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¿EE.UU. perderá en Afganistán como la URSS?
GUERRA DEL «PASHTUNISTÁN». La actual guerra es más bien la del Pashtunistán, es decir, de los pashtunes, el grupo étnico al que la colonización británica partió entre Afganistán y Pakistán. Suponen el 40% de la población y acumulan casi todos los ataques contra las fuerzas estadounidenses y de la OTAN. Durante la ocupación soviética, casi todo el país estaba alzado en armas contra los comunistas y los líderes más serios de la oposición eran tayikos.
EN MEDIO DE LA NADA. La Unión Soviética encontraba muy fácil acceder a Afganistán, porque compartía una frontera de 2.100 kilómetros. Ahora, todas las rutas de acceso pasan por países más o menos hostiles a EE.UU.: Pakistán, Irán, Rusia, Uzbekistán y Kirguistán.
PESADILLA LOGÍSTICA. Para la URSS, Afganistán fue una pesadilla logística. Un ejemplo: en 1986, tener en ese país a sólo el 6% de sus Fuerzas Armadas le consumía el 40% de su aviación de transporte. No sólo eso: Moscú sufrió una guerra biológica por las malas condiciones higiénicas de sus tropas, exacerbadas por el hostil medio ambiente afgano. Para EE.UU., Afganistán es más manejable porque sus Fuerzas Armadas son más flexibles, móviles y con mejores servicios sanitarios.
UN ENEMIGO MUY POBRE. Entre 1979 y 1989, EE.UU. y Arabia Saudita gastaron 3.000 millones de dólares en apoyar a los anticomunistas afganos. Más de 30 países participaron en el apoyo a la resistencia afgana, en lo que ha sido calificado como la operación encubierta más amplia de la historia. Entre ellos estaba la España de Felipe González, la Polonia comunista del general Jaruzelski y la teóricamente neutral Suecia. Ahora, los afganos que combaten a EE.UU. y la OTAN no tienen ese respaldo. Servicios secretos y ciertos grupos religiosos de Pakistán y Arabia Saudita los apoyan, de forma extraoficial, y a espaldas de sus propios gobiernos. El resultado es que los talibanes y Al-Qaeda están peor armados que sus predecesores de los 80.
RESISTENCIA DIVIDIDA. En los 80, la resistencia afgana estaba dividida. Pakistán y Arabia Saudita eliminaron toda la ayuda para los grupos sufíes e islamistas que no seguían sus órdenes (como los Hermanos Musulmanes) y a cambio atiborraron de armas a las organizaciones radicales como el Partido Islámico de Gulbuddin Hekmatyar, que hoy sigue en la guerra, aunque combatiendo a EE.UU. en vez de la URSS.
Ahora, los afganos siguen igualmente divididos. Hekmatyar, por ejemplo, no se habla con los talibán, que tampoco están unidos. Hay facciones ultraintegristas, bandas nacionalistas y grupos que oscilan entre la delincuencia común y la yihad.
UN GOBIERNO DISFUNCIONAL. El Gobierno afgano bajo la ocupación soviética era un caos en el que las diferencias llegaron a solventarse a tiros en 1985 y 1986. El Partido Comunista estaba dividido entre la Jalq (Pueblo, prosoviética) y la Parcham (Bandera, nacionalista), que funcionaban como organizaciones rivales.
Con Hamid Karzai, las cosas nunca han llegado tan lejos, pero el Gobierno afgano es irrelevante. Al igual que Moscú, Washington ha forzado la creación de un gabinete que incluye a enemigos políticos, y Karzai se ha revelado como un pésimo gestor que ha presidido una expansión de la corrupción y un fraude electoral de dimensiones gigantescas.
LA AMENAZA DEL «FRENTE INTERNO». Durante la ocupación soviética, las guerrillas afganas apenas atacaron en territorio de la URSS. Hubo algunas acciones, en 1987, del grupo de Hekmatyar teledirigidas por Pakistán, paradas en seco por Islamabad cuando Moscú amenazó con atacar territorio paquistaní. Moscú tenía un problema con los más de 40 millones de musulmanes que vivían dentro de sus fronteras, algunos simpatizantes con la causa afgana. En EE.UU. sólo hay siete millones de musulmanes. Pero Washington afronta un problema similar al de Moscú. En los últimos meses, varios musulmanes estadounidenses han sido detenidos por planear atentados en EE.UU. siguiendo el modelo del 11-M en Madrid.


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