutallab, que supuestamente mantenía vínculos con Al Qaeda en Yemen, abordó un avión en Ámsterdam con destino a Detroit con explosivos ocultos en su ropa interior. Este intento también fracasó. Abdulmutallab está en prisión en Estados Unidos a la espera de ser juzgado.
En mayo del año pasado, Faisal Shahzad, un ciudadano estadounidense nacido en Pakistán, trató de detonar un coche bomba en Times Square, en Nueva York. La bomba no estalló. Shahzad, quien actuaba por órdenes de Al Qaeda, según las autoridades norteamericanas, fue detenido cuando intentaba huir de Estados Unidos. Fue condenado a cadena perpetua después de declararse culpable.
Debilidad
Esos planes fallidos demuestran que los terroristas todavía son capaces de atravesar las barreras de defensa y eludir la acción de la Justicia el tiempo suficiente como para llevar a cabo un atentado. Pero también demuestran que la red terrorista ha sido debilitada a tal punto que necesita recurrir a individuos que actúan en soledad con explosivos primitivos que fallan en el momento decisivo.
«No es una gran cosa cuando lo único que saben hacer es prender fuego a su ropa interior», comentó Pike.
Aun así, Al Qaeda sigue viva. Aunque la coalición liderada por Estados Unidos ha diezmado las filas de la red terrorista a lo largo de la frontera entre Afganistán y Pakistán, el grupo ha fortalecido su presencia en Yemen. Estados Unidos ha incrementado su presión sobre las autoridades yemeníes para que intensifiquen sus operaciones contra la red. A Washington le preocupa que Al Qaeda pueda establecer un fuerte bastión en Yemen aprovechando el debilitamiento del régimen dictatorial prooccidental a raíz de las protestas opositoras.
Presión
«Nosotros y nuestros socios internacionales hemos hecho una gran presión sobre Al Qaeda y hemos reducido de manera considerable sus habilidades, incluyendo su capacidad de entrenar a reclutas, de recaudar dinero y de planear ataques fuera de la región. Dicho eso, Al Qaeda sigue siendo una amenaza», admitió el portavoz del Departamento de Estado, Mark Toner, el pasado 27 de julio.
La lucha contra el terrorismo se centró en gran parte en las guerras en Irak y Afganistán, en los ataques con aviones no tripulados en Pakistán y en la captura o eliminación de los principales líderes de Al Qaeda, incluyendo a Bin Laden, quien murió a manos de comandos estadounidenses en mayo.
Sin embargo, Estados Unidos y otros países han estado trabajando silenciosamente entre bastidores para cortar el acceso de Al Qaeda a instituciones financieras, por lo que ahora le resulta difícil a la red terrorista mover dinero para apoyar operaciones en el mundo.
«Hemos capturado y matado a muchos dirigentes de Al Qaeda, pero el Gobierno ha sido mucho más eficiente cortando sus fuentes de financiación», asegura Weber. «Esto probablemente ha tenido un efecto mayor que la eliminación de individuos, aunque esto sea lo que sale en los titulares de los periódicos».
Agencia DPA


Dejá tu comentario