13 de marzo 2012 - 00:00

EE.UU. se desorienta con Afganistán

Washington - La noticia sobre la masacre de 16 civiles afganos por parte de un soldado estadounidense tenía apenas un par de horas cuando el presidente Barack Obama decidió intervenir personalmente. También el secretario de Defensa, Leon Panetta, tomó el teléfono para expresar su más profundo pesar por el baño de sangre al presidente Hamid Karzai.

La rápida reacción desde las más altas esferas tenía buenos motivos: desde las quemas del Corán por parte de soldados estadounidenses la relación, ya de por sí difícil, entre Kabul y Washington está todavía peor. ¿Seguirá a esta crisis un caos con final incierto?

El Gobierno estadounidense parece estar muy nervioso. «Hay que ser muy ingenuo para no suponer que esto es lo peor que podía suceder», dijo un alto funcionario estadounidense a The Washington Post. La masacre «alimenta los peores temores e ideas estereotipadas», añadió. Lo más triste es que el soldado que cometió la masacre pertenecía justamente a una unidad que se había ganado la confianza de los líderes tribales de la zona. En las últimas semanas y meses, el Gobierno de Obama había ampliado sus planes para poder dejar atrás la guerra, que ya lleva más de una década. Este año quería acelerar el entrenamiento de los soldados afganos para misiones de combate. Al mismo tiempo, Washington esperaba poder llevar a los talibanes a la mesa de negociaciones. Sin embargo, ahora crecen los temores de que los radicales islámicos vuelvan a ganar fuerzas tras la masacre.

Después de duras negociaciones de meses entre Kabul y Washington se habían eliminado casi todos los obstáculos para firmar un tratado entre los dos países en el que se iba a establecer la relación entre ambos una vez que todas las tropas de combate hubieran abandonado el país en 2014. El acuerdo iba a permitir entre otras cosas a Estados Unidos estacionar tropas antiterroristas en el Hindukush más allá de esa fecha. El Gobierno estadounidense había apostado a sacar del medio el último punto controvertido -si las unidades especiales iban a poder hacer razzias nocturnas contra sospechosos de terrorismo- hasta la cumbre de la OTAN en mayo. Tras el baño de sangre en la provincia de Kandahar, el acuerdo parece estar en duda. «Este es el peor caso para nosotros y nuestro compromiso continuo» en Afganistán, dijo el alto funcionario. «Simplemente terrible», añadió.

En Estados Unidos, en tanto, se escuchan cada vez más fuertes las voces que piden que el doloroso capítulo de la guerra de Afganistán se cierre más rápido que lo previsto. Según una encuesta difundida ayer de The Washington Post, más de la mitad de los estadounidenses quiere la retirada de los militares, incluso aunque las fuerzas de seguridad afganas aún no estén del todo listas para asumir la responsabilidad en materia de seguridad.

Incluso crecen las dudas entre los republicanos: según el sondeo, por primera vez la mitad de los conservadores considera que, teniendo en cuenta el resultado, la guerra no valió la pena. «Es muy probable que una gran cantidad de jóvenes estadounidenses hayan perdido la vida o hayan resultado heridos en una misión que, según tuvimos que aprender, no es factible», reconoció el domingo el precandidato presidencial republicano Newt Gingrich.

Irak o Afganistán... en el Pentágono y en la Casa Blanca saben bien cuánto daño pueden causar los soldados que pierden la cordura. En 2010, soldados estadounidenses mataron, también en la provincia de Kandahar, a tres civiles. Un tribunal militar declaró culpable al cabecilla del asesinato. Un video en el que soldados orinan sobre los cadáveres de presuntos rebeldes desató violentas protestas. En Irak, infantes de Marina mataron en 2005 a 19 civiles, entre ellos mujeres y niños. El líder de los soldados, Frank Wuterich, fue degradado, pero no fue a prisión. Hace apenas dos días murieron en el este de Afganistán cuatro civiles por el fuego de helicópteros de la OTAN. Unas 1.200 personas salieron a las calles en la provincia de Kapisa en protesta.

Para los expertos militares, los baños de sangre como los del domingo son un síntoma de que estas misiones militares de años son simplemente demasiado para los soldados. El hombre detenido por la masacre de este domingo ya habría cumplido tres misiones en Irak y una en Afganistán.

Agencia DPA

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